Sergio Levinsky Fútbol Martes, 28 de Mayo de 2019

Este Barcelona empieza a parecerse a la selección argentina

El  Barcelona se fue desinflando. La posesión de la pelota ya no importó tanto como antes en el juego, en el sentido de “tenerla para algo” y se convirtió en un objetivo en sí mismo

Martes, 28 de Mayo de 2019
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Martes, 28 de Mayo de 2019 | El  Barcelona se fue desinflando. La posesión de la pelota ya no importó tanto como antes en el juego, en el sentido de “tenerla para algo” y se convirtió en un objetivo en sí mismo

Desde  Bielsko Biala, Polonia 

La distancia que pudimos tomar desde Sevilla a Bielsko Biala, donde esta tarde a las 18 (las 13 de la Argentina) la Selección sub-20 va a jugar su segundo partido del Mundial ante Portugal, nos permite, acaso, analizar con mayor frialdad lo que le está sucediendo al Barcelona, especialmente porque nos incumbe el rendimiento de Lionel Messi, el mejor jugador del mundo que probablemente vuelva a ser ratificado como tal por la FIFA, y además, se adjudicó el Botín de Oro al máximo goleador de Europa y aún así, está en crisis con el juego de su equipo. 

Si propusiéramos a los lectores un juego que nos acercara a un análisis mucho más certero de la situación y dijéramos que Messi se siente solo, que cuando levanta la cabeza no ve a nadie que juegue delante de su posición, que todos esperan que llegue el momento de cambiar de aires para que su estado de ánimo mejore, que juega en una estructura colectiva que ya no responde al sistema tradicional que le brindó éxitos, y que se va convirtiendo en perdedor serial de partidos decisivos, ¿en qué se suele pensar?

Hasta hace muy poco, toda esta descripción remitía a la selección argentina, en la que Messi sufría horrores, y a la necesidad de regresar a la disciplina de un Barcelona que le diera aire para volver a una situación natural de juego y salirse de la “enfermedad”.

Hoy, eso parece haber cambiado bastante. Y no porque la selección argentina pueda suministrar la calma que Messi necesita, sino porque con el paso de los años, especialmente en el último lustro, el Barcelona fue perdiendo identidad, aquellos rasgos que lo hicieron único en el juego preciosista y dominador de la escena mundial al punto de que en 2012, la terna para elegir al mejor jugador del año de la FIFA estuvo entre sus tres jugadores: Messi, Andrés Iniesta y Xavi Hernández, y ninguno le había costado dinero por contratarlos.

Pero salido Josep Guardiola en 2012 y fallecido Tito Vilanova en 2013, el Barcelona se fue desinflando. La posesión de la pelota ya no importó tanto como antes en el juego, en el sentido de “tenerla para algo” y se convirtió en un objetivo en sí mismo, y por tanto, vacío. Los contragolpes, antes ocasionales, ahora se pasaron a valorar diferente. El 4-3-3, que antes era una exigencia del “ADN”, ahora fue trocando por un 4-4-2, a veces un 4-5-1, hasta llegar a la final del sábado ante el valencia con un increíble 4-6-0 (con Sergi Roberto entre los más adelantados en el campo).

Un club con una posición sólida en lo económico, sin embargo, no tiene casi delanteros de recambio ante lesiones, porque busca volantes y defensores. Entonces, operado Luis Suárez para llegar bien a la Copa América con Uruguay, y lesionado (una vez más) Ousmane Dembélé, y con un Kevin Boateng en el banco de suplentes que está mucho más para palmear a sus compañeros al final que para entrar unos minutos, todo se reduce a Malcom, y éste no es tenido demasiado en cuenta por el director técnico Ernesto Valverde, que si sigue es porque la comisión directiva y los jugadores lo soportan. En este contexto, muchos DT saldrían por la ventana.

Es en este contexto en el que Messi ya no disfruta. Hace lo que puede y no es poco. En un partido en el que el Barcelona llegó aturdido por la eliminación de la Champions League en Liverpool, el argentino estrelló una pelota en el palo, metió un gol, y el arquero Jaume Doménech le sacó una que pudo haber entrado. Fue el que tiró de todo el equipo, pero el fútbol es un juego colectivo.

Que todos esperen que Messi se sume a los entrenamientos de la selección argentina en Ezeiza para ver si eso le cambia el ánimo con miras a la Copa América de Brasil es todo un indicio de cómo cambiaron las cosas, al margen de que el equipo albiceleste de Lionel Scaloni no es garantía de nada con estos antecedentes.

Lo que sí va quedando claro es que el Barcelona cada vez se parece más a la selección argentina y eso huele ya a fin de ciclo. Si no hay una gran renovación (empezando, aunque duela, por el DT Valverde), los azulgranas tienen muy mala pinta. Y Messi comenzará a recordar sus difíciles retornos desde Buenos Aires, cuando necesitaba de días y de otro entorno para recuperarse.


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