Rodolfo Braceli  Desde Buenos Aires Viernes, 19 de Julio de 2019

Besar sin red, a rajacincha 

Viernes, 19 de Julio de 2019
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Viernes, 19 de Julio de 2019 |

Se ha vuelto peligroso besar, y más en público. Muy peligroso. Antes de entrarle al tema, si me lo permiten voy a reparar una jodida imprudencia; la imprudencia la cometí hará un par de años, en una columna de los viernes, en este diario. La columna se titulaba "Impuesto al beso".
   En aquel texto yo comentaba que, después que el Partido Popular español, -vorazmente neoliberal-, había consumado un impuesto imposible, el "Impuesto al sol", cualquier impuesto iba a ser posible en estas viñas y asfaltos del Señor. En una de esas hasta nos flagelaban con el "impuesto al beso". Resulta que en vez del "impuesto" al beso en estos pagos se ha consumado recientemente una sanción con cárcel.
 
Pero antes de avanzar sobre la justicia carcelaria, recordemos que el tal "Impuesto al sol" no es una joda, es un colmo de los colmos que realmente se perpetró contra todos habitantes españoles ejemplares. Me refiero a los habitantes que se consiguen su energía eléctrica domiciliaria limpia, recurriendo particularmente a los paneles solares. Es decir, que cada casa produce su consumo eléctrico. Esto, sin joder al medioambiente; esto, sin mortificar al extenuado planeta. El desaforado impuestazo que se aplicó a los habitantes españoles particulares se concretó, claro, para defender los intereses de las grandes compañías que suministran electricidad. Como podrá apreciarse, las libertades del Libre Mercado se van al mismísimo carajo apenas a estos supergerentes le rozan el corazón, es decir, el bolsillo. No hay caso con la buitredad de los grandes capitales antropófagos, ellos son insaciables sin mirar a quién.

  Tarde me di cuenta que, al proponer, delirio mediante, el "impuesto al beso", estaba yo dándole una idea tremenda a cualquier economicista de estos que andan sueltos por allá, y por aquí también. Quiero, mediante esta columna, reparar tamaña imprudencia. Para eso compartiré una reflexión, levepoema, que es un momento de mi libro "La Misa Humana" (coeditado en el año 1998 por Diógenes y Galerna). Aquí describo y enfrento a los desbesos neutros con los besos profundos, de saliva presentes. Estas dos modalidades, estas dos maneras de besar en el fondo son dos formas de estar en la vida de este mundo. Cada quien elige la que prefiere:

LOS DESBESOS
Se besa y no se besa./
Se besa tanto y tan poco./
Se besa meramente:
sin riesgo/ sin arrojo/ sin coraje.
Se besa demasiado, y tan menos,/
sin sangre/ sin saliva/ sin los labios.
Se besa de la boca para afuera.
Y es un crimen desbesarse.

Los besos
Pero a veces el beso entra,/
se mete bien adentro/ tan adentro.
Para ese beso crucial/ imposible desandar el camino.
Imposible, como no sea/ retornando en un hijo que vendrá.
Que vendrá con una orden a cumplir:
respirar respirar, respirar para que
¡no se pierda la costumbre!

Y besar./ Besar besar besar.
Besar, caiga quien caiga.
Besar a tajo, y a destajo.
Besar sin red, a rajacincha.
Besar bien adentro ¡más adentro!
Besar sin dejar nada afuera.
¡Ni la muerte!
Besar ¡arrojándose/
de cabeza en cada beso!

Posdata 1. Insisto. Estemos muuuuy alertas. No vaya a ser que el día menos pensado nos caiga sobre la mollera la boleta con el "impuesto al beso". No, eso sí que no. No lo aceptemos, ni ebrios ni dormidos ni congelados.
Y ojo, que para evitar el impuestazo no se nos ocurra besar de la boca para afuera, no se nos ocurra desbesar, con la saliva desteñida, desmayada.

Posdata 2. A fines del pasado mes de junio una señora jueza dictó un año de prisión para Mariana Gómez. Una condena penal para el beso entre dos mujeres solarmente lesbianas. La otra es Rocío Girat. Resulta que Mariana y Rocío están unidas en matrimonio, legalmente. Mariana, una de las protagonistas del beso, fue apercibida por un uniformado y después acusada de resistencia a la autoridad. Al salir de tribunales dijo, con lágrimas: "No me entra en la cabeza; los pedófilos tienen que ir presos, no nosotras."
   La jueza de este fallo (patéticamente histórico), tiene nombre y apellido: Marta Yungano, y la fiscal también tiene nombre y apellido: Diana Goral.
   No es la primera vez que pasa: hace un par de años, en la provincia de Buenos Aires, una mujer fue detenida (¡por una mujer policía!) por darle el pecho a su criatura, ¡caramba, en la vía pública!
  Madremía. Mientras se consuman estas absurdidades (como la de condenar penalmente por amamantar, o por besarse a dos mujeres unidas en matrimonio) el mundo, este mundo, al compás del obsceno neoliberalismo, es sembrado de misiles que matan sin mirar a quién. Y después que no vengan a decirnos que luchan por "salvar las dos vidas". He ahí la impunidad de la hipocresía nuestra de cada día.
   Si las madres tienen que esconderse para amamantar a sus criaturas, si las mujeres matrimoniadas tienen que esconderse para besarse en la boca, ¿qué nos espera? ¿Qué?
  ¿Será posible que los Trump, que los Bolsonaro, que los imitadores nacionales de estos reverendos humanoides malparidos manejen nuestros deseos, nuestros sueños, nuestras vidas?
   Ellos se valen de la democracia para enmascarar sus dictaduras. Nosotros nos debiéramos ser cómplices legitimando, convalidando, con nuestra indiferencia activa.

*  zbraceli@gmail.com   = =   www.rodolfobraceli.com.ar

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