Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Jueves, 8 de Agosto de 2019

Lorca, criatura asesinada

(www. rodolfobraceli. com. ar/zbraceli@gmail.com)

Jueves, 8 de Agosto de 2019
Diario Jornada Diario Mendoza. Buscanos en Facebook, Twitter e Instagram

Jueves, 8 de Agosto de 2019 | (www. rodolfobraceli. com. ar/zbraceli@gmail.com)

Digámoslo rápido y en el castellano de Suramérica: hace 83 años los malparidos lo asesinaron. Ojo al piojo: lo asesinaron, pero no lo pudieron matar. No siempre la muerte se sale con la suya. El asesinado se llama Federico García Lorca, tenía 38 años, era una criatura: vivía (vive) en estado de poesía.
   Desde muy adentro de la palabra "agosto" brota su nombre: Federico. Sucedía la madrugada de un miércoles. Lo asesinaron por la espalda, como se acostumbra también en estos tiempos. Para España se venían décadas de dictadura y de incienso bajo el puño de Francisco Franco, generalísimo por la Gracia de Dios. Joder con la gracia.
   Pronuncio "Lorca" y se me cruza Pilar Franco, hermana del reverendo Generalísimo. Retomo un recuerdo: en 1982, después de 6 años de silencio periodístico inevitable, yo volvía a escribir en una revista argentina, en Siete Días. Viajé a España con Carlos Abras, gran fotógrafo. Entrevisté a personajes muy diversos: al hijo de Miguel Hernández (el de las nanas de la cebolla), al supremo guitarrista Andrés Segovia, y a la espeluznante Pilar Franco. Por entonces Franco descansaba ¿en paz? debajo de un colosal monumento. El caso es que doña Pilar simpatizaba con la Argentina y aceptó mi reportaje. Se ufanaba de su amistad con Isabel Martínez. A Pilar la recuerdo chiquita, impetuosa y sonora, con un departamento repleto de pescaditos de todos los colores. Era pisciana.
   Aquella Pilar adoraba a su difunto hermano dictador, pero también lo criticaba. Decía: "Paco en el fondo fue blando, demasiado bondadoso". Y por eso, tras su muerte, "España se dio vuelta como un calcetín y cayó en el libertinaje y en otras asquerosidades." Pilar argumentaba, enardecida: "Fíjese usté las cárceles ¡hoy son hoteles 5 estrellas! Y vea usté con qué amabilidad se reprime a los delincuentes que salen a protestá. Qué vergüenza ¿dónde se ha visto? ¡balas que no matan! ¡balas de goma! Sí sí sí, lo que le digo: Paco fue muy blando ¡y aquí tiene usté las consecuencias!"
   Yo escuchaba a Pilar con el grabador encendido. Crispadísima me enumeró las crueldades de los Republicanos en la Guerra Civil. Cuando hizo una pausa para resollar, me animé y le dije que también los falangistas habían cometido "algunas crueldades". Pilar me desafió: "A ver caballero: dígame usté una sola crueldad." Le dije: "El asesinato de García Lorca". Estalló: "Bien muerto está ¡el degenerado ese!"
  Definición de la dulce Pilar Franco: García Lorca: ¡el degenerado ese!"
  Todavía no se encontró el cuerpo del "degenerado", desapareció en una fosa común. Su vida fue interrumpida, abortada, y ni siquiera hay una tumba para ponerle un clavel rojo a sus huesitos. La búsqueda de sus restos continúa.
  Que me disculpen los devotos del Generalísimo por la Gracia de Dios, y los devotos de Bolsonaro y de Trump, y los devotos de la mano dura, y de la pena de muerte. A continuación voy a recuperar un fragmento de "Federico García viene a nacer", mi obra estrenada y protagonizada en 1986 por Miguel Ángel Solá.
 
   "-Te llamabas Federico García Lorca. Eras de carne, de hueso, de sangre. Y eras de luz. El 19 de agosto de 1936, la nuca de tu luz fue acribillada.
Ay, luz tan derramada. Ay, eso no se hace con una criatura. Ay, eso no se hace con la luz. Pero eso se hizo.
De a uno se mató a cientos. De a uno se mató a miles.
Allá y acá, a miles, de a uno se los borró del suelo: en el nombre del Orden. Y en el nombre de la Paz. Y en el nombre de la Seguridad Nacional. Y en el nombre de las Buenas Costumbres. En fin...
Allá y acá a la impunidad se le llamó heroísmo.
Y fue sembrada de muerte la enamorada tierra.
Y hasta fue violada, mil veces violada, la muerte.
Y el abismo se desfondó.
Ay... Federico, qué hicieron con tu espalda.
Con balas de odio te quemaron la camisa y la nuca.
Lo hicieron, nomás. Federico. Y a las campanas se les desgajó la lengua. Y ya no doblaron.
Y el aire se derrumbó, con menos gesto que un gorrión vulnerado.
Y el viento se asfixió.
Y el Verbo perdió el habla.
Y las alas, todas, se desplomaron: eran de cristal al estrellarse contra la tierra.
Y los ángeles -si es que los ángeles existen- dejaron de zurcir su almíbar.
Y los demonios se arrodillaron como nunca.
Y el Crucificado se removió en sus clavos y murmuró: "Ay, Padre, pensar que yo una vez creí que sólo a mí me habías abandonado".
Y el absurdo, para no gritar, se desnucó.
Y el sol, para no alumbrar, se tapó los ojos.
Y a Dios se le voló el sombrero. Y al agacharse para alzarlo, se le cayó al suelo la mayúscula.
¡Y el alarido se quedó sin paladar!
 '¡Ay de mí! ¡Ay de mí!', gritabas, Federico, huyendo de la noche, buscando el amanecer.
En realidad, ¡ay de nosotros! si fuera cierto que te has muerto.
¿Muerto? ¡Fuera de aquí, palabra!
¡Para matar no basta con asesinar! ¡Encendido, vivo estás!
Siempre estás viniéndonos, porque nacer es lo tuyo, Federico.
Los asesinadores nunca podrán con las criaturas.
Los asesinadores están condenados al bostezo perpetuo del paraíso celestial.
Ellos, allí, hediondos de hipocresía, descansan en paz. Pero no descansan en intensidad, como vos, Federico. Por siempre.

  ((Posdata. Ay, Federico nuestro que estás en la tierra de la Tierra. Aquel 19 de agosto de 1936, a la orilla de tu cuerpo derrumbado quedó un charquito de sangre aterida, aterrada. Tendrás que saberlo Federico tan amado: en la aurora de esa noche vomitada por los dueños de la Moral y de las Buenas Costumbres, precisamente en la aurora de esa noche insoportable, el Sol en persona bajó desde sus alturas. Bajó el Sol para besar el charquito de tu sangre. Porque tu sangre era, es, de luz.))

Seguí leyendo