Las dos jornadas de los Pirineos dejaron imágenes de aficionados apiñados, sin respetar el distanciamiento social ni hacer buen uso de la mascarilla, o directamente ni utilizarla. El Tour está muy mentalizado sobre las medidas de seguridad frente a la pandemia, porque la única manera de que la Grande Boucle llegue a París se basa en cumplir las normas y preservar la burbuja de la caravana. La organización, la Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP), equipos como el Movistar y distintos corredores a título individual, como Alejandro Valverde, Carlos Verona o André Greipel, se quejaron del público y reclamaron más responsabilidad.

En el pelotón existe mucho nerviosismo ante la llegada del primer día de descanso y sus test PCR correspondientes (unos 650). Cada escuadra forma una burbuja de 30 integrantes como máximo (el Lotto Soudal se quedó sin cuatro miembros del staff por dos positivos detectados antes de la salida de Niza), y de los resultados de los análisis (en principio, se conocerán todos mañana por la mañana) dependerá que sigan o no en competición. El Gobierno francés recomendó a ASO, la empresa responsable del Tour, conservar su estricto protocolo sanitario: dos casos de COVID-19, sean corredores o del cuadro técnico, supondrán la expulsión inmediata de la estructura entera.

“Sin miramientos, respetaremos siempre las indicaciones de la Sanidad de nuestro país. Hay que mostrarse inflexibles para concienciar de la situación tan grave que atravesamos con el coronavirus”, señalan a AS fuentes de ASO. El viernes 4 de septiembre Francia registró su pico máximo, incluida la primera oleada de marzo: 8.975 personas contagiadas en un día (más de 318.000 en total, con 30.698 fallecidos). Nadie en carrera duda sobre el tema: si el Gobierno y el Tour se ven obligados a detener la ronda, la detendrán.

Aun así, la Unión Ciclista Internacional (UCI) exigió que los positivos se aseguraran “mediante un segundo test rápido para evitar falsas conclusiones”. El laboratorio móvil cuenta con una capacidad para efectuar unos 50 controles diarios en etapas normales y 350 en los días de reposo, así que lleva 24 horas a pleno rendimiento, porque los auxiliares comenzaron a pasar sus pruebas durante la primera jornada pirenaica. Las precauciones se extremaron, y pese al cuidado impera la incertidumbre. “Cualquier descuido, propio o ajeno, puede costar carísimo”, explican desde dentro. Por ejemplo, en el Movistar sólo una persona tiene contacto con el exterior para echar gasolina o comprar en los supermercados. En el Ineos no hizo falta virus para que desinfectaran constantemente todos sus materiales y las habitaciones de hotel, no chocaran la mano con nadie o dispusieran de un camión cocina. “Confiamos en preservar la burbuja hasta París”, remata el Tour.