Roberto Cejas viajó para la final entre la Selección Argentina e Inglaterra, saltó a la cancha y dio la vuelta olímpica con Diego en sus hombros: “Le pedí un botín y me dijo que no porque eran para la vieja”

ué es lo que buscamos cuando sacamos una foto? ¿Detener un tiempo en el que fuimos felices? ¿Capturarlo para atesorarlo? El tiempo no es algo que se tiene; se escapa, se escurre. Lo que podemos hacer es vivirlo, y después sí recordar esos momentos de felicidad plena. Hay imágenes que forman parte de la memoria colectiva. De un contexto de alegría general. Es el caso de esta fotografía en donde se lo ve a Maradona llevado en andas, en el Estadio Azteca, con la copa en sus manos. Ese día alguien tuvo la dicha de estar en el lugar y el tiempo indicado. El protagonista principal es Diego, pero ¿quién es el actor secundario que quedó eternizado en ese registro fotográfico? Se trata de Roberto Cejas. Él fue quien levantó a Diego ese 29 de junio de 1986 y lo llevó a dar la vuelta olímpica después de ganar el Mundial. Esta es la historia de esa foto que aún hoy recorre el mundo.

¿Cómo es que fuiste al Mundial?

Yo fui solamente para la final. Llegué el sábado a la tarde a México y el partido era el domingo al mediodía. Dije “si le ganamos a Bélgica, me voy a ver a la final”. Justo tenía un compañero en México que me dijo, “venite que acá hay alguien que tiene la entrada y la quiere vender”, y así fue como arranqué. Pero cuando llegué y fui a buscar a esa persona, ya la había vendido. Así que ahí empezó a complicarse todo.

¿Y cómo entraste?

Yo tenía amigos que estaban desde el principio del Mundial y tenían entradas para la parte de arriba, pero les daban plata a los muchachos mexicanos para ir a la parte de abajo. Y así fue como hicimos: fuimos temprano, les dimos la guita a los mexicanos y entramos.

¿Cómo saltaste a la cancha?

El estadio tenía un foso, con una estructura de hierro, nosotros nos fuimos a la altura del córner, donde había dos policías. Les hicimos un amague y saltamos a la cancha.

¿Cómo se da que lo llevas a Diego?

Al principio lo que hice fue ir al medio de la cancha. Y ahí saltaba, daba vueltas, cantaba, porque pensaba “algún día se va a ver el video y me van a ver a mí, pero me voy a conocer yo solo”. Y cuando los jugadores arrancaron a dar la vuelta olímpica, nosotros los vimos y les hicimos una especie de cordón para que vayan solos. Pero era imposible. Cuando estoy llegando al área chica, yo iba con una peluca celeste y blanca, y Diego se me frena adelante como para hacerle un penal. Se da vuelta, me mira y no hizo falta nada. No dudé, me agaché y lo levanté. Y así lo empecé a llevar al trote. Era imposible ver por dónde íbamos, él me manejaba, me decía por dónde ir.

¿En ese momento tomaste conciencia?

No, no tomé conciencia. Incluso cuando él bajó, ni chau le dije porque se fue rajando al vestuario. En ese momento no me di cuenta que había llevado a Maradona, que había llevado la copa. Con el paso del tiempo tomé verdadera dimensión.

¿Quedaste inmortalizado?

Sí, fue un papel secundario que me va a dejar plasmado para siempre. Para mí es una cosa linda porque Diego simboliza el deporte argentino. La representación de todo lo bueno nuestro. Lo tomo como un regalo de la vida. Mis nietos me ven en la TV y ya saben lo de la vuelta olímpica. Ellos dicen, “ese es el abuelo llevando a Maradona”. Y eso no es nada. Yo pienso el día en que mis nietos tengan hijos y ellos les cuenten que ese de ahí era su abuelo.

¿Qué te pasa hoy cuando ves esa foto?

Son cosas irrepetibles, siento alegría, emoción. Vos decís “yo estuve ahí, yo soy ese que lleva a Diego”. ¿Cómo llegué? Habrá sido la otra mano de Dios. Una fue la del gol a los ingleses, y la otra para ponerme a mí justo en ese lugar. No sé por qué me tocó a mí. Hay gente que se lo merece más. Hay futboleros que tienen más cancha que yo, pero bueno, me tocó a mí. Dios me puso ahí y voy a estar para siempre.

En el transcurso de la charla es inevitable no hablar de la muerte de Maradona. En varios pasajes Roberto se quiebra. Lo que vivió aquel día adquiere mayor relevancia a partir de la ausencia. Pide realizar la entrevista por zoom con la copa que le regaló el artista Julián Chavero. La besa varias veces. Después de lo de México, pudo ver a Diego una vez más. Fue en el mundial de Brasil, cuando la producción del programa “De Zurda” decidió juntarlos. “Cuando me vio largó una carcajada. La verdad que nos dimos un abrazo hermoso. Tuvo sentimiento y mucha emoción. Vos no esperas que una estrella de ese nivel te de un abrazo tan sentido. Él había estado preguntando en Dubai por mí, diciendo: ¿quién será este tipo que me alzó en México, que nunca más lo vi? Él quería saber quién era. Y bueno, los de la producción me invitaron y fui al estudio. Incluso me saqué una foto con su hijo Dieguito en los hombros y esa la tengo yo solo. Se la quería hacer llegar, pero lamentablemente no pude”, recuerda todavía con emoción Roberto.

¿Qué te provocó su muerte?

El vacío que le provocó a todo el mundo. Indignación, bronca. Porque yo pienso en toda la gente que hubiese dado la vida por estar con él una noche para cuidarlo. Creo que, si lo hubiésemos ido a cuidar una noche cada uno, hoy él estaría vivo. No me gustan los que salen hablar de él. Sobre todo, porque no está. Me indigna porque son unos cagones que no dijeron nada cuando tenían que decirlo.

Roberto deja un chiste para entender lo que vivió. “Diego dijo que él sabía cuánto pesaba la copa, pero yo soy el único que sabe cuánto pesa Maradona con la copa”. Además, cuenta que hace poco pudo dar con el fotógrafo que tomó esa famosa imagen. Vive en New York, y de regalo le mandó el negativo. Ahora él puede hacer lo que quiera con esa imagen. En el final, cierra los ojos y recuerda ese preciso momento en palabras: “Siento que Diego iba seguro, porque veo las imágenes y él iba tranquilo, disfrutando. Me enoja que le pedí un botín y me dijo que no porque eran para la vieja. Ese fue el único diálogo que tuvimos. Respeté que quien iba a recibir ese botín era su mamá”.

Fuente: Torneos y Competencias


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