Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Jueves, 7 de Noviembre de 2019

El "privilegio" de ser pobre

Por Rodolfo Braceli

Jueves, 7 de Noviembre de 2019
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Jueves, 7 de Noviembre de 2019 | Por Rodolfo Braceli

¿Alguien puede imaginar a Borges hincándose para recomendar a otro escritor? Eso pasó. Antes de dar detalles, me pregunto: realmente, ¿estamos en año 2019 después de Cristo? Porque, aquí, hace rato volvieron las pesadillas del 2001. La tan cacareada "república" está hipotecada hasta los güevos y las güevas.

   Permiso, voy a convocar la atención de los lectores para retomar un breve relato escrito ¡hace más de un siglo! por un tal Rafael Barrett; aquel escritor que Borges recomendaba ¡hincándose! Textual de Barrett:

  "El banquero dio en el cigarro, para desprender la ceniza, un golpecito con el meñique cargado de oro y rubíes.

-Supongo, dijo, que aquí no nos veremos en el caso de fusilar a los trabajadores en las calles.

  El general dejó el cocktail sobre la mesa y rompió a reír:

-Tenemos todo lo que nos hace falta para eso: fusiles.

  El profesor, que también era diputado, meneó la cabeza.

-Fusilaremos tarde o temprano -dictaminó-. La huelga de las comunicaciones es la más grave. Constituye la verdadera parálisis, el síncope colectivo, mientras que las otras se reducen a simples fenómenos de desnutrición.

  El general levantó su índice congestionado:

-Será vergonzoso limitar el desarrollo de la industria por miedo a la clase obrera.

-Las ideas se difunden irresistiblemente -agregó el profesor. ¡Y qué ideas! Cuando más absurdas, más contagiosas. Han convencido al proletariado de que le pertenece lo que produce. El árbol empeñado en comerse su propio fruto. Observen ustedes que los animales suministradores de carne son por lo común herbívoros. El Nuevo Evangelio trastorna la sociedad, fundada en que unos produzcan sin consumir y otros consuman sin producir. Pero váyales usted con ciencia seria a semejantes energúmenos. Se figuran que el proletario tiene cerebro."

-Qué tontería, ¡los pobres obstinados en ser ricos! -suspiró el banquero. ¡Cómo si los ricos fuéramos felices! Estamos agobiados de responsabilidades; la fortuna es un obstáculo (.) Nos es muy difícil entrar en el paraíso, cuando tan fácil les sería a ellos si se resignaran. ¿Por qué no se conforman los pobres con su suerte, como nosotros los ricos nos conformamos con la nuestra?

-Ya no les basta el sufragio universal -dijo el profesor-. Ahora quieren arreglar por sí mismos sus asuntos. Nada más peligroso.

-Las leyes son deficientes -exclamó el general.  La ley debe asegurar el orden. La asociación de agitadores, la huelga, son delitos. En el instante en que el trabajo cesa, el orden se destruye. Yo, militar, hubiera hecho fuego sobre los huelguistas. Los hubiera considerado extranjeros, enemigos de la patria. ¡Sacrílegos!

-Lo terrible no es que se nieguen a respetar el orden establecido (.) Buenos Aires está plagado de anarquistas rusos. Y sigamos elevando salarios y disminuyendo horas de labor para que el obrero ¡maldita cultura superflua! compre libros o aprenda a fabricar bombas.

-Sí -apoyó el general. Lo confieso, yo estaré del lado de los cañones. No es sólo mi oficio, sino mi doctrina. Y si los rebeldes se resisten a construir cañones obliguémosles a cañonazos.

  Un criado anunció el almuerzo. Los tres personajes pasaron al comedor, donde les esperaban las ostras y el vino del Rhin."

Esto lo escribió Rafael Barrett hace más de ciento diez años. Barrett nació en España, en 1876, y murió a los 34 años de tuberculosis, en Francia. De familia aristocrática, Rafael dejó bonanzas y privilegios y llegó a Buenos Aires en 1903. Periodista y agrimensor, al año se fue al hondo Paraguay. Eligió el camino más arduo; perseguido por sus denuncias referidas a la esclavitud de los yerbales, sufrió cárcel, tortura y fue deportado a Montevideo. (Sus "Cuentos breves" fueron  editados por la pujante editorial Mil Botellas de La Plata, en el 2008.) La valoración de Barrett viene con palabras de David Viñas, Augusto Roa Bastos y Abelardo Castillo.

  Es llamativo lo que escribió sobre él Borges, alguien reacio a la literatura con sensibilidad social. Opinó Borges en carta a un amigo: "Te pregunto si no conoces a un gran escritor, Rafael Barrett, espíritu libre y audaz. Con lágrimas en los ojos y de rodillas te ruego que cuando tengas un nacional vayas derecho a lo de Mendesky o a cualquier librería y le pidas 'Mirando vivir'. Es un libro genial cuya lectura me ha consolado de las ñoñerías de Giusti, Soiza Reilly y de mi primo Alvarito Melian Lafinur."

   Posdata: Leyendo a este Barrett que Borges recomendaba de rodillas, advertimos que, en materia de injusticias e insensibilidad social, estamos como hace un siglo. Es que el neoliberalismo viene eterno. Se me cruzan imágenes de militares que fueron dueños de vidas y de muertes y de gajos robados desde la placenta. Imágenes como las de los Martínez de Hoz, los Alsogaray, los Dromi y los Cavallo que privatizaron (rifatizaron) hasta el aire, alentados por el indultador Señor de los Anillaco, y por los prepotentes líderes de la Rural; por los hoy "dueños" de la escarapela y del destino de la "república". En fin, alentados por esos señores que hacen fortunas con la soja mientras siguen reduciendo a la esclavitud a jornaleros rurales que duermen en nichos de lata en los que ni entra un ataúd.
  
  Así es: necesitamos releer al lúcido Barrett: "Qué tontería, los pobres obstinados en ser ricos! ¡Cómo si los ricos fuéramos felices! (...) ¿Por qué no se conforman los pobres con su suerte, como nosotros los ricos nos conformamos con la nuestra? (.) Han convencido al proletariado de que le pertenece lo que produce."

  Barrett no conocía la palabra "neoliberalismo", pero la tenía clara; mortales, oíd: él sabía que unos "producen sin consumir y otros consumen sin producir". Madremía.

(www. rodolfobraceli. com. ar/zbraceli@gmail.com)

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