El gran José Alfredo Jiménez, máximo cultor de la música tradicional de México, supo expresar con claridad el goce de quien hace que la realidad sea como a él se le ocurre. “No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda” pero –alega- “sigo siendo el rey”. Y antes, en la misma conocida canción: “Yo sé bien que estoy afuera, pero el día que yo me muera, sé que tendrás que llorar”. O sea: estoy pésimo pero mando yo, o me convenzo de ello.

Por Roberto Follari, Especial para Jornada.

  Otra pieza notable: “Te vas porque yo quiero que te vayas; a la hora que yo quiera te detengo. Ya ves que mi cariño te hace falta porque, quieras o no, yo soy tu dueño”. Me dejas, pero soy tu dueño. Te vas porque yo lo decido. Soy el jefe de todo, las cosas son como a mí se me ocurre.

 Esta curiosa expresión de la mexicanidad parece hundirse en las raíces históricas de la derrota de la espléndida civilización azteca a manos de los españoles. Octavio Paz lo explicaría en “El laberinto de la soledad”, y luego otros autores (como Carlos Monsiváis) lo continuarían. En México no se apostrofa a la mujer por entregarse voluntariamente, sino por haber sido forzada: de eso se trata “la chingada”. Siempre la cuestión es imponerse, las cosas son como lo quiere el más fuerte. Abundan expresiones sobre el “saberse aguantar” o “te me vas” en vez de “te vas”: soy yo quien te hace ir.

  Hoy la Argentina vive su propia versión de este goce, por el cual la realidad es “lo que se me canta”, no hay distancia entre mi voluntad y la realidad. Para ello, una batería comunicacional opera con singular  coordinación y unidireccionalidad, a fin de presentar al actual gobierno nacional como si fuera desastroso, contra cualquier dato concreto.

  Como han impuesto, Cristina Fernández “es mala”. Tiene la culpa de cuanta cosa ocurra; se ha hecho tal estereotipo de ella, que alcanza impensables niveles de grotesco. Ella es la que bajó la pobreza de 53 puntos a 27. La que duplicó el presupuesto universitario. La que creó el Ministerio de Ciencia y Técnica. La que bajó la desocupación de 21 a 7 puntos. La que disminuyó la desigualdad social, según el coeficiente de Gini. La que subió los salarios tras la restitución por Néstor Kirchner de las negociaciones paritarias. Y así siguiendo.

  Pero se la presenta como un monstruo: cualquier bruja de cuento infantil sería buena, ante esa caricatura inventada. Aquella que no persiguió periodistas ni opositores (¿acaso hubo macristas presos?) tiene la culpa de si hace frío, si bajó la libra en Londres, o si los hielos de Islandia se están derritiendo. Lo burdo del procedimiento llega al apocalipsis.

 Es que puede la actual oposición decir cualquier cosa en sitios adictos, y nadie desmiente los inventos más absurdos: “las cosas son como yo digo”. Por eso, la rara vez que un periodista les repregunta quedan desorientados, se han acostumbrado a la impunidad del “esto es así, y se acabó”.

  De tal modo, el macrismo que subió de nuevo la pobreza de 27 a 38 puntos, la desocupación de 7 a 11, las tarifas hasta el 3000%, la inflación al doble, que bajó los salarios en 20 puntos y enfrenta diez causas judiciales por espionaje ilegal, es la base del bienestar nacional y los principios republicanos. Nada de lo real importa.

  Y siguiendo la onda de Trump que amenaza no entregar el gobierno si pierde, Macri declara ufano que se prepararía un fraude para las próximas elecciones. O sea: si gano todo bien, si pierdo denuncio fraude. Lo completa una pasmosa Bullrich, que dice que el año que viene, elecciones intermedias, “se juega la presidencia”. O sea: quiero volver al gobierno, y decido que el mandato del actual ya no es de cuatro años, ahora es de dos. ¿Alguien refutará tamaño dislate antidemocrático? Por el contrario, su pariente Esteban declara ufano que “En las PASO el Frente de Todos cometió fraude”. Raro, ¿verdad?, porque gobernaba Macri, y de su gobierno dependía el control de las elecciones. Pero no importa, todo vale, las cosas son como se me ocurre. Digo lo que me conviene, el mundo se acomoda a mis delirios. Y cualquier falsedad repetida penetra más que la verdad.

  Es la democracia lo que se pone en juego. Y algunos creen que se puede jugar con ella, buscando ventajas de corto plazo. Pero la impunidad y la imposición se pagan, antes o después. Asumamos las lecciones históricas. Mucho sabe nuestro país de cuán desgraciado fue todo luego de 1955, recuperada la democracia plena recién en 1984.-

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