Bien, ya comenzó el 2021 y en él depositamos todas nuestras esperanzas, deseamos que sea el desquite, la revancha por los avatares sufridos en el 2020

Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

Es muy temprano para decir que ha de ser un año distinto, son muy pocos días, pero en nosotros se ha renovado la ilusión de transitar un año medianamente normal donde volvamos a ser sin restricciones.

Va a costar porque en definitiva un cambio de año no significa más que un cambio de número en el calendario. No es que con el cambio de año se haya arreglado todo. No se ha arreglado un corno y las condiciones de vida siguen siendo las mismas que en el tiempo que pasó.

Sin embargo algo cambió: la esperanza de que sea éste un año distinto, un año más ameno, un año no tan peligroso. Cuando levantamos las copas allá en los primeros segundos del recién llegado se notó una atmósfera de optimismo que nos hace bien de todos modos, aunque nada haya cambiado, aunque todo siga igual.

Las vacunas son la gran novedad y ocurrirá su aplicación en el año que comienza. Es una posibilidad a nuestro favor que ojalá resulte como los expertos lo han planeado. Pero llevará su tiempo, vacunar a 45 millones de argentinos no ha de ser tarea fácil ni breve. Necesitaremos un toco de tiempo para que la intención se concrete.

Mientras tanto nosotros tenemos que seguir haciendo los deberes. Los barbijos que tenemos nacieron en el 2020 pero se seguirán usando en el 2021. Las reuniones multitudinarias estarán más prohibidas que la cocaína pero seguramente se seguirán haciendo amparadas por la clandestinidad que es tan beneficiosa para unos pocos y tan peligrosas para el resto.

Seguiremos aconsejándonos el lavado de mano tupidamente bañadas con jabón, al alcohol en gel seguirá siendo protagonista y será menester cumplir con la distancia social.

Porque no todo va a cambiar de un día para otro, irá cambiando en la medida en que los resultados sean favorables y la libertad plena se acerque un cachito más.

Sin embargo ha de insumir un montón de tiempo. Pueda ser que todo se haga con rapidez y quedemos todos inmunizados contra ese mal que nos trajo el año anterior. Pero los cálculos dicen que se han de precisar varios meses hasta que los resultados comiencen a ser satisfactorios. 

Salvo el número del año nada ha cambiado y dependerá de nosotros, otra vez, que las medidas adoptadas sean favorables.

Sin embargo en el brindis del cambio de año se apreció una dosis muy importante de esperanza y esto es bueno, porque si todos confiamos, si todos nos respetamos, si todos cumplimos con las normas, el próximo brindis, el de la bienvenida al 2022 será un estallido de alegría porque habremos derrotado a ese flagelo que llegó con el ánimo de exterminarnos. 

De algo estoy seguro, de todo lo que nos dejó el 2020 con sus circunstancias malignas, hemos salido fortalecidos. El mal no pudo con nosotros y ahora estamos en condiciones de devolver golpe tras golpe, estamos más fortalecidos que quiere decir que estamos más seguros.

Todavía falta pero la luz del túnel se agranda.

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