Capítulo VI

TEÓFILO STEVENSON

En 1956, Laszlo Papp, de Hungría, hizo algo original: ganó la medalla de oro de la categoría peso mediano liviano en los Juegos Olímpicos de Melbourne, luego de su victoria sobre José Torres, de los Estados Unidos. Lo original estaba en el hecho de que, con ese triunfo, Papp se convirtió en el primer hombre en ganar tres medallas de oro olímpicas en boxeo. Ocho años atrás había ganado la corona de peso mediano, y cuatro años después, en 1952, el título de peso medio liviano. En 1980, Teófilo Stevenson, de Cuba, se transformó en el segundo hombre en ganar tres medallas olímpicas de oro, y lo hizo en la difícil categoría de los pesos pesados.

Teófilo Stevenson Lawrence fue el hombre que rompió el predominio estadounidense en los pesos pesados. Señalado casi unánimemente como el mejor boxeador en la historia del pugilismo aficionado, rechazó en innumerables ocasiones propuestas para saltar al profesionalismo y llenarse los bolsillos de dinero. Desde su debut internacional en los Panamericanos de Cali 1971 hasta su despedida en el Mundial de Reno, en 1986, fue siempre el más seguido por los medios de difusión, y el más respetado encima del ring, merced a su mortífera pegada. Medallas de oro en tres Juegos Olímpicos lo convierten en el peso completo más extraordinario del boxeo amateur y quizás en uno de los más grandes en cualquier división. Fue solidario con la decisión cubana de no asistir, por razones de seguridad, a los Juegos Olímpicos en Los Angeles 1984. De lo contrario, habría tenido la posibilidad real de lograr cuatro títulos en citas cuatrienales del deporte.

Es que fue más mucho más que un boxeador. Su excepcional carrera deportiva corrió en paralelo a su adscripción incondicional al régimen cubano de Fidel Castro.

Fue tentado a firmar como boxeador profesional y estuvo a punto de concretarse una pelea suya contra el legendario Muhammad Alí, pactada con cinco millones de dólares en premios. El campeón cubano se convirtió en un héroe nacional, mucho más cuando desoyó las ofertas millonarias procedentes de Estados Unidos. Nunca se pasó al profesionalismo. La revista Sports Illustrated, reflejó en portada su decisión: “Rojo antes que rico”. Pese a todo, el “combate del siglo” estuvo cerca de celebrarse. Se llegó incluso a negociar en 1978 un contrato para tres peleas, de tres asaltos cada una, con la condición de que al primer nocaut el acuerdo se daría por finalizado. Cuba ganaría tres millones de dólares y los combates tendrían lugar en diferentes ciudades de los Estados Unidos, según contó a la revista Prima en 1996 el que era presidente de la Federación de Boxeo en 1978, Waldo Santiago, negociador del acuerdo por la parte cubana.

Santiago reveló que fue Fidel Castro el que sugirió la pelea, convencido de que Stevenson se impondría en combates a tres asaltos. La negociación incluyó que la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado permitiera a Stevenson combatir contra Alí sin perder su condición de “amateur”. Según Santiago, las peleas no se celebraron porque Alí suspendió todo con el argumento de que “tenía mucho que perder y poco que ganar”. Stevenson, por su parte, aseguró: “Alí me dijo que para qué íbamos a pelear si los dos éramos los mejores del mundo. Él en el boxeo profesional y yo en el aficionado”. “Yo estuve totalmente de acuerdo con él, pues nunca pensé convertirme al boxeo profesional”. Así, se evaporó la posibilidad del “combate del siglo”.

Teófilo nunca fue noqueado. Su pegada era demoledora y en más de una ocasión puso fuera de combate al rival de turno sólo con el jab. Sobre el ring casi siempre lució potente y callado, hablaban su jab cortante y mortal, su recto insuperable. Llegó a conquistar todos los títulos que confiriera la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA), incluida la Copa Val Balker, concedida al mejor púgil del planeta, hasta el trofeo Fair Play por su caballerosidad sobre el encerado.

Nació en una zona azucarera de Puerto Padre, en el oriente cubano. Comenzó su exitosa cosecha de altos niveles con el bronce en los Juegos Panamericanos en Cali 1971, donde perdió con Duanne Bobick (EEUU), el mismo rival que lo lanzó al estrellato en Munich, cuando el cubano lo venció para ganar la medalla dorada olímpica.

Mientras, conquistaba uno tras otro los títulos en los campeonatos mundiales dirimidos a partir de 1974 en La Habana.

De “Pirolo”, como lo llamaban sus amigos, dijo Fidel: “Ningún otro boxeador amateur brilló tanto en la historia de ese deporte. Podría haber obtenido dos títulos mundiales adicionales, si no hubiese sido por deberes que los principios internacionalistas impusieron a la Revolución. Ningún dinero del mundo habría sobornado a Stevenson”.

Colgó los guantes en plenitud de sus facultades. Tras poco más de medio siglo vividos y 40 años dedicados de una forma u otra al boxeo, este gigante de cuerpo y alma goza del cariño que su pueblo siempre le ha profesado.

Al poco tiempo d retirarse tuvimos la oportunidad de conocerlo. Invitado por Francisco Morillas, por entonces presidente de la Federación Mendocina de Box, Teófilo Stevenson llegó a nuestra Mendoza. En la delegación venía acompañado, entre otros cubanos prestigiosos, nuestro colega y amigo Iván López, quien nos lo presentó y dándonos el enorme placer de conocer y dialogar con una persona maravillosa.

Este 11 de junio hizo ocho años que el tricampeón olímpico y mundial Teófilo Stevenson se despidió de la vida, a los 60 años, para quedarse eternamente en el corazón de una Isla que él puso en lo más alto del mapa deportivo del planeta.

“Mi mayor acierto en la vida ha sido querer a mi pueblo”. La frase es de uno de los más grandes y queridos deportistas cubanos de la historia; de un hombre de una nobleza más grande que su estatura, que su fortaleza física, y mucho más majestuosa que su temible mano derecha.

Nadie puede imaginarse lo que hubiera sido si Teófilo aceptaba ser profesional.

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