La décima etapa arrancó con tensión. Equipos que tardaban en llegar a la salida, retraso en el comunicado oficial por parte de la UCI respecto a los resultados de las pruebas PCR, rumores… Por suerte, el resultado final fue satisfactorio: ningún corredor infectado aunque, eso sí, cuatro miembros del staff de diferentes equipos (Ineos, Cofidis, Mitchelton y AG2R) dieron positivo además del director de la carrera, Cristian Prudhomme.

Ya en harina, el viento provocó de las suyas tal y como estaba previsto camino de la Isla de Ré. Pogacar, que ya se vio cortado en la jornada del viernes pasado, y Martin (3ª clasificado) se quedaron cortados a las primeras de cambio. Por suerte, el pelotón no hizo sangre y pudieron reengancharse. Antes, Kung y Schar fueron los dos valientes que probaron la fuga y con ello sacar y recortar diferencias en la clasificación general del Tour de Francia, para muchos la carrera más exigente del planeta.

A 25 kilómetros para el final estaba señalado el “punto negro” con el viento. A su paso por la Rochelle, los corredores sufrieron para aguantar la fuerza del viento. Alaphilippe, López y Valverde se quedaron cortados tras verse implicados en una caída aunque pudieron entrar pocos kilómetros después.

Sin sustos en el último tramo, aunque con un alto desgaste metal y físico, los equipos de los velocistas prepararon a sus hombres para la llegada. Pese al ímpetu de Ewan fue Bennett quien se terminó llevando el triunfo en la volata.

Los velocistas puros volverán a tener la oportunidad de lucirse en un sprint en una larga recta a meta, una llegada para gente experimentada que intentará tirar de galones para sumar una victoria para su equipo. Mientras tanto, será una etapa de transición para los líderes que guardaran fuerzas para la llegada de los Alpes.