Sergio Levinsky Copa América Brasil 2019 Domingo, 23 de Junio de 2019

Las dos caras de una Argentina clasificada y nada más

Ahora, seguramente, muchos comenzarán a subirse a un carro triunfalista, apenas porque esta gris selección argentina de Lionel Scaloni consiguió la clasificación a los cuartos de final de la Copa América ante una más que tibia Qatar (que ni siquiera puso en la cancha el espíritu de aquella remontada inicial ante Paraguay) pero que deja muchísimas dudas y un puñado de certezas.

Domingo, 23 de Junio de 2019
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Domingo, 23 de Junio de 2019 | Ahora, seguramente, muchos comenzarán a subirse a un carro triunfalista, apenas porque esta gris selección argentina de Lionel Scaloni consiguió la clasificación a los cuartos de final de la Copa América ante una más que tibia Qatar (que ni siquiera puso en la cancha el espíritu de aquella remontada inicial ante Paraguay) pero que deja muchísimas dudas y un puñado de certezas.


El viernes, por ejemplo, espera la selección venezolana en el Maracaná de Río de Janeiro, a la que en pocas horas llegará el equipo albiceleste, y no hay ninguna certeza de que los de Scaloni le vayan a ganar y no se sabe hasta qué punto, que no sea el histórico o que Lionel Messi (quien hoy cumple 32 años) forme parte de sus filas, pero poco más que eso.

Al fin de cuentas, la “Vinotinto” de Rafael Dudamel no sólo está más y mejor trabajada en lo colectivo que la selección argentina, sino que su futuro próximo está mucho más garantizado al irse incorporando jugadores del sub-20 subcampeón mundial en 2018.

La selección argentina, afirmémoslo sin temor, no es, hoy, un equipo. Es, apenas, un conjunto de muy buenas voluntades que deambula por las canchas tratando de dar lo mejor, sin una idea clara, sin un concepto de juego, y en muchas posiciones, sin los ejecutantes justos para cada ocasión.

Un ejemplo de ello es que mientras la selección se entrenaba con miras al partido ante Qatar en Porto Alegre, en Turín era presentado Maurizio Sarri como director técnico de la Juventus y lo primero que manifestó es que el juego de ese equipo debe basarse en sus dos talentos, Cristiano Ronaldo.y Paulo Dybala, quien para Scaloni es sólo un convocado testimonial, es decir, está físicamente, pero no cuenta, y anda siempre en zapatillas consciente de que es difícil que se calce botines por muchos minutos, como si hubiera tanto talento desperdigado que no hiciera falta.

Si hasta Messi, durante buenos pasajes de los partidos, parece perdido, como ido, por no encontrar la fórmula ya no para que haya un juego completamente colectivo sino siquiera poder combinar con su amigo, compañero de cuarto y socio en los Juegos Olímpicos, Mundiales sub-20 y otros torneos, Sergio Agüero. Si Messi no puede acercarse mucho a Agüero, es sólo porque no hay un funcionamiento colectivo que los ampare.

En ese aquelarre en el que la selección argentina no tiene la contundencia necesaria (ante Qatar sus delanteros perdieron demasiadas ocasiones claras), la parte defensiva es tan frágil que preocupa. Al no disponer de un volante de marca, como antes lo eran Javier Mascherano o Lucas Biglia (Scaloni no trajo ni a Ascacibar, ni a Kraneviter ni a Yacob, los tres mejores en esa posición), nadie sale a la marca, y la última línea es demasiado lenta, muchas veces queda en línea y habilita a todos, y falla en el juego aéreo.

Por suerte para Scaloni, y para el equipo, justo cuando la defensa falla tanto y no da la más mínima garantía, apareció en estos dos últimos partidos de Copa el mejor Franco Armani, salvando remates bien colocados, bien ubicado, y por supuesto, atajando ante Derlis González, de Paraguay, un penal decisivo.

La selección argentina no tiene una idea de juego. Sí tiene jugadores de buen pie como Leandro Paredes o Giovani Lo Celso, que no acaban de explotar en parte porque no sienten que haya una estructura atrás y porque todos siguen apocados ante la inmensidad de la figura de Messi, que hasta patea tiros libres de los costados que son más para sus compañeros.

Arriba, Agüero fue una máquina de perderse goles y Lautaro Martínez aparece, junto a Armani, como lo más rescatable de un conjunto que cambia todo el tiempo de nombres porque no encuentra claridad en lo que hay que hacer, aunque enfrente esté Qatar, regale un gol de entrada, y respete demasiado a la camiseta, al punto de entregar tres cuartos de cancha sin disputar la pelota, algo que no parece que vaya a hacer Venezuela el viernes.

¿Hasta dónde puede llegar esta selección argentina? Con esa camiseta, hasta el final, pero las bases para conseguirlo abren un inmenso signo de pregunta. Con este funcionamiento, ¿está Argentina en el nivel de Brasil, Uruguay o Colombia? Lo claro es que no hay ya tiempo para grandes mejoras. Este equipo es lo que es, y sea cual fuere el resultado que venga, lo claro es que al regresar tras la Copa, la AFA debe retomar el timón y comenzar, de verdad, el camino hacia el Mundial 2022 porque ya se perdió un año.

Por todo esto, la selección argentina tiene dos caras en estas horas: la del alivio por haber evitado el escándalo de quedar eliminada de la Copa en la primera fase, pero también la de la preocupación porque de fondo, en cuanto al rendimiento, las cosas no cambiaron demasiado.

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