Rodolfo Braceli CONTRATAPA Jueves, 10 de Octubre de 2019

Madres, parteras, prodigiosas

*  zbraceli@gmail.com  ==  www.rodolfobraceli.com.ar

Jueves, 10 de Octubre de 2019
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Jueves, 10 de Octubre de 2019 | *  zbraceli@gmail.com  ==  www.rodolfobraceli.com.ar


Descreo de los "días de" la madre, del padre, del amigo, de la secretaria, del periodista, de la reverenda lora, etc. Pero el caso es que se nos viene  el Día de la Madre y lo tomo de excusa para celebrar a las eternas madres parteras de la memoria.
  Esas mujeres -tan sufridas, tan ejemplares- vienen siendo agraviadas por pavos reales con sidecar. Recupero reflexiones vertidas en esta columna. Octubre se nos escabulle y nosotros estamos entretenidos por el anuncio de los premios Nobel. (No terminamos de cicatrizar la frustración por el Nobel que nunca consiguió el sumo ciego, don Borges.)
   Este año, algunos pensaron que el Nobel de la Paz podía ser, por fin, para las Madres Abuelas de Plaza de Mayo, más admiradas en el mundo que en la Argentina como parteras de la memoria hacedora. Con o sin Nobel, ese premio para las Madres Abuelas es un detalle de morondanga. Muchas de estas mujeres prodigiosas, con más de 90 años de edad, siguen trajinando: no le aflojaron, no le aflojarán. Ya le devolvieron la identidad a 130 seres que fueron afanados al nacer por aquella dictadura que, tortura mediante, violaba las vidas. Y después violaban las muertes negando hasta la identidad de la sepultura. Finalmente, como yapa atroz, afanaban criaturas de cuajo, arrancadas desde la placenta.
   Falta recuperar más de 300 seres que hoy no saben cómo se llaman. Con escandaloso impudor asoman intelectuales y periodistas que celebran los supuestos errores de las Abuelas Madres. Quieren destruirlas, pero no podrán. Esta patria, tan violada, encontró en las "Viejas locas" la última trinchera de la dignidad. Ellas -mujeres con güevas- nos vienen enseñando la ciencia de la paciencia. Que la paciencia es lo contrario de la resignación.
   Y nos enseñan, además, que la tan basureada "memoria" no es retroceso, es semilla del futuro. Tienen, ellas, el mejor optimismo, el optimismo de la memoria.
   Entonces: ¡al carajo con el Nobel! Y brindemos por las Madres Abuelas que fueron, en medio de un océano de tinieblas, el único faro. Mientras, alrededor se practicaba la obscena indiferencia activa. Y se convertía a la paranoia en ideología; la digestión era la actividad cívica predominante.
   La confusión nos come por las patas: aquí, aquí mismo, hay muchos, demasiados, que por un lado enarbolan la defensa de "las dos vidas" y por otro liquidan vidas por cientos, por miles, convirtiendo a la pobreza y al hambre en sucesos "inevitables".
   Nuestras Madres, tan ofendidas en estos tiempos, merecen nuestra honra y nuestro brindis. Y para acompañarlo retomo una plegaria de intemperie que nació como posdata de mi libro "Madre Argentina hay una sola" (Sudamericana, 1999)
            
- Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia.
¿Qué sería de nosotros si Ellas, las Madres Abuelas, no existieran?
¿Qué quedaría de nosotros si ellas no hubieran salido a alumbrar la más eterna de las noches?
¿Qué sería de nosotros? ¿Qué? ¿Estaríamos de pie? ¿Estaríamos en cuatro patas? ¿Estaríamos?

-Ellas nacieron para semillar semillas. / Para resucitar lo desaparecido.
Ellas gritan con el alarido y gritan con el silencio.
Fueron el único sol que enfrentó aquella demasiada noche impuesta por los dueños de la vida y de la muerte.
Ellas se tutean con el milagro / pero no esperan que caiga del cielo.
Una de dos: lo hacen o lo hacen, al milagro.
-Si el diablo mete la cola, no importa: ellas siguen a donde iban.
Si Dios no baja, no importa: / ellas llegarán donde querían.
Ellas van, siempre van: van cuando van y van cuando regresan.
Van hacia adelante, aunque giren: / ellas son la memoria del círculo.
- Ellas salen a darle vuelta los bolsillos a la muerte.
-No necesitan brújula, ¡para eso sus corazones!
-No necesitan sol, ¡para eso sus corazones!
-No necesitan luz ni luna, ¡para eso sus corazones!
-No necesitan escudos, ¡para eso sus corazones!
-No necesitan pensar, ¡para eso sus corazones!
-No necesitan armas, ¡para eso sus corazones!
-Desguarnecidas y huracanadas, ellas, impacientes, pero ¡con cuánta paciencia!
-Llegado el caso pueden deletrear el desierto arena por arena
hasta encontrar el rostro de la arenita que buscaban.
Y cuando la encuentran a su arenita / dicen hija mía, hijo mío.
Y nada más dicen, / ya están abrazándose.
Si es rueda la Vida, rueda por ellas, / por sus corazones porfiados.
-Así fue. Así es. Así será. / Porque tienen, ellas, el optimismo de la memoria.
Porque ¡ya basta de acusar a la piedra, de la pedrada!
Porque cuando llegue el momento de rajarle el vientre al Apocalipsis
(ese momento llegará, llegará.), ellas serán las que hagan profundo el tajo.
No les temblará el pulso. / Y después del tajo, ellas, desde muy adentro, / le arrancarán una aurora, / al Apocalipsis.
Y entonces, acunarán al nuevo día, / le arrimarán el pezón y le darán de mamar. Y la Vida no tendrá más remedio que continuar.

-Vamos a insistir con la pregunta:
¿Qué quedaría de nosotros si ellas, las Madres Abuelas, no hubieran  existido? / ¿Estaríamos de pie o en cuatro patas? ¿Estaríamos?
Sin ellas, los puntos cardinales / no serían cuatro ni tres ni dos ni uno, ni nada.
Sin ellas, esta olvidadiza patria idolatrada, / sería un definitivo agujero con forma de mapa.
Sin ellas, de tanto tocar y tocar y tocar fondo ¡hubiéramos desfondado el abismo!!!
POSDATA.  Que conste: en este 2019, junto a la celebración de las Madres Abuelas, va nuestro abrazo para esas mujeres nuestras que a veces eligen no ser madres. Lo deciden porque son dueñas de su cuerpo y de su albedrío y de su humedad. Lo deciden, aunque el antediluviano Senado de la Nación haya des/votado esa ley que, a la corta o la larga, será aprobada: la ley del aborto legal, no clandestino, gratuito, asistido y solar.

 

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