Hace unos años escribí sobre los cambios. El tema estaba planteado más referido a los cambios de década, por el calendario, y a los cambios políticos, por la cercanía de entonces a una elección presidencial que también se daba en simultáneo con cambios políticos en países vecinos. Un verdadero cambio de época. 

Por Emilio Vera Da Souza ([email protected])

En estos días se presume que se vienen cambios. Y el texto viejo, cobra actualidad. Con algunos reparos, con algunos remiendos, podría andar por estos días vertiginosos. Días de encierros obligados, días de crisis sanitaria, días de cambios sin permiso, sin consenso. Las cosas que nos pasan para colmo, no son parciales, no son de una región, no son estables, no son iguales. Y sobre todo, no son justas. Algunos tienen lo que tienen que tener y otros se contentan mirando tras el vidrio, con el frío de afuera, con las medias con agujeros, con la panza vacía, con las sonrisas ausente.

El mundo ya no es lo que era. Y nosotros tampoco somos los mismos de antes. Ya nada será igual y eso parece que es percibido por todos los que tienen posibilidad de usar sus sentidos, aunque no sean cinco, aunque alguien no tenga mucho sentido.

A algunas personas les asustan, más que con la posibilidad de contagiarse de cualquier cosa se asustan con los cambios, y por eso se niegan.

A otros, los cambios no les convienen y por eso se resisten, y a los más, los cambios no los alcanzan o eso piensan… y no les importa.

Están los que prefieren la quietud de lo conocido, el refugio de lo que no se modifica, la seguridad de lo que no se inmuta. Y hay quienes las mudanzas les generan estrés, lo desconocido los altera, lo incierto los descontractura. Y sufren lo que debiera ser solo una expectativa diferente. Se estresan y no entienden. Entonces se enojan con los que se suben al cambio con audacia y vehemencia.

Pero están los otros… los que lo movido los entusiasma, lo ajetreado los incita, lo ágil los llena de adrenalina y los empuja a moverse.

Muchos en estos días están así: cambiando, mutando, reinventándose, asimilando lo nuevo, buscando horizontes desconocidos.

No quiero decir nada de los que saltan al vacío, los que se tiran a la pileta sin agua, los que lo arriesgan todo sin contemplaciones o los que no tienen ningún resguardo y no les importa nada.

Quiero hacer referencia a los que sí… a los que sí les importa pero igual prefieren cambiar, a los que son innovadores y tienen la picardía de avanzar. Me refiero a los que toman recaudos, pero siguen hacia adelante. A esos me refiero. Estos días tienen esa impronta.

Muchos piden que hablemos de política directa. Y piden eso porque les parece que hablamos de otra cosa. Las elecciones individuales también son consideraciones políticas. La expresión mínima de la decisión de un ser independiente, cualquiera sea, es una decisión política.

Aunque se resista. Aunque no quiera. Aunque reniegue de su condición de persona, de ciudadano, de habitante de un lugar, lo que sea que resuelva, será posible en una instancia política. A lo mejor la testarudez está en confundir decisión y acción política con encuadramiento partidario. Que no está mal… pero no es eso lo que estamos contando ahora.

Cada una de las acciones personales son acciones que generan consecuencias y con cada una, bien o mal, se las tendrán que rebuscar en el futuro. Porque las decisiones individuales, aparte de ser políticas, tienen consecuencias. Las decisiones familiares también… y para qué decirle sobre las decisiones sociales o que involucran a los vecinos, amigos, parientes, etc.

Las autoridades de gobierno deciden y eso les influye y nos influye. El gobierno nacional, el provincial, el municipio, la justicia, los cuerpos legislativos, las comisiones directivas, del club, de la vecinal, del consorcio, de la cooperadora de la escuela. Todos se dedican a hacer política. Aunque no lo quieran. Aunque no lo admitan. Aunque odien a los políticos.

También las decisiones son tomadas en un contexto acotado llamado tiempo. Ese tiempo, aparte de ser inexorable, nos permite crecer. Si no existiera el tiempo no habría cambios, evolución, re-evolución.

Adiós Darwin si no hay tiempo. Seríamos o “chimpancés” que se quedaron estancados arriba de los árboles o “bonobos” que evolucionan hasta ser “sapiens”.

Y yo pienso que es mejor la evolución a la quietud de lo que permanece sin alteraciones.

Eso es lo que nos va pasando. Crecemos. Algunos más lento. Otros a velocidad que no notamos. Pero así nos transcurren estos días. Algunos síntomas de la evolución o la ausencia de evolución podemos verlos en forma evidente, sobre todo con el uso de algunas definiciones.

Acá, por los barrios de los bordes de la metrópoli, tratar a quienes son diferentes con adjetivos llenos de desprecio ¿nos hace más evolucionados? Lo dudo.

Tratar a quien nada tiene con indiferencia y lejanía, no lo hace cambiar.

Pero agredirlo y estigmatizarlo tampoco. Y hay quienes así lo hacen.

Yo lo escucho en estos días.

Yo lo veo asiduamente por estos días difíciles.

Y me parece que quienes agreden y descalifican a los que menos tienen, sufren el temor de lo desconocido, sufren el miedo de no querer pensar que alguna vez podrían estar en ese lugar y no saber cómo continúa ese drama si los encuentra como posibles protagonistas.

Por eso hablan de los pobres, de los diferentes, de los extraños, de los extranjeros como escoria, maltratándolos, insultándolos. Y también negando cualquier posibilidad de cambio para ellos.

Los que tienen miedo piensan que los que nada tienen no se merecen asignación, ni escuelas, ni computadoras en las escuelas, ni vacunas, ni documentos, ni atenciones en la emergencia, ni cuidados si están en riesgo, ni protección, ni derechos, ni nada.

Para los que piden que hablemos de política confundiendo eso con los chismes de palacio, y para los que piden que no se hable de política, confundiendo convenientemente las ideas con la pertenencia a un partido, les digo que yo espero ver cómo es esto del reparto de la riqueza, porque el reparto de la pobreza ya lo he visto.

Y he visto sus consecuencias, y he visto el dolor que les causa la pobreza a las personas que veo en las calles de mi barrio, en las calles de mi ciudad, donde camino casi todos los días. Donde veo ahora solo ojos tristes, incertidumbre y pesar.

A lo mejor el cambio viene acompañado de acciones solidarias concretas y de mejores pensamientos para la acción con los otros… si es así, los que ya eran solidarios serán más solidarios… y si no… los que pretendían salvarse solos, mostrando sus peores pensamientos egoístas, mostrando lo insatisfechos de cualquier cosa, las críticas y enojos sin fundamentos, señalando a los que se equivocan pero sin proponer otras ideas… esos para los que nunca nada alcanza, a los que les molesta que se pueda acompañar a los que están en dificultades… esos mostrarán que no solo no hay cambios en ellos… sino que son incapaces de modificarse en cualquier situación.

Esperando que no volvamos a ser como antes, prefiriendo que cambiemos mejores, con mejores ideas, con mejores acciones, con mejores logros… esos serán los días para los que hacemos esfuerzos. A lo mejor nos equivocamos. Pero a lo mejor cambiamos de verdad.

Eso.

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