Subió al ring con la sonrisa temblorosa de quien habrá de reencontrarse con un amor abandonado.

Todo le salió como estaba previsto frente a un rival fuerte, cómodo e inexperto consumando seis asaltos –los necesarios– con desarrollo creciente y dominio voluntario.

Las peleas “amistosas” han existido siempre; son aquellas en las cuales hay una manifiesta superioridad de uno sobre otro y cuyo resultado debería responder a una lógica natural sin dolo. Muchos campeones han regresado con peleas de este tipo desde Nicolino Locche (con Juan Carlos Peralta entre Kod Pambelé y Alfonso Peppermint Frazer 71′-72′) hasta Muhammad Alí (con Jerry Quarry entre la suspensión de la licencia y Joe Frazier con Bonavena en el medio en el 70′) pasando por Carlos Monzón (con Roy Dale entre Briscoe y Griffith 72′-73′) o Mike Tyson (con Peter McNeeley después de la prisión y antes de Frank Bruno en el 95′).

Los campeones que regresan siempre han necesitado testearse ante el público con inevitable exponibilidad mediática. Son esas peleas que le permiten hablar con el partenaire en el pleno desarrollo del match una vez asegurada su abrumadora e irreversible ventaja. Es así como podría pedirle al ocasional adversario colaborar en aquello que aún quiere probar como por ejemplo realizar más asaltos (o menos), ir al encordado para responder golpes cortos, atacar, transitar menos el ring, pedir una transición del ritmo o ir a fondo durante los últimos 30 segundos para ofrecer buenos cierres de rounds.

Lo único que Maravilla puso a prueba para sí fue el comportamiento de su cuerpo, especialmente las articulaciones de sus rodillas. Todo lo demás ya lo sabía pues había realizado un entrenamiento de alta exigencia que le permitió mostrar una estética impecable.

Por cierto nunca será el del KO contra Williams ni tampoco aquel del 11° asalto frente a Chavez en Las Vegas. Ninguno de nosotros será quien fue en el 2012; no obstante en el caso de Maravilla se trata que tampoco sea el del 2014 cuando un veterano Cotto con 34 años y ya sin ilusiones le desnudó las dolorosas inferioridades físicas insinuadas ante Murray en Vélez.

A lo largo de su historia varias docenas de boxeadores notables –solo mencionaremos unos pocos ejemplos– intentaron sus regresos al ring por dos razones fundamentales:

A) Por necesidad económica (Ray Sugar Robinson, Joe Louis, Tommy Hearns, Max Schmeling, entre tantos).

B) Por necesidad de reencontrar la gloria (George Foreman –alcohol y droga–, Sugar Ray Leonard –intervención quirúrgica por desprendimiento de retina–, Muhammad Alí –sanción de tres años por negarse a ser soldado en plena guerra de Vietnam– o Mike Tyson quien estuvo en una prisión casi cuatro por violación…).

La inmensa mayoría de quienes regresaron al boxeo por dinero no volvieron a sentir el éxtasis del triunfo; en cambio quienes lo hicieron para recuperar su porción de cielo iluminado lo lograron.

Maravilla Martinez está en ésta nómina, la de quienes quieren reencontrarse con la apoteosis perdida. Y el caso referencial más aproximado fue el de George Foreman toda vez que regresó en 1987, diez años después de haber dejado el boxeo tras perder ajustadamente por decisión ante Jimmy Young (17-3-77) en la que se consideró “la pelea del año”. Y lo fue.

Pero el gran George tenía 38 años al momento de volver a los gimnasios, conservaba un alto porcentaje de su pegada, no se había impuesto plazos ni objetivos. Simplemente había regresado a la profesión para salvar su vida, ser digno, transitar un camino de fe religiosa, estar sano y mantener el espíritu deportivo, lejos de la cocaína, las pastillas, el alcohol y la pandilla marginal de su ruina. Además George sintió como humillante su derrota frente al gran Muhammad Alí en Kinshasa, tal vez algo de lo que puede sentir Maravilla después de perder contra Cotto… Fue así que cuatro años después de su vuelta y al cumplir la pelea 25 de su segunda era recién cayó ante Evander Holyfield en inolvidable pelea pero su consigna era seguir. De tal manera que en la 29° –cuatro combates después– volvió a perder, esta vez contra Tommy Morrison y también por puntos.

La diferencias entre Foreman y Maravilla son los objetivos en el tiempo pues el “ingeniero” de la vuelta de George no se obligó a nada más que programarlo con continuidad esperando que el rendimiento, los resultados y las respuestas físicas marcaran las pautas de su punto de inflexión. Ese sabio empresario es Bob Arum, presidente de la Top Rank quien conoció a Foreman en 1974 en vísperas de la pelea contra Muhammad Alí en el Congo. Por entonces Bob –quien era abogado de la familia Kennedy– debutaba como promotor de boxeo en sociedad con Mike Malitz. Fue así como 20 años después, el 5 de noviembre de 1994 Foreman y Bob habrían de dar un ejemplo de cómo transformar la quimera en realidad pues Foreman con 45 años –la edad que hoy transita Maravilla– recuperaba la corona de peso pesado (AMB y FIB) al vencer a Michael Moorer por KO en el 10° round en el MGM de Las Vegas tras siete largos años de acción y paciencia en los cuales realizó 33 de las 76 peleas de su prodigioso récord.

Maravilla no dispone de ese tiempo; peor aún, tal lo visto en su reaparición ante el español José Miguel Fandiño lo aconsejable para Martínez sería pelear por la corona mundial de peso medio de la AMB ante el japonés Murata lo antes posible. Obviamente esto requerirá de una especial consideración del presidente de la AMB, Gilberto Mendoza para concederle a Sergio un “per saltum” excepcional que convalide la validez del match por la corona.

Según nuestra evaluación, estas son las razones de tan arriesgada opinión:

1°) El tiempo a transcurrir favorecerá más al mejoramiento técnico de Murata quien hoy es un peleador de ataque que descarga con rigurosa continuidad veloces golpes rectos a la cabeza y solo algunos ascendentes cortos a la zona abdominal fácilmente neutralizables. El japonés mide 1.83 pero su jab de izquierda no es de largo recorrido y tiene una defensa vulnerable pues sus pies se hallan por lo general en la misma línea y pelea con la cabeza erguida,

2°) Murata le impondría un 50 por ciento más de riesgo a Maravilla que un partenaire por él elegido (sobretodo peleando como local en Japón) y un 30 por ciento si el match se realizara en los Estados Unidos. Pero achicar el plazo para lograr un combate por el título le compensaría el esfuerzo pues habrá de reducir los riesgos que siempre conlleva un organismo de 45 años más allá de las virtudes de su rival: cortes, calambres, fatiga, nuevas lesiones y resentimiento de viejas dolencias.

3°) La carrera del campeón Murata la manejan las empresas Teiken (Japón) en sociedad con la Top Rank (USA). Y ambas están asociadas a la DAZN para vender las peleas de Murata en su aplicación internacional. Es por ello que las próximas defensas del japonés habrán de realizarse en alguna ciudad de Japón o en Shangai (China) donde ha desembarcado la Top Rank hace más de dos años. En cualquier caso la factibilidad de realización tiene dos condicionantes:

A) que la Pandemia permita programar con fecha cierta

B) que Maravilla, si la AMB le concediera la excepcionalidad, esté listo para pelear en marzo/abril de 2021 toda vez que los Juegos Olímpicos a llevarse a cabo entre el 23 de Julio y el 8 de agosto en Tokio devaluarán el interés por cualquier otro espectáculo deportivo a realizarse en Japón.

Un planeamiento en estos plazos le permitiría a Maravilla hacer una sola pelea más preparatoria –sólo una– y lograr la chance contra el campeón del mundo, Ryota Murata quien tiene 34 años y 18 peleas de las cuales ganó 16 (13 por KO) y perdió 2. Alguien cuyo mayor respaldo lo obtuvo cuando logró la medalla dorada en los JJOO de Londres en el 2012.

Fue allí cuando en la ronda 16° le ganó a un argelino (Abdelmaler Rahou por 21-12), a un turco ( Adem Kiucci por 17 a 13), a un uzbeko (Abbos Atoey por 13 a 12 en la semifinal) y al brasileño Esquiva Fiorentino (por 14 a 13) el título olímpico de peso mediano. Tal como se observa, todos sus triunfos fueron ajustados ante rivales de países sin tradición olímpica en boxeo. Los campeones del Consejo Mundial (Jermall Charlo), de la Organización Mundial del Boxeo (Demetrius Andrade) y Consejo Internacional del Boxeo (Gennady Golovkin) son superiores al japones e inaccesibles para Maravilla. Y por cierto ni pensar en el súper campeón Saúl Canelo Álvarez.

En el profesionalismo lo conseguido por Murata resulta aún exiguo: le ganó la corona al camerunés (radicado en Francia) Hassan N’Dam N’Jikam de 36 años en la segunda entre ambos pues cuando lo hicieron por primera vez perdió su invicto. Eso fue en 2017 y en Japón. Y la única vez que fue a exponer su corona al Park MGM de Las Vegas lo derrotó por puntos el norteamericano Rob Brant de 29 años y 28 peleas. Nueve meses después en Osaka (2019) recuperó el titulo por KOT en el 2° asalto ante el mismo Brant. O sea poco, demasiado poco para el campeón de una categoría que iluminaron entre tantos Robinson, Leonard, Monzon, Hagler, De la Hoya (entrenándose para volver), Bernard Hopkins, Tommy Hearns…

Sobre este tema hablé hace unos días con Bob Arum y su calificada opinión fue la siguiente:

— ”A los 45 años es muy difícil desarrollar buenas peleas, por la edad y por el lógico desgaste; no importa que el boxeador esté en buenas condiciones físicas. El tiempo dificulta que un atleta pueda rendir lo mismo a esa edad que cuando es mas joven”, dijo Arum. Y continuó:

— ”Hay algunas excepciones puntuales. Foreman fue una excepción. Manejamos su regreso al ring con mucho cuidado y tenía la ventaja que era peso pesado y lo preparamos durante mucho tiempo (7 años) antes de la pelea con Michael Moorer”, confesó quien fue el conductor de ese milagro pugilístico. Y concluyó:

— “Para llegar bien a Murata lo ideal sería que Martínez haga una sola pelea; solo una. A su edad realizar una serie de peleas preparatorias podría ser peligroso. Si yo fuera su promotor solo realizaría una pelea más y luego listo, a enfrentar a Murata. No manejo a Martínez, no soy quien lo aconsejo, pero si así fuera no le permitiría hacer más de una…”, concluyó el “sabio” Bob Arum, el promotor de Murata, el organizador de la inolvidable pelea que Maravilla le ganó a Chávez Jr. en Las Vegas y de las cien peleas más trascendentes de los últimos cincuenta años en la historia del boxeo. No resulta difícil interpretar su predisposición para facilitarle a Martínez una pelea con Murata ya que es él quien lo maneja.

Es así: Maravilla podrá mejorar su velocidad de descarga en ataque entre un 20 y un 30 por ciento. Y su potencia en la pegada un 20 por ciento. Sólo deberá “hablar” con su rodilla para saber si podrá responder a su necesidad de desplazamientos rápidos ante los embates de Murata. No hace falta que sea el que brilló ganándole a los Macklin, a los Dzinziruk, a los Williams a los Pavlik o a los Chávez porque a ese no lo veremos más. Y este de hoy es abrumadoramente superior a Ryoki Murata el campeón del mundo.

Maravilla deberá hacer lo que hizo Miguel Ángel en el 1515 al terminar el “Moisés”, su más célebre obra del realismo renacentista. Fue entonces cuando Michelángelo Buonarroti al ver tanta perfección esculpida en el mármol golpeó la rodilla derecha del Moisés y le exclamó “¡Habla, ¿por qué no me hablas?!”.

Es hora de saberlo Maravilla, golpea tu rodilla derecha y pregúntale, ¿me bancas hasta el título mundial?



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