Rodolfo Braceli Jueves, 25 de Julio de 2019

Pelli, el albañil mundial

Desde Buenos Aires(www. rodolfobraceli. com. ar/zbraceli@gmail.com)

Jueves, 25 de Julio de 2019
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Jueves, 25 de Julio de 2019 | Desde Buenos Aires(www. rodolfobraceli. com. ar/zbraceli@gmail.com)

César Pelli es un arquitecto argentino que se la pasó siendo campeón mundial.  Murió la semana pasada, a sus 92 años. Lo entrevisté hace veinte años, cuando Pelli andaba por sus 73. Comparto unas líneas de aquel encuentro.
   César Pelli vive desde hace décadas en Estados Unidos; ha venido a Córdoba convocado por la Universidad Siglo XXI. El hombre es bastante más alto que el argentino promedio. Y es también mucho más sencillo que el argentino famoso promedio. Tuvo la generosidad de nacer el 12 de octubre de 1926, en Tucumán; allí creció y estudió hasta recibirse de arquitecto. Después se fue con su mujer por unos meses a Estados Unidos y allí se fue quedando. La revista Time lo definió como "uno de los cinco más sobresalientes arquitectos de la segunda mitad del siglo XX". Detrás de este elogio ecuménico hay decenas de obras, entre ellas las torres gemelas Petronas, en Malasia, que por décadas fue el edificio más alto de la Tierra (casi medio kilómetro de altura, 452 metros y 60 centímetros). Ese récord sería superado por el propio Pelli en los primeros años del siglo XXI, con una torre de 654 metros, en Chicago.)
  Ahora bien. ¿A qué viene lo de "mucho más sencillo que el argentino famoso promedio"? La sencillez, como la honestidad, debieran ser rasgos naturales; pero la infrecuencia los convierte en casos de asombro. Lo estoy escuchando a Pelli. me cuenta:
-Ah, mi mamá... ella sostenía la casa. Educadora nata, cuando se jubiló, a los 55 años, se mudó con mi padre a Córdoba y creó el Instituto Córdoba. Mi madre llevaba los muebles de mi casa al Instituto para que fuera menos desolado.
-¿Y su padre?
-Mi papá trabajaba en la municipalidad, perdió el empleo en el año 36 y se quedó en casa. Gran inventor y artesano, comerciante desastroso, en su tallercito estaba feliz... pero el desempleo fue una pesadilla.
-El desempleo, una de las eternidades más largas.
-Fea condena. Mi padre la padeció sin quejas... Hará unos cinco años lo fui a ver: había caído de un ómnibus; el ómnibus le quebró las dos piernas. Entonces le dije: "¿Qué tal estás, papá?". Y me contestó: "Mirá, nunca me he sentido tan bien en la vida". Y lo decía de verdad. Sin duda que como desempleado sufrió más que con sus piernas quebradas.
-Lo veo sonreír a usted, con la respiración...
-Es que estoy hablando de mis padres.
-¿Cómo fue que eligió la arquitectura?
-Elegí sin saber qué era eso. Le dije a mi padre: "Yo empiezo arquitectura. Y si no me gusta, al final del año cambio de carrera". Parece que no cambié.
-Alguna de sus torres parecen cohetes que se elevan hacia el cielo.
-Es una aspiración peculiar que viene de la postura erecta de los seres humanos. El horizonte representa la permanencia, el peso. La figura vertical representa la aspiración de vencer ese peso. La aspiración es perpetua. En la Biblia se cuenta que los hombres trataron de construir esa torre, en Babel, para llegar al cielo. Lo interesante en el mito es que Dios creyó también en esa posibilidad y entonces se enojó por la osadía de los humanos y mezcló las lenguas y no pudimos comunicarnos de ahí en adelante. Pero la torre de Babel se sigue construyendo.
-¿La construye usted con las Petronas en Malasia o con el próximo rascacielos de 600 metros en Chicago?
-Uno hace lo que puede. La aspiración está en el hombre... Pienso  que la arquitectura tiene un fin social y puede, además, ser un gran arte. ¡Qué maravilla!
-¿Por qué se fue de la Argentina?
-Casi sin darme cuenta. Tenía 24 años, estaba recién casado, pedí una beca para ir a Inglaterra. No se dio. Llené un formulario para una beca en Estados Unidos. Me olvidé de eso. De pronto sale la beca para ir a la Universidad de Illinois. El viaje era por 4 meses. Para pagar el pasaje de mi señora vendimos los regalos de casamiento. Éramos muy  jóvenes y totalmente inocentes.Nos fuimos quedando un año, diez años más. Después vino el general Onganía y todo lo demás. Me alegro mucho de haber estado lejos de esa Argentina tan fea, tan fea.
-Desde la vereda viene la pregunta: la humanidad, tan a merced de los hacedores de misiles, ¿a dónde va a parar?
-Digo yo: ¿hay realmente algún parar o esto es un continuo devenir? Yo creo que el fin nuestro está en el camino que recorremos y no en la meta. Al "fin" no lo vemos. La vida está en el acto de vivirla, en los esfuerzos, en las rabietas de todos los días.
-¿Dónde pasará el cambio de milenio?
-En mi casa. No soy más que un hombre. Con eso ya tengo bastante...
-Arquitecto Pelli, usted es autor de dos de los edificios más altos del mundo, ¿cómo es la casa en la que vive?
-Tengo una casa construida en 1914, muy sencilla y simpática, con un lindo jardín. La refacción la hizo mi señora.
-Qué curioso: no diseñó su propia casa.
 -"Soy un hombre precavido. Para mí la idea de hacer la propia casa es una mala idea para un arquitecto. Imagínese, después uno tiene que vivir renegando con sus propias ideas por años (se ríe, se tienta con su risa). No no no, prefiero vivir en una casa ideada por otro. Si algo anda mal en la casa la culpa es del otro (reanuda su risa).
"Posdata. Uno de los secretos de César Pelli, esté donde esté, es que duerme la siesta. Lo bien que hace. Él va por su siesta y yo por la mía. Dos horas después reanudamos la charla y le pregunto a Pelli si siente un revolucionario de la arquitectura: Entre mate y mate me dice: "No me interesa ser un revolucionario, prefiero ser lo que puedo ser, un evolucionador". 

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