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Juntos por el Cambio, ¿en el gobierno o en la oposición?

El terremoto producido por la victoria de Javier Milei en las elecciones primarias y luego ratificado en el balotaje, continúa con innumerables réplicas que se multiplican por todo el sistema político argentino. 

01/12/2023 06:52
La reunión de Juntos por el Cambio

El terremoto producido por la victoria de Javier Milei en las elecciones primarias y luego ratificado en el balotaje, continúa con innumerables réplicas que se multiplican por todo el sistema político argentino. 

La fugaz irrupción del todavía presidente electo ha dejado al borde de la desintegración a la coalición que supo ser la principal referencia opositora al kirchnerismo, no sólo durante la última presidencia de Cristina Fernández, sino también en este período de Alberto Fernández que en días llega a su fin. 

Justamente, si de algo se ufanó este conglomerado diverso pero capaz de coordinar acciones parlamentarias que condicionaron al peronismo, era de haber mantenido la unidad a pesar de la derrota de 2019. Un escenario que hasta el momento parece que no se repetirá luego de la nueva derrota de 2023. 

El rápido giro y realineamiento de Mauricio Macri y Patricia Bullrich detrás de Milei ha profundizado la crisis de Juntos por el Cambio (JxC), una situación incluso agravada con la casi segura participación de dirigentes macristas en el futuro gobierno de Milei. 

Así, entre recelos por ese vínculo y el riesgo de configurar un acuerdo político que no es tal, en términos de relación institucional entre partidos, la coalición atraviesa su momento más crítico. Eso quedó de manifiesto esta semana en la cumbre convocada por los 10 gobernadores del espacio y de la que también participaron legisladores nacionales y referentes varios. 

La disputa está planteada entre quienes expresan un aval explícito al gobierno de Milei y aquellos que prefieren tomar alguna distancia que pueda permitirles preservarse como una opción electoral a futuro. Entre los primeros, están los que no dudaron en acompañar al libertario en el balotaje y ahora se ofrecen como ministros o con lugares de relevancia en el Congreso. Macristas puros como Cristian Ritondo, por ejemplo. 

Por otro lado, están los que como Alfredo Cornejo y otros dirigentes, tanto del Pro como del radicalismo, que promovieron la neutralidad o hasta llamaron al voto contra La Libertad Avanza (LLA). Son los que entienden que de ninguna manera se le puede otorgar a Milei un cheque en blanco. Mucho menos, participar de su gobierno. Dudan de algunas de sus propuestas, y en especial, del costo político y social que significaría su implementación. 

Tras una reunión tormentosa en Buenos Aires, que pareció alejar más ambas posturas y que preanuncia más tensiones, se emitió un comunicado en el que los que se dicen "juntos" insisten en una palabra: "unidad", que aparece siete veces mencionada en el texto... Parafraseando al clásico refrán: "Dime de lo que presumes y te diré de lo que adoleces...". 

Aunque más allá de implorar unidad, la definición más fuerte del cónclave viene por el lado de que JXC no va a cogobernar. Y que aquellos dirigentes que deseen ser funcionarios del nuevo gobierno deberán hacerlo a título personal y no en representación de un conjunto hoy deshilachado y menguado, incluso por la salida de la Coalición Cívica (CC), uno de los partidos fundadores. 

La sugerencia hacia dentro (se lee también en el comunicado) es la de un "acompañamiento responsable", la "defensa de las instituciones" y "la gobernabilidad" con una mirada federal. Grandes valores que parecen pequeños ante la ambición o el instinto de supervivencia de muchos a los que parece darle lo mismo ser oficialistas u opositores. 

Por el contrario, quienes entienden que el tercer lugar en el podio electoral que los dejó fuera de la definición "no nos compromete ni obliga como garantes" de lo que viene en el país, parecen plantar bandera, dispuestos a tensionar y obligar a tener gestos más contundentes en una u otra dirección y no arrastrar con ello una fuerza que hoy naufraga en medio del océano, sin rumbo ni brújula, tironeada hacia islas muy disímiles para convertirse en oficialistas u opositores. Una decisión todavía sin consenso ni acuerdo que pone en peligro esa nave insignia, de clara referencia antikirchnerista, que hoy es apenas una barcaza a la deriva.