La etapa de este viernes, 258 kilómetros completamente llanos entre Morbegno y Asti, aparecía en el recorrido del Giro desde que este fue anunciado, hace exactamente un año. Más allá de su forzada reubicación en el calendario por culpa de la pandemia, la etapa no había sufrido ninguna alteración en estos 12 meses. Es decir, todos los ciclistas eran conscientes de que esta antepenúltima jornada del Giro llegaría tarde o temprano, con su largo kilometraje, con el cansancio acumulado de un duro día anterior, con la previsión de que el día siguiente fuera todavía peor -aunque finalmente no lo será- y con la posibilidad de que las condiciones meteorológicas no fueran idílicas. [Narración y clasificaciones]

Pues bien, conocidos todos estos condicionantes, el pelotón decidió este viernes por la mañana que no iba a completar la etapa tal y como estaba prevista. Básicamente, porque era muy larga, porque llovía mucho y porque ya todos acumulan 18 etapas en las piernas. Acudieron al control de firmas y después se plantaron, cobijados bajo las carpas que se despliegan durante las salidas. No iban a tomar la salida y así se lo hicieron saber a la organización, encabezada por el director de la carrera, Mauro Vegni.

Ante tal chantaje, el Giro se vio obligado a buscar un punto de encuentro y acabó recortando la etapa a la mitad. De 256 kilómetros se pasó a unos 125, colocando la nueva salida en Abbiategrasso, que era a priori una localidad de paso. “Lo solicitamos ayer [por el jueves], ya que la etapa era excesivamente larga y con mucha lluvia para nuestra sistema inmunológico, debilitado por la pandemia”, explicó Adam Hansen, corredor del Lotto que ejerció de facto como líder de la protesta, en representación de la Asociación de Ciclistas Profesionales (CPA

MAURO VEGNI

“Nos hemos enterado de las protestas de los ciclistas una hora antes del comienzo de la etapa. No hemos aceptado su decisión, la hemos sufrido”, corrigió Vegni, muy enfadado por todo lo ocurrido. “Hemos sacado adelante el Giro en una situación muy difícil por la emergencia sanitaria, garantizando el trabajo de corredores y equipos. Esto les hace daño a ellos y al ciclismo. Estoy furioso, es una gran falta de respeto. Ahora nos centramos en llegar a Milán, pero alguien pagará por lo sucedido”, comentó también el director del Giro en la RAI.

Todo este espectáculo causa graves perjuicios al Giro, no sólo en cuanto a imagen, sino también económicos, pues ha habido ciudades que han pagado para que el Giro pase por sus calles y no lo ha hecho. Y todo esto tras una edición dificilísima, en la que varios positivos por covid pusieron en jaque la continuidad de la prueba y en la que se ha tenido que reformular la decisiva etapa de hoy por las restricciones sanitarias impuestas por las autoridades francesas.

Varios directores, entre ellos los del Groupama y el Bardiani, mostraron públicamente su desacuerdo con el chantaje de los ciclistas. “Cuando disputas una carrera de tres semanas, ya sabes lo que hay. Como les suelo decir a mis corredores, nadie os obliga a ser ciclistas profesionales”, expresó a L’Équipe Marc Madiot, director deportivo del Groupama.

Para colmo, la etapa careció por completo de interés, ya por razones meramente deportivas. Se formó una fuga de 14 corredores al comienzo de la salida real que parecía condenada a la neutralización, tarde o temprano. El Bora de Sagan se puso a marcar ritmo de control y caza, con el condicionante de que este sábado tendrá que defender los puestos en la general de Konrad y Majka, pero nadie le ayudó. Ni siquiera el Groupama de Démare, dominador incontestable de los sprints de este Giro.

Así que a falta de 50 kilómetros, el Bora se apartó y el pelotón llegó a meta al ritmo suave del Sunweb del líder. Lo hizo a 11:43 del checo Josef Cerny (CCC), ganador de la etapa. Por descontado, no hubo cambios en la general y este sábado, en la triple ascensión a Sestriere, Kelderman, Hindley y Geoeghegan Hart lucharán por ser los líderes antes de la decisiva contrarreloj del domingo.


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