Rodolfo Braceli Por Rodolfo Braceli Viernes, 13 de Diciembre de 2019

¡Cuidémosla, por favor!

Viernes, 13 de Diciembre de 2019
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Viernes, 13 de Diciembre de 2019 |


Treinta y seis, 36, son los años que está cumpliendo nuestra democracia. Parece que fue ayer cuando Raúl Alfonsín desde el Cabildo nos dijo que gobernar iba a ser difícil, y lo repitió. La euforia traspapeló su advertencia. Desde entonces venimos cumpliendo años, pero, ¿estamos creciendo?

¿Nuestra democracia ya es adulta o está adulterada? Hay motivos para celebrar el advenimiento de un nuevo gobierno, pero no dejemos de reflexionar. Mucho cuidado: nuestra democracia está cercada: el neoliberalismo, hacedor de pobreza y analfabetización, no descansa. Ahí tenemos la carnicería de Bolivia. Y la entronización de Donald Trump. Y más cerca, Bolsonaro, un matón que hace alarde de xenofobia y racismo. Lo que pasa en Brasil espeluzna: es peligroso y es contagioso. Si Brasil estornuda Argentina cae en pulmonía. Nuestras democracias peligran por la falta de anticuerpos: ya sabemos que cualquier monicaco con billetera puede ser ungido por las urnas.

Observemos al presidente de la primera potencia mundial, con su flequillo rasante y su sarta de barbaridades: racismo explícito, berretín de una muralla de cientos de kilómetros, festival de misiles. Y Bolsonaro es el eco de Trump. La suya es una obscena dictadura. Hizo su campaña con la difamación electrónica de las redes, haciéndose gárgaras con su desprecio por los derechos humanos. Enarbola el odio sin asco.

Es evidente: la derecha se vale de la guadaña del neoliberalismo. Todo vale y de todo se vale. Y lo más grave es que ese aluvión asciende al Poder valiéndose de la democracia.

Pregunta: ¿qué pasará con la Argentina, sin anticuerpos, tan propensa a contagiarnos con lo que ocurre en Brasil?

En esta patria idolatrada hemos tenido que soportar  mandatarios con un promedio desolador. Presidentes incultos, presidentes vagos, presidentes invertebrados, presidentes de vocabulario paupérrimo, en fin, presidentes impresentables.

Lo peor es que estos personajes, fabricados por publicistas, confunden maquillaje con semblante. Campantes se valen de la legitimidad de las urnas. Madremía.

Estamos en el mundo con una democracia todavía endeble que es usada como forro o, si se prefiere, como condón. Muchos de los que gozaron ilesos los años de dictadura, ahora usan a la democracia con eficaz impudor. No hemos dejado de estar en peligro, nuestra democracia no termina de coagular. Hoy este país es un agujero con forma de mapa. En adelante la impaciencia será una forma de sabotaje y la desmemoria será reaccionaria.

Advertencias que formuló Alfonsín hace 36 años, desde el Cabildo, podrían formularse en este 2019. Para que los simpatizantes de la Mano Fuerte, de Bolsonaro, no nos madruguen recordemos los años atroces. Tras la desguerra de Malvinas la democracia nos cayó sobre la mollera. Jamás, en esta patria espasmódica, la democracia nos duró tanto. Nos duró pero sin consolidarse. Ojo al piojo, la democracia no se hace expectorando discursitos garabateados por publicistas.

Para que no nos brote el modo Bolsonaro es imprescindible hacer una exigente memoria y balance. Muchos acusan a la democracia de todos los males habidos y por haber. La democracia es lo que somos. Nos espeja. Hagamos memoria. La memoria  genuina no es retroceso. Semilla el día de mañana. La memoria es la placenta del futuro.

De vuelta: no basta con cumplir años para crecer. Afirmar que estamos en "la adolescencia de la democracia" es un cálculo de pueril optimismo. Apenas si es un bebé que gatea sin sostener la cabeza. Y ese bebé sigue acechado por los criminales que digitaron nuestras vidas y muertes. Dicho sea: la sangrienta dictadura no fue sólo cuestión de alucinados militares, contó con la participación de civiles, con la indiferencia activa (complicidad), de millones.

Renovada pregunta: nuestra democracia, ¿está consolidada? Nunca dejó de estar en peligro y esto se agudizó, por ejemplo, durante la década neoliberal del Señor de los Anillacos, cuando se entregó y rifatizó desde el ferrocarril hasta YPF, pasando por la aniquilación de la industria. Perdimos el equivalente de cientos de Malvinas. Vendimos las joyas de la abuela. Y a la abuela también.

Insistimos: pero, ¿por qué peligra la democracia? Porque aquí la paranoia se convirtió en una ideología, de derecha, que añora la Mano Fuerte y que se mueve lo más campante, sea con los milicos, sea con las urnas.

Más preguntas: ¿por qué a los 36 años de su edad nuestra democracia apenas si gatea? Porque nació prematura y gestionada por pocos. Veamos: La democracia, ¿es un fruto o una fruta? Un fruto es algo que se siembra, que se consigue fatiga y paciencia mediantes. Una fruta es algo que nos cae sobre la mollera. El fruto emerge desde abajo. La fruta viene de arriba. Recordemos: en 1983 la democracia nos cayó en la cabeza porque la banda de militares asesinadores agotó sus colmos con la des-guerra de Malvinas. Fue una fruta y no un fruto conseguido.

A la democracia la tenemos que hacer siempre. No la culpemos de nuestras corrupciones. Ella no es perversa ni virtuosa: es como somos. A la vista está: tipos amigos del gatillo fácil y de la picana están en carrera. Así cualquier Bolsonaro, miedos mediante, se apropia de nuestras vidas y de nuestros sueños.

La democracia será mejor cuando comprendamos que la corrupción es algo muuuy repartido en todas las profesiones. Ojo al piojo, que este mal de muchos no sea consuelo de tontos. Y algo más: la indiferencia es una activa forma de corrupción.

Lavarse las manos a veces es un acto de higiene, pero demasiadas veces es un acto de dañina cobardía. En realidad tenemos una democracia "como la gente". Y no nos olvidemos: la "gente" somos todos y todas. La democracia necesitará más que nunca de memoria activa, para saber de dónde venimos y para no caer en el sabotaje de la impaciencia.

zbraceli@gmail.com   == =   www.rodolfobraceli.com.ar




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