El mundo, desde que es mundo, ha soportado catástrofes mayúsculas, algunas provocadas por la naturaleza, algunas provocadas por pestes, y algunas provocadas por los propios hombres.

No hay peste más grande que la guerra. Diariamente en distintos países del mundo los enfrentamientos armados dejan devastación y muerte a su paso, y lo peor es que no pasan, se quedan a disfrutar de la maldad con los  colmillos afilados como Drácula, ya que estamos hablando de una enfermedad derivada de los murciélagos.

En numerosos países del mundo la gente se está enfrentando armadamente y todo el objetivo es despachurrar al enemigo. El  virus es más piadoso, te da posibilidades de salvarte, en la guerra son pocos los que tienen esta posibilidad.

El capo de las Naciones Unidas pidió por favor, por mucho favor, que ante las circunstancias actuales se terminen las guerras en todo el mundo o por lo menos haya una tregua para enfrentar al enemigo común de todos los bandos: el coronavirus.

Digo Siria, Yemen, Irak, Afganistán, Sudán del Sur, Somalia y se me escapan algunos cuántos. Esa es la epidemia más devastadora: la guerra. Y ahí sí que estamos en el horno, porque no se puede crear una vacuna en contra de la guerra. Ojalá se pudiera.

Es el momento ideal para que el odio no haga tanto daño. Tenemos un enemigo en común, estamos en guerra con un bichito dañino que ataca a todos por igual y no hay banderías posibles que justifiquen agravio alguno.

Los países han cerrado sus fronteras. El mundo se ha refugiado en sus respectivos países y no quiere tener contacto con lo que queda afuera porque lo que queda afuera puede ser contagioso.

Es hora de cuarentena pero también puede ser hora de reflexión. No puede ser que nos matemos entre humanos por más grandes que sean las diferencias que nos enfrentan.

Tal vez los países puedan recapacitar como países y se den cuenta de que la solución no puede estar en la muerte. Sería un avance increíble para toda la humanidad que cuando pase este flagelo los diarios del mundo puedan colocar en sus portadas un título que diga: “Ya no se combate en ningún lugar del mundo”.

A lo mejor es esta una oportunidad que nos da la vida para que pensemos en la vida. Estamos hablando del planeta azul, el único que tiene seres pensantes en nuestra cercanía. No puede ser que esos pensamientos apunten a la autodestrucción porque entonces sí que no tenemos vuelta.

El mundo ha estado varias veces sometido a guerras atroces que han hecho desaparecer países enteros. Guerras que provocaron no diez mil víctimas como podemos contar en este presente del coronavirus, sino a millones de personas. No nos olvidemos que solo en la Segunda Guerra Mundial murieron 60 millones.  Recuerdo la Primera Guerra Mundial, recuerdo la terrible Segunda Guerra Mundial, recuerdo los momentos de la guerra fría, cuando estuvimos a punto de destruir la humanidad.

Ahora el enemigo no es el que piensa distinto, ahora el enemigo es un minúsculo ser que se mete con todos. Estamos en guerra, pero tal vez, por primera vez en la historia, todos luchamos para el mismo bando.