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Sergio Levinsky
“Don’t fight, we are family”, nos imploraba desde su asiento de adelante el hombre de 250 kilos que nos había llevado a recorrer el barrio de Soweto en Johanesburgo y que antes había sido el chofer de Winnie Mandela, la ex esposa del notable líder sudafricano Nelson Mandela.
En estos tres días que han pasado desde que el Real Madrid consiguió otro memorable resultado que lo colocó en la final de la Champions League ante el Manchester City, aparecieron decenas de intentos de explicar cómo pudo suceder por tercera vez en el mismo torneo, que a minutos del final y estando dos goles abajo, los blancos hayan podido otra vez remontar una situación casi imposible.
Esta que comienza no es una semana más para el fútbol europeo. Es que cuando termine el miércoles en este continente, en la avanzada tarde de la Argentina, sabremos cuáles equipos serán los finalistas de esta edición de la UEFA Champions League del 28 de mayo en el estadio Saint Denis de París.
Cuando en las próximas horas el Fútbol Club Barcelona visite a la Unión Deportiva Levante por la Liga Española, lo hará con una racha de catorce partidos sin perder, la mayor de los cinco torneos nacionales más importantes de Europa, además de tener que definir como local la serie de cuartos de final de la Europa League ante el Eintracht Francfurt luego de haber empatado 1-1 en la ida en Alemania.
Si a los sorteos de las fases finales de los Mundiales aún se los pudiera asociar con algo de azar (los locales siempre con zonas facilitadoras y algunos equipos jamás pasan por situaciones complicadas, desafiando las más elementales reglas de la probabilidad), puede decirse que esta vez, la selección argentina tiene un grupo accesible y que si nos atenemos a los antecedentes e incluso al presente de cada uno, debería pasar a los octavos de final sin sufrir demasiado.
Era el minuto 93 en Palermo. Quedaban apenas dos para ir al alargue cuando, por fin, Aleksandar Trajkovski, uno de los jugadores más adelantados de Macedonia del Norte–lo cual no significaba mucho porque los ex yugoslavos estaban muy metidos atrás tratando de que el tiempo pasara lo antes posible- decidió rematar al arco para ver qué podía pasar.
Corría 1982 cuando el Bayern Munich cayó, otra vez, ante los “Diablos Rojos” del Kaiserlautern en el Fritz Walter Stadion, y sus dirigentes, hartos de que siempre pasara lo mismo en los últimos ocho años, comenzaron a pensar que allí había un maleficio o algo así.
La guerra entre Rusia y Ucrania tuvo un coletazo en el fútbol cuando el pasado 10 de marzo, en una medida inédita e insólita, un gobierno, el del Reino Unido, decidió ahogar económicamente al Chelsea, actual campeón de Europa y del mundo, al considerar que su dueño, el magnate Román Abramovich, no sólo forma parte del conjunto de los siete oligarcas con estrecha relación con el mandatario ruso Vladimir Putin, sino también que con parte de sus fondos facilitó la fabricación de tanques utilizados en los bombardeos.