Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Jueves, 14 de Noviembre de 2019

Lula es "imperdonable"

Por Rodolfo Braceli (www. rodolfobraceli. com. ar/zbraceli@gmail.com)

Jueves, 14 de Noviembre de 2019
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Jueves, 14 de Noviembre de 2019 | Por Rodolfo Braceli (www. rodolfobraceli. com. ar/zbraceli@gmail.com)

Lula livre. Dos palabras que suenan como una canción. La enarbolan los que se asoman a la dignidad. Lula livre. Estamos viviendo días de historia explícita. Lula libre: No lo vamos a negar, la alegría también existe. Más allá de la alegría, debemos reconocer que, en el fondo, Lula es "imperdonable".

   (Empiezo por aclarar que esta columna fue escrita antes del Golpe de Estado que destituyó a Evo Morales. Evo, un indio que asumió con un 25 por ciento de analfabetos, y fue derrocado cuando Bolivia registraba menos del 2 por ciento de analfabetos. Otro día me extenderé sobre Evo. Sigo con Lula).

   Estamos en una pulseada que no sólo sucede aquí y en la América latina, se extiende al mundo "desarrollado".

   Si la alegría por Lula libre es con nosotros; la crispación enconada, el odio galopante es con los de la otra vereda. Cuando Lula fue encarcelado, pocos imaginaron que esa barbarie jurídica iba a extenderse 580 días con sus noches.

   Durante el  gobierno de Lula más de 30 millones de humanos conocieron lo que se nombra como una casa, agua, luz, cloacas, alfabetización. Es decir; 30 millones accedieron a la dignidad.

  Y vino la cárcel. Un Golpe anticipado. Estupor mundial. El juez encarcelador de Lula, encarna el colmo de la impunidad golpista. Se llama Sergio Moro. El tal Moro, a continuación de su antidemocrática "hazaña" fue ministro ¡de Justicia! de Jair Bolsonaro. El método Bolsonaro para ganar las elecciones fue simple: con la complicidad de una justicia podrida mandó a Lula a la cárcel. Lula no pudo competir en las presidenciales. Después, Bolsonaro predijo que Lula se iba a "pudrir en la cárcel". Tras un año y medio, el viernes 8 de noviembre Lula salió en libertad. A los 74 años de edad, se lo ve brioso, de buen semblante, dispuesto a reanudar su caravana de concientización política. Además, este Lula no esconde que está enamorado; prometió casarse con Rosángela.

  La detención de Lula produjo indignación y estupor en medio mundo y en la otra mitad también. Bolsonaro entretanto siguió con sus desopilantes matoneadas; por ejemplo, se burló del presidente de Francia porque tiene una esposa mucho mayor que él. Al presidente electo argentino, Alberto Fernández, directamente lo descalificó y le anunció que no iba a asistir a su acto de asunción.

  La gravedad de las declaraciones y gestos de Bolsonaro desnuca cualquier adjetivo. Es una especie de matón del barrio. Está poniendo en peligro la paz de la América latina entera. Estamos ante un monicaco ultra neoliberal que se hace gárgaras con su Mano Fuerte. Arremete contra feministas, homosexuales, diferentes y seres humanos con anteojos.

  Pero el inconcebible Bolsonaro no pudo desmoralizar al Lula preso. Lula, ya libre, emerge con una vitalidad contagiosa. Pero ojo al piojo: lo malo de Bolsonaro no se reduce a Bolsonaro. Entre nosotros las últimas elecciones demostraron que hay varios dirigentes que apostaron el "método Bolsonaro". Apostaron al elogio de la represión, y al desprecio por lo "latinoamericano", y a la xenofobia, y al racismo, y  al antifeminismo, y etcétera, etcétera. Los imitadores de Bolsonaro, con Lula libre, estos días destilan hiel, están envenenados. Encima de mediocres -por imitadores-, son saboteadores de la democracia. Y se llenan la boca con la palabra "república".

   El caso Lula, con la manipulación de la justicia para consumar golpes de estados que impiden candidaturas, nos evidencia que la democracia está en real peligro. Cuidado con distraernos.  Aprendamos por fin que la democracia debe ser un prodigioso insomnio. Tenemos que dormir con un ojo abierto y con el otro también. Lo que le hicieron a Lula no es algo aislado, y se continuará. El viejo neoliberalismo está dispuesto a todo: a patear el tablero, al fraude, a la represión, a lo que venga; no le hacen asco a nada.

  El crispado y pornográfico neoliberalismo no se resigna a no gobernar. Se valen del juego de las urnas careteando. Se valen de las dictadura cuando les conviene. Finalmente, a la sagrada democracia la usan. Como condón. Si la palabra "condón" resulta muy dura digamos que a la democracia la usan como preservativo. ¿Qué preservan los Bolsonaro y sus imitadores nativos? Preservan la idea de que el bienestar, la educación, la Universidad, la salud son privilegios sólo accesibles para el 10 o el 15 por ciento de la población. El resto, que reviente. Que lo mire por tevé.

  Volvamos a Lula libre. O Lula livre. De pronto "libertad" se puede escribir con b larga o con v corta. Con v de vida, con v de victoria.

   Al comenzar esta columna propuse una afirmación que quedó en remojo. Dije que Lula da Silva es "imperdonable". Reitero esa afirmación entrecomillada (antes de que me la saquen de contexto). Ahora sabemos que Lula  merece diez, cien, mil años de cárcel. ¿Por qué? Digámoslo: Lula fue encarcelado no por sus errores, fue encarcelado por sus aciertos. ¿Qué hizo? Lo dicho: En su gobierno consiguió que más de 30 millones de brasileros despertaran, se alfabetizaran, salieran de la pobreza extrema y por fin pusieran un pie en el estribo de la vida digna. Nada menos.

    Para las damas y caballeros adictos al neoliberalismo, gobernar vadeando el hambre, la promiscuidad y la analfabetización, es intolerable.

   Por eso decimos que Lula es "imperdonable". Se lo quiso borrar del mapa no por sus carencias, sino por sus logros. ¿Dónde se ha visto que los pobres dejen de ser pobres, que los analfabetos dejen de ser analfabetos? ¿Dónde, pero dónde se ha visto que el pan de cada día y de cada noche no falte en ninguna mesa?

  Decididamente, Lula es "imperdonable".

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