Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Jueves, 31 de Octubre de 2019

Pibe Braian, perdónanos

Por Rodolfo Braceli

Jueves, 31 de Octubre de 2019
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Jueves, 31 de Octubre de 2019 | Por Rodolfo Braceli

Creer o reventar: esto pasó aquí, en la Argentina. La Argentina, nuestra patria idolatrada, está en el mundo. El hecho sucedido es un caso testigo, es síntoma y reflejo de una realidad inocultable. Vale la pena ventilarlo y reflexionarlo, aunque nos incomode.
   Solemos presumir de no ser un país que padece la repugnante enfermedad del racismo. "Aquí prácticamente no existe el racismo", decimos sacando pecho, o sacando pechoS. Se trata de un engaño extendido y consentido. Padecemos un racismo larvado, subcutáneo.        
   Es un racismo social, a partir de la vestimenta. No sólo del color de la piel. Esto me lo definía el Negro Rada hace treinta años en una entrevista: "Antes, cuando era pobre, mucha gente se cambiaba de vereda al verme. Cuando me hice famoso eso dejó de pasarme".
   Otro ejemplo: en los momentos de enfermedad y derrumbe Maradona por mucho tiempo fue crucificado con este concepto: "Pero ¡qué otra cosa se puede esperar de este negro villero!" La idolatría disolvió el concepto.
   Nuestro racismo es más agudo de lo que creemos. En los años recientes se ha manifestado con una creciente xenofobia fogoneada por notorios dirigentes (amantes de la Mano Dura) que aborrecen a peruanos, bolivianos, paraguayos. Estamos copiando lo peor de una Norteamérica paranoica y de una Europa que cierra, egoísta, sus fronteras. Los Trump y los Bolsonaro son imitados por un creciente sector político, en busca del rédito rápido en las urnas.
  Estamos perdiendo velozmente la virtud de la hospitalidad y de la solidaridad. Olvidamos que venimos de abuelos migrantes, hambrientos.

   Pido unos minutos para reflexionar sobre un caso expandido por las redes sociales. Braian Gallo es un joven de 22 años que fue presidente de mesa durante los comicios del domingo 27 de octubre del año 2019 después de Cristo.
   Braian cumplió su tarea durante 14 horas. Se fue vestido con lo que tiene, cometió el delito de lesa humanidad de ir con una gorrita que se colocó con la visera para atrás. Un ser humano con alma hedionda, lo escrachó. La foto se viralizó por las redes. Y con ella comentarios repugnantes. "¿Cómo un pendejo villero puede presidir una mesa electoral?" "Cuidado con él, está para el choreo: ojo con la billetera y con los celulares", etcétera, etcétera.
   Braian, su madre, su hermana, su compañera respondieron desde el dolor. Braian tiene un hijo, su pareja Ailen contó que "se rompe el lomo todos los días para traer comida a casa". Y agregó: "No por tener piel morocha somos unos chorros."
  Braian, sin estridencias, sumó: "Ven un negro, acá, y se corren para un costado. Piensan que les vas a robar todo. Me duele que nos traten de chorros, nosotros sólo somos humildes. Hay gente que viste de traje y corbata y son los más chorros de la Argentina."
   Con un punto y aparte, reitero la frase: "Hay gente que viste de traje y corbata y son los más chorros de la Argentina."
   Una digresión: ¿alguien vio a algún gerente o gerenta del Fondo Monetario Internacional pobremente vestido? La pregunta puede sonar pavota, pero está sustentada por la reveladora realidad.
   No pasemos por alto algo más que expresó el pibe Braian. Dijo que estaba contento de haber presidido una mesa en la que vio votar a su madre, a su padre, a su abuelo. No pudieron decir lo mismo las damas y caballeros que, por miles, faltaron a la convocatoria para ser autoridades de mesa.
    Nos viene la imperiosa necesidad de contar cómo es este joven Braian insultado por las cobardes redes sociales. No es un alienígena, aunque su piel tiende al marrón. (¿A quién se le ocurre salir a la calle con ese colorcito sospechoso?)
   Su rostro tiene nariz, un par de ojos nada celestes, un par de orejas, usa como casi todos los jóvenes de su barrio la visera para atrás. Su trabajo diario es "sanear arroyos"; es decir, limpiar lo que los demás ensucian. Para su hijo Braian sueña que no le falte el pan de cada día y de cada noche. Y sueña con que le vengan inviernos no tan fríos y veranos no tan tórridos. Y pretende, además, para él, que la gente deje de mirarlo con la sospecha entre ceja y ceja.
  Un detalle: Braian Gallo vive en la localidad de Moreno, en la provincia de Buenos Aires. No demasiado lejos de su modestísima vivienda y del establecimiento donde con orgullo fue presidente de mesa, el jueves 2 de agosto de 2018 en otra escuela, por un escape de gas, hubo una explosión en la que murieron la vicedirectora, Sandra Calamano (48) y el portero, Rubén Orlando Rodríguez (45). Estaban preparando el desayuno para los chicos que entraban quince minutos después. En fin.
Posdata
  El racismo, la xenofobia, últimamente han "enriquecido" los hábitos de muchos compatriotas. Es una lástima que lastima nuestra condición humana.
Cuando nos vienen los odios nacianaludos debiéramos pensar que los diferentes somos tan, pero tan iguales. El colorcito de la piel y la pilcha no nos garantizan honestidad. Una línea de mapa no es más que una línea. Y la nacionalidad, una pura casualidad. Porque la Tierra es una sola, y dividirla una picardía. La más de las veces, una sangrienta picardía alimentada por los fabricantes de misiles y otros artefactos persuasivos.
   Pensar debiéramos que la famosa Tierra, por aire, mar y tierra, está perfectamente dotada para irse, no a la mierda, sino a algo irreparable, a la mismísima Nada.    
   Tengamos la crucial grandeza de considerar lo chiquito que somos: como planeta, menos que una arenita flotando en la inmensidad del cosmos. Ojo, eso por ahora.
   Nuestro abrazo y nuestro respeto para Braian. Nos enteramos que cuando devolvía el documento tras cada sufragio, decía: "Gracias por venir a votar". Gracias a vos, pibe. Y perdónanos.

(www. rodolfobraceli. com. ar/zbraceli@gmail.com)

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