Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 18 de Octubre de 2019

Mendoza, ¿se merece a Quino?

Por Rodolfo Braceli

Viernes, 18 de Octubre de 2019
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Viernes, 18 de Octubre de 2019 | Por Rodolfo Braceli


Por estos días Quino no está cumpliendo años. Ni la Mafalda tampoco. Y entonces: ¿por qué esta columna? Simplemente porque a veces soy cantor. Y se me canta.

   
Damas y caballeros, aunque no resulte simpático, una vez más pregunto: ¿no es acaso una paradoja que Joaquín Lavado, el Quino, haya nacido y aprendido a respirar en Mendoza?
  
Resulta oportuno insistir con la antipática pregunta:  ¿el promedio de la sociedad mendocina -no todos, el promedio- está a la altura de la lucidez del inconformista  hacedor de la niña Mafalda? Concretamente: el conservadurismo, la pacatería, los prejuicios, la contractura moral de nuestro promedio social ¿tiene derecho a sacar pecho/s con el Quino que hace algunos años ganó esa especie de Nobel que es el premio Príncipe de Asturias? ¿Qué hubiera sido de Quino si la dictadura del '76  lo encontraba en Mendoza? ¿Le hubiera ido mejor que a Di Benedetto, que a Jorge Bonnardel?  Hagámonos cargo de las preguntas. Voy por Joaquín Lavado. Lo primero que hizo fue nacer (Mendoza, 932). A los 21 años hizo pie en Buenos Aires, y de aquí al mundo. Cierto día de 1967 vino de pasada a Mendoza y lo entrevisté. Otros encuentros nos sucedieron ya en Buenos Aires: en 1987 para hacerle el reportaje-prólogo destinado a su antología "10 años de Mafalda". Después lo entrevisté en 1990 y en 2001. Pasados los años observé a un Quino que superaba el corsé del denso pesimismo y se animaba a la alegría, desanudaba su grave timidez.

  
Repaso: tenía Quino 35 años cuando lo entrevisté por primera vez. No nos tuteamos. Le entré mal: "¿Cómo es posible que no le guste el fútbol?" Me respondió disgustado: "¿Acaso eso es una tragedia?" Le respondí: "No. Es una lástima". Después le pregunté: "¿A dónde va a parar el mundo?" No encontró palabras. Le pedí que me respondiera con un dibujito en una servilletita. Y Quino con mi birome dibujó primero un hombrecito de anteojos (yo), después un globo terráqueo... El hombrecito pateaba el globo, lo convertía en balón. Adiós planeta, adiós.

   
Dos décadas después lo volví a reportear. Quino venía de vivir en Europa los años del limbo del infierno, a partir de 1976. Le pregunté sobre el día de su nacimiento.
-Sólo sé que nací a las cuatro de la tarde. Entre los 10 y los 18 años viví asediado por la muerte: un abuelo, mi madre, mi padre... No podía escapar del luto: puerta entornada, nada de radio ni de música ¡y un brazalete negro! Con ese brazalete me sentía un nazi. Feo, ¿no?

-¿Cómo era Quino a la edad de Mafalda?

-Muy solitario. No jugaba a la pelota; por mi timidez espantosa no quería ir a la escuela. Sólo quería dibujar. Mi madre me convenció de que si quería dibujar con los globitos, como en las historietas, también tenía que escribir los textos. Y a escribir iba a aprender sólo yendo a la escuela. Fui. Mientras, me acercaba a mi tío Joaquín Tejón, que era pintor, dibujante publicitario. Ahora me viene una imagen lejana: un día mi madre trajo una enorme mesa de madera clara, de álamo... yo me acosté boca abajo sobre ella y la fui cubriendo de dibujos... Ella me dijo: "Si quieres seguir dibujando tienes que lavar la mesa cada vez."

-¿Cuál es la clave de Mafalda?

-Una contradicción: a uno de chico le enseñan cantidad de cosas que no deben hacerse porque hacen daño... pero resulta que cuando uno abre los diarios se encuentra con que los adultos perpetran masacres, guerras, etc.
   (Quino metía el dedo en nuestra llaga: la hipocresía. Siguió contando.)

-No reniego de Mafalda. Fueron diez años de mi vida y la de Alicia, mi mujer. Pero el viejo Oski tenía razón: la permanencia en la historieta me endureció la línea... Para que los personajes me salieran iguales... a veces los calcaba. Fue duro eso: Alicia debió soportar esta rutina y resolver mi vida exterior con el mundo. Hay dibujantes a los que mantener su historieta les costó el matrimonio. Mucha gente me dice "Quino, ¿por qué mató a Mafalda?" Si seguía, la historieta iba a terminar por liquidar al dibujante.


-Si hoy le pregunto dónde va a parar el mundo, ¿qué me dice?

-Iremos a parar al espacio. Porque volaremos en cohetes. Yo era muy pesimista, viajando aprendí cosas. En Cuba vi lo que puede la voluntad y la unidad. Aun en la pobreza, con el esfuerzo común se puede conseguir salud, educación, alimentación.

-¿A dónde cree que vamos a parar cuando dejamos de respirar?

-A la nada.

-Confiéseme alguna íntima maldad suya.

-A ver... je. de chico, jugando solo, miraba mucho a las hormigas: las negras grandotas, buenazas; las chiquitas coloradas, malísimas; y las marroncitas, que no eran dañinas. Miraba las terribles guerras entre las hormigas, quedaba la tendalada. Algunas veces atrapaba una mosca viva, le arrancaba las alas y la arrojaba al centro del hormiguero. Hoy me da escalofríos decirlo.
 
  (El Viernes Santo del 2001 ya nos tuteábamos. Le pregunté si seguía incrédulo:)

-No, creo muchísimo... Soy agnóstico; no sé, ateo también. Creo en taaantas cosas. soy un animista. He sido educado como hijo de republicanos españoles. Mi vieja, Antonia Tejón, y mi abuela eran comunistas. Mi abuelo también ¡muy anticlerical!

-La carencia de un Dios, ¿te desasosiega?

-No. Porque creo en aquel árbol y en el sol y en la lluvia y en los pajaritos. Mirá, Rodolfo, la otra noche soñé con una pareja de pajaritos. Venían a invitarme a su boda.
  
Posdata.  Puse una pregunta en remojo sobre la paradoja que significa que el Quino haya nacido en Mendoza. Un sitio con muuuuy alta tasa de mentalidad pacata. Digamos que a la Mendoza neoliberal, conservadura, el Quino le salió por la culata. ¡Brindemos por Antonia Tejón, la autora del autor de la Mafalda!


* zbraceli@gmail.com == www.rodolfobraceli.com.ar










































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