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El enemigo de Messi está en Messi

Nadie mejor que el astro futbolístico para definir qué sucederá en los partidos por las eliminatorias que cerrarán el año

Redacción
14/10/2023 08:04
El mejor de todos, de cara a lo que vendrá.

Para Lionel Messi, el objetivo mayor sigue siendo la Selección por más rumores, versiones, operaciones de prensa o fake news que ganen espacio en los medios o en las redes sociales.

De hecho, la posibilidad de elegir un club por los casi cinco meses sin actividad en Inter Miami no es algo que el capitán del seleccionado argentino priorice.

La mira de Leo continúa alimentada por su superlativo instinto de competitividad, el cual aflora en él desde que era un niño a quien le ponían inyecciones para jugar y se expande en la actualidad.

Le costó demasiado introducirse definitivamente en el corazón de los argentinos, hasta que lo consiguió.

Por un motivo u otro, tuvo que soportar infra valoraciones por motivos ajenos a lo que él realmente pensaba y sentía: “No canta el himno”, “una cosa es en el Barcelona y otra es con la Selección”, “se pone la albiceleste y juega a desgano”, “Maradona se mataba por jugar y a este le da todo lo mismo” y otros etcéteras más que, afortunadamente, ya están archivados en el pasado.

En el Monumental, previo al partido frente a los paraguayos, la locutora de turno se guardó un as de espadas debajo de la manga al momento de dar a conocer las alineaciones de ambos equipos.

El clima fue in crescendo hasta que, entre quienes conformaban el banco de suplentes, la dicción de esta presentadora llegó a un punto de quiebre con la “eee” estirada hasta que cerró con el esperable “siiii” para anunciar a Leo como cierre del listado oficial de jugadores.

El estallido bajó desde las cabeceras de los sectores populares hasta prolongarse entre los plateístas y se prolongó en la ya tradicional alabanza simulando el movimiento acompasado al levantar los brazos y bajarlos consecutivamente.

Nadie mejor que él conoce los signos de su propio cuerpo y no arriesga cuando percibe que su físico está en problemas.

Ya lo había anticipado a la prensa apenas finalizó el partido inaugural de estas eliminatorias sudamericanas, tras el triunfo frente a Ecuador y con un golazo tras un tiro libre de su sello: “No será la última vez que salga en un partido”.

No jugó en La Paz, en la victoria ante Bolivia, pero ratificó su compromiso con el grupo y se quedó acompañando en el banco de suplentes, aún con permiso para retornar a su nuevo domicilio.

Y allí, en Miami, volvió a sentir otra señal corporal cuando pidió el cambio durante el 4-0 de Inter sobre Toronto FC, el pasado 20 de septiembre. La cicatriz en el isquiotibial izquierdo había vuelto a molestarlo y él no quiso arriesgarse a que se le agravara más.

Ese parate de tres semanas tampoco debería sorprender en un organismo que ya lleva 36 años de edad y que apuesta a prolongar su vida útil como deportista hasta mediados de 2026, cuando cumpla 39 años y le toque afrontar – definitivamente – su última Copa del Mundo.

La semana anterior, en su retorno a las canchas, en los minutos que jugó se cuidó y no se forzó en el partido ante Cincinnati, por la MLS. La caída por 1-0 marginó a la formación dirigida por Gerardo Martino de sumarse a la grilla de los play offs.

Y a partir de ese momento, las especulaciones periodísticas aludieron que Messi podía imitar a su amigo David Beckham, quien, en su momento, dejó temporariamente a Los Ángeles Galaxy para integrar las filas del Milan durante el parate de la liga estadounidense.

Leo no va a tener una conducta similar a la de su amistad británica, sino que reforzará su sentido de pertenencia con La Selección.

Aunque tampoco está decidido que sucederá con él respecto del duelo programado por las eliminatorias ante Perú, el próximo martes 27 y en el Estadio Nacional de Lima, lo cierto es que se lo evaluará físicamente en estos días para que Lionel Scaloni tome la decisión de convocarlo o no a partir del informe proporcionado por el cuerpo médico del seleccionado nacional.

Si se mira en proyección, la doble fecha FIFA de noviembre asoma como un doble desafío conforme a la jerarquía e historia de ambos adversarios: Uruguay y Brasil.

El clásico rioplatense, hasta el momento, se disputaría también en el Monumental de River Plate, pero el gran duelo ante los brasileños está teñido de un componente que agita el morbo a escala planetaria.

Sucede que la Confederación Brasileña de Fútbol ya definió la semana anterior que el superclásico del mundo, más que cualquiera en el fútbol europeo, se dispute en el Maracaná.

Ese 21 de noviembre, además, traerá aparejado el recuerdo del resultado que allí mismo se produzca en la final de la Copa Libertadores de América entre Fluminense y Boca Juniors – el día 4 del próximo mes -.

Con ese antecedente, hay otro sumamente específico y seguramente mayor: el primer duelo entre los máximos gigantes sudamericanos en suelo brasileño luego de la histórica consagración argentina en la Copa América 2021.

Será la oportunidad de volver a enfrentarse en el mismo escenario que generó el triunfo argentino por 1-0 y que se definió como el “maracanazo del siglo XXI” comparándolo con el efecto del triunfo uruguayo en el Mundial 1950.

La última vez que se midieron oficialmente fue en noviembre de 2021 en el Estadio “Bicentenario”, de San Juan, en un juego que terminó igualado sin tantos y que permitió que la formación albiceleste se asegurara su cupo para Qatar 2022.

Brasil, que anoche se fue silbado tras el magro 1-1 ante Venezuela, en el “Arena Pantanal”, está necesitado de un shock de confianza que le permita un resurgimiento a nivel mundial como primera potencia a nivel de selecciones y se toma este compromiso contra “La Scaloneta” casi como una cuestión de Estado.

Y Messi, desde ya, jamás de los jamases querría perderse este partido.

Leo sabrá medir los tiempos y decidirá, junto a los miembros del cuerpo médico, si conviene arriesgarlo físicamente frente a Perú y Uruguay.

La mira del astro está en el Maracaná y una decisión apresurada se transformaría en su peor enemigo.

Tendrá que afrontar el riesgo de afrontar dos duelos de alta exigencia como lo son los de las eliminatorias sudamericanas.

Ese enemigo potencial, en definitiva, está en su propio cuerpo.

¿Y si se recrudece su lesión y se queda afuera del tan esperado choque en Río de Janeiro?

No se lo perdonaría nunca.