Para la hinchada que ronda los 40 o 30 años, parecía invencible y eterno. En alguna entrevista reciente podía aparecer arrugado y con menos cabellera, pero siempre con un porte digno de Hércules o Sansón. Tenía 81 años y en la tarde del  8 de septiembre de 2014, nos enteramos de que Rubén Peucelle, el Ancho, emprendió viaje sin retorno hacia el Olimpo de las estrellas.

Alguien podrá cuestionar, tal vez con cierto derecho, las razones por las que la sección deportiva de La Izquierda Diario recuerda a una figura que tuvo que ver con el espectáculo más que con el deporte. Después de todo, en aquel catch televisivo contaba más el show que la competición. “Es todo tongo”, decía mi abuelo. Los malos siempre perdían en las peleas decisivas y la victoria final era reservada a los buenos; en primer lugar a Martín Karadagián, el gran campeón Mundial de ese mundo de fantasía; en segundo lugar a Peucelle, el campeón argentino que orgullosamente representaba a los luchadores nacionales en la imaginación de millones de hinchas. Hinchas de 5, de 8, de 10 años, que pedían “el remolino” para que derribe a esos terribles enemigos mortales como El Androide o El Díábolo.

Esos hinchas, que hoy despedimos al campeón, no dudamos de la competencia deportiva, del riesgo de enfrentar a Genghis Kahn (¡imagínense eso!) o de la nobleza de Rubén para socorrer a Karadagián cuando éste se encontraba en apuros y no había “cortito” que valga. Aunque hoy ostentemos muchos años más y muchísimas fantasías menos.

Esos hinchas que hicieron fila en el Luna Park para ver a los Titanes o los que coleccionaron los chocolatines Jack para encontrar el muñequito de “El Ancho”, despedimos un cachito de nuestra infancia. Se la lleva Peucelle, quién sabe hacia dónde. De lo que no caben dudas es que estará bien resguardada por nuestro héroe.

En este mundo adulto, menos mágico, descubrimos que ese chocolatín Jack lo fabrican manos obreras. Por estos días, trabajadores y trabajadoras de Felfort libran un combate contra despidos arbitrarios. Igual que en Lear, la patronal cuenta con sus William Boo, aquel árbitro que siempre fallaba a favor de los fascinerosos. Pero somos seguramente miles los que hinchamos a favor de los derechos obreros, como lo hacíamos por Rubén Peucelle.

No podía faltar en esta sección deportiva. Infantes de tres o de cuatro décadas ya, hoy recordamos un año más de la partida de Rubén Peucelle, el Ancho de Titanes en el Ring y de Lucha Fuerte.


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