Sergio Levinsky @sergiole Lunes, 15 de Julio de 2019

La continuidad de Scaloni en la Selección y el problema de la institucionalidad

Lunes, 15 de Julio de 2019
Diario Jornada Diario Mendoza. Buscanos en Facebook, Twitter e Instagram

Lunes, 15 de Julio de 2019 |

Imagínese, lector, por un instante, una escena en un hospital público en cualquier ciudad de la Argentina. Llega un conocido del director, acompañado de un muchacho muy joven, para recomendarlo como médico de la institución. No tiene título aún, pero “sabe un montón y va a solucionar muchos problemas de salud”, lo justifica. El director del hospital dialoga con el joven, que acaba de terminar el Bachillerato, y evidentemente, maneja algunos conceptos y podría llegar a ser bueno en lo suyo, a futuro. ¿Pero qué sucede si el allegado lo propone como jefe del turno mañana o tarde? Lo más probable es que el director indique que lo que corresponde es que ese muchacho ingrese primero a la universidad, estudie mucho, se gradúe, y con el título en la mano regrese, concurse y en ese caso, si gana, tenga un primer espacio como residente en ese hospital. 

Algo parecido ocurre con la selección argentina. Lionel Scaloni no sólo nunca dirigió antes un equipo (ya no es que salió campeón o no de algún torneo) y se encontró al frente de un equipo que tiene como antecedentes históricos 2 Mundiales ganados, 3 finales de Mundiales perdidas, 14 Copas América, 6 Mundiales sub-20, 2 medallas doradas olímpicas y tantos otros títulos y partidos decisivos. ¿Puede este director técnico, con estos antecedentes, dirigir a una de las cuatro o cinco mayores potencias mundiales de fútbol?

El propio Scaloni, que en la Copa América tuvo que enfrentarse a entrenadores de la talla de Oscar Tabárez, Reinaldo Rueda, Tité, Carlos Queiroz o Ricardo Gareca (es decir, toda gente con el doctorado terminado, siguiendo con la analogía), admitió en una de las conferencias de prensa durante el torneo, que n la Copa América hizo un curso acelerado, que incluso pudo haber terminado aceptablemente, o mejor que lo que originalmente se vaticinaba, pero…¿alcanza con eso?

¿Es posible justificar a Scaloni, como lo hizo un ausente director de Selecciones Nacionales en Brasil, César Luis Menotti, quien dijo tras la Copa América, cuando pasó a respaldar al mismo DT al que antes quería reemplazar, que él mismo, en 1974, cuando asumió en la selección argentina “no tenía experiencia porque sólo había ganado un torneo con Huracán”? ¿Es lo mismo ganar un torneo con Huracán, y de manera brillante (por otra parte, el único título liguero del Globo en el Profesionalismo desde 1931), que no haber dirigido nunca a nadie?

Todo indica que Scaloni sigue, primero que nada, porque no hay otro DT de cierto renombre, que quiera asumir. Esta AFA de Claudio “Chiqui” Tapia, enfrentada con la Conmebol, con el presidente del Comité Arbitral de la entidad, con El Vaticano, con Israel, con River, con San Lorenzo, con la Superliga, con la CBF, con Jair Bolsonaro, con muchos clubes de todo el país por lo sucedido con la definición de los ascensos federales, y con otros del conurbano bonaerense por la de los ascensos de esa zona, no parece estar en condiciones de dar ninguna certeza a un entrenador de jerarquía, y mucho menos, garantía de tranquilidad en un trabajo a mediano plazo.

Pero a este primer factor, hay que agregar que Scaloni también sigue porque en la AFA, la palabra de Lionel Messi sigue pesando demasiado, y si se quejó tras la Copa América de la corrupción en la Conmebol –un argumento atendible- o si sostuvo con pulso firme al DT, en buena parte fue porque ningún dirigente de la AFA tiene la mínima capacidad de anteponerle un marco de institucionalidad, el director deportivo se llamó a silencio absoluto a distancia, y el crack del Barcelona ya no es un joven tímido y con algunos granitos en la cara sino un muchacho de 32 años, padre de familia, y uno de los cuatro más veteranos del plantel, y no tiene a quién consultar, ni cree necesitarlo.

Se entiende la buena voluntad y la lucidez de Marcelo Gallardo, el DT de River Plate, cuando sostiene que a Messi “no lo supieron cuidar”, pero a los 32 años y con tres hijos, una fortuna y con más de tres decenas de títulos y 15 años de profesional y 5 Balones de Oro, Messi se sabe cuidar muy bien solito.

El problema es de institucionalidad, algo que suele costarle demasiado al argentino medio. Scaloni no debe estar en este lugar no porque sea mejor o peor, sino porque aún no reúne los requisitos. Y entonces no importa caerle bien al crack, o cebar buen mate en la concentración, o contar buenos chistes, o que Menotti (por dar un ejemplo) tenga excelente línea directa con uno de sus ayudantes, Pablo Aimar. Scaloni no puede estar allí porque no corresponde, y punto.

Pero si el presidente de la AFA en vez de reclamar antes de los partidos por malas designaciones arbitrales, o antes del sorteo de los grupos por la irregular distribución de los equipos en los copones para favorecer (como casi siempre) al local, se calza el buzo y se sienta a mirar en la platea cómo le patean a los arqueros, o firma una carta incendiaria a la Conmebol (por si fuera poco, refrendada al día siguiente por el director de la Escuela de Árbitros, Federico Beligoy), y olvida que la Argentina será coorganizadora de la Copa América en apenas un año, y genera un clima que expone al propio Messi a una larga suspensión, ¿cómo el mejor jugador del mundo no va a creer que en esa anarquía y falta mínima de ideas, la AFA es él mismo?

Se supone que en todo orden, un dirigente es aquel que tiene una mirada más profunda que la masa, alguien que puede ver más allá en el futuro, que puede parar la pelota para pensar, con mayor temple que la mayoría, en las acciones a seguir, para beneficio de todos. Cuando esto no ocurre (como en el caso de la AFA), son otros los que toman la bandera, aunque no sea lo que corresponda. Y Messi crece en roles que no les son propios desde la falta de alguien que aporte ideas y sentido común, a partir de su liderazgo futbolístico y desde épocas pasadas en las que comenzaron las irregularidades que fueron determinando que cada palabra suya fuese santa.

¿Acaso puede hacerlo contra la Conmebol la dirigencia que utilizó las mismas herramientas en el ascenso local? ¿Acaso puede hacerse con el antecedente de la Mano de Dios, el Bidón de Branco, o el 6-0 a Perú? Calavera no debería chillar.

Mientras no haya un marco institucional serio (como por ejemplo, que cualquier medio nacional de comunicación –que no haya pagado derechos-, que hizo un enorme esfuerzo por cubrir el torneo, se haya ido de Brasil tras un mes, sin una sola entrevista exclusiva con jugadores argentinos porque estos no tienen intenciones de hablar), la AFA seguirá exponiendo al fútbol argentino a cómo sople el viento y a pagar las consecuencias de tantos desatinos.


Seguí leyendo