Ya se vacunó buena parte del personal de salud, que recibirá pronto su segunda dosis. Y ahora se va a buscar varios millones de nuevas unidades que traerán aviones de Aerolíneas. Son de la vacuna Sputnik, y pronto se tendrá cantidad de Astrazeneca. Con todo ello, entre febrero y marzo se irá avanzando con el resto del personal prioritario, y con personas de mayor edad y alto riesgo

 

Por Roberto Follari, Especial para Jornada

El proceso es lento: hay que organizar los sitios, tener en ellos las condiciones para refrigeración de las vacunas y el personal especializado. Hay que coordinar los listados de personas o –en tanto vacunarse no es obligatorio- establecer mecanismos fehacientes de inscripción.

  Un dirigente nacional opositor pedía por TV más precisión en el plan y fechas de vacunación. Parecía sacado de un programa cómico: justo él, representante de un gobierno que bajó el 30% del gasto en salud y hasta…cerró el Ministerio!! Pero sobre todo, no cabe tan geométrica planificación porque el mercado de los laboratorios –tanto que les gusta el mercado a algunos opositores- pelea brutalmente las enormes sumas económicas en juego. Y los Estados, también es cierto, se disputan prestigios y réditos políticos, tanto gobiernos como oposiciones.

  En esa inevitable selva de intereses, hasta ahora Argentina ha logrado un lugar para conseguir vacunas, mejor que casi todo el resto de Latinoamérica. Se verá cómo sigue: en esta batalla multiforme, nada está garantizado hasta que ocurra.

  Y además, el cansancio social es grande. De allí la falta de atención a las recomendaciones de no salir, de allí la gente agolpada en playas y bares. Estamos hartos de no-vivir. Extrañamos aquello que fue “la normalidad”. Pero a la vez, es pésima idea no hacer caso de la necesidad de cuidarnos: peor nos irá si no lo hacemos. La vacuna no es garantía absoluta: se demorará en lograr una mayoría social vacunada, la inmunidad de los vacunados es alta pero no es total, no está claro por cuántos meses se forman los anticuerpos (lo que lleva a pensar en que se requerirá –casi seguro- una segunda vacunación, quizá desde finales del año).

  No le fue bien a la campaña antivacunas. Las tonteras que hemos escuchado han sido memorables: que la vacuna tiene ideología, como si por la vacuna Salk nos hubiéramos vuelto proyanquis. Y para colmo se habló de ideología “comunista”, cuando Rusia es capitalista hace décadas, y fue central para que el millonario Trump se impusiera en 2016 (¿o no han leído sobre ese escandalete?). Lo cierto es que hoy la mayoría quiere vacunarse, según todas las encuestas.

  Y no es porque les gusten los rusos o los académicos de Oxford. Es porque nos vacunaremos con la primer vacuna que nos den, que tenga razonables niveles de seguridad. Y porque sabemos que no es una garantía absoluta, pero es lo mejor a que podemos aspirar.

  Porque casi todos entienden que si esperábamos a los tiempos normales para probar las vacunas, recién íbamos a tenerlas para 2022, y antes se moría media humanidad. Las vacunas están probadas, los organismos del caso las han chequeado. Pero, por ejemplo, no se sabe por cuánto tiempo dan inmunidad: para demostrar eso, no se ha podido esperar.

  No ha habido problemas con los casi 300.000 vacunados en Argentina: la Sputnik ha funcionado bien. Ahora se ha aplicado a personas de más de 60 años, incluso al  presidente: es ejemplo de que las autoridades creen en la seguridad del caso, y que buscan que la población así lo asuma.

  La Pfizer, esa que la tv nos quiso imponer porque la asocian con Estados Unidos, ha tenido algunos problemas. Más de 20 muertos en Noruega, si bien eran personas de más de 80 años y con dolencias previas. Algún resultado poco eficaz en Israel: habrá que ver. Hay que ser cautos para tomar decisiones seguras, pero no queremos saber qué hubieran dicho ciertos agoreros televisivos si los muertos hubieran sucedido con la vacuna Sputnik.

  Fracasaron los de las manifestaciones antivacunas, esos que llamaron ferozmente al contagio. La población busca, entre la bruma de esta pesadilla colectiva, algunas razones para animarse.  En el enorme océano del desconcierto y la inseguridad sobre plazos y nuevas normalidades, la vacuna es una marca, una boya, indica una interrupción de la deriva permanente. Es una apertura de esperanza, dentro del vaho de oscuridad que nos ha reservado la historia a partir del 2020.-  

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