Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Jueves, 4 de Julio de 2019

La Negra, su cumple y su mamá

 *  zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar

Jueves, 4 de Julio de 2019
Diario Jornada Diario Mendoza. Buscanos en Facebook, Twitter e Instagram

Jueves, 4 de Julio de 2019 |  *  zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar


Los 9 de Julio siempre me llevan a los cumpleaños de la Negra. Y a su madre. Cuando Mercedes Sosa canta, exhaustos de adjetivos, exclamamos: “¡Qué la parió la Negra!” Es decir, ¿quién la parió? La madre que parió a semejante Voz se llamaba Ema del Carmen Sosa.
   Así es: una vez más celebro el cumpleaños de la siempre presente Negra, recordando a Ema, prodigiosa mujer sin escuela. En mi biografía de Mercedes, doña Ema tuvo su capítulo. Conversamos una tarde entera, ella andaba por sus 87 años. Estábamos en la mesa de la cocina, en el aire flameaba la música emocionante del locro y las empanadas inventadas por sus manos. Escuchémosla:
“...Yo sé de cocina, pero hay platos modernos que no sé hacer. Los hacen muy rápido. Las pobres mujeres trabajan afuera y no ven la hora de volver y ver a sus hijos. Antes, yo a los chicos los mandaba al colegio, ordenaba la casa, y mientras iba haciendo el puchero. Empezaba a las nueve y media, a las doce y media estaba listo. Y qué puchero salía. Todo era lindo aun en la pobreza. Ya uno se sentía feliz al poner la mesa…
–¿Qué recuerda de sus padres?
–Ella se llamaba Genoveva Toledo de Girón y él Miguel Girón.
–¿Que hacía su papá?
–De ese hombre no voy a hablar… Él se fue el 12 de abril y yo nací el 14 de mayo. No lo conocí. Fui criada por unos tíos, yo le decía papá a mi tío… Miguel Girón preño a mi mamá y se fue. ¿Para qué me trajo si me iba abandonar? Pero no quejo: después fui muy feliz con mi marido, a pesar de la pobreza.
–¿Por qué a Mercedes usted le dice Marta?
–Ella fue anotada Haydé Mercedes, yo quería ponerle Marta. Y en casa así la sigo llamando. Sabe, yo quería ponerle también Julia Argentina, porque nació el 9 de julio. Pero, no todo sale como uno lo pide. Lo grato es que mi Marta nació sanita. Lo recuerdo patente: eran las tres menos cuarto de la mañana. La tuve en el hospital porque me habían dicho que venía muy grande. Gorda y tan linda…
–¿Muy rebelde Mercedes de chica?
–Nooo. Por favor. Eso sí, no era muy estudiosa que digamos. Andaba mejor en gimnasia, canto y música. A los seis años se envolvía con el mosquitero y se hacía la bailarina española. Más le digo: la Marta, si no hubiera sido cantora hubiera sido pintora. Hacía unos dibujos hermosos, tenía mano de artista. Y yo no quería que ella cante.
–Usted no quería, pero...
–Mire, cuando Mercedes tenía doce años ¿doce o catorce?... se presentó a un concurso en la radio LV12. Después vino mi marido y me dijo que hacían un concurso: “Hay una chica que parece que tiene muy buena voz… ya va a empezar, pongamos la radio”. Y la presentan y canta “Estoy triste” de Margarita Palacios. Yo hablo para disimular, mi marido me dice: “¿Ésa no es la nena?”. Resulta que ganó ella. Y a los tres días viene el director de la radio y me enojo mucho y ella me dice asustada: “Lo hice por jugar… la profesora de música me dijo que me presente.” A mí eso de cantar no me gustaba nada nada.
–¿Está segura?
–Nada. Porque había que hacerlo afuera de la casa. Siendo una artista yo la pierdo a mi hija. ¿Cada cuánto la iba a ver?
–Un poquito egoísta usted.
–Algo sí, le acepto.
–Su Marta, Mercedes Sosa, triunfó y es adorada.
–Lo que usted quiera. Pero se sufre.
–Hoy, ¿volvería a no querer que cante Mercedes?
–Sí. Porque es mucho sufrimiento el que ha tenido mi hija.
–¿Usted cambiaría todo lo que es Mercedes en el mundo por una vida de ella en casa?
–El dinero tiene valor, pero lo moral tiene más. Le vuelvo a repetir: la Marta es buena hija y buena hermana, pero yo veo que sufre mucho. ¿Qué son los aplausos? Duran lo que duran... Ya sé, muchos la quieren, pero yo la quiero más que todos. No me gusta la frivolidad, la fantasía. Los aplausos quedan para el público, pero yo como madre sólo quiero que la Marta no sufra. Y ella sufre cuando está lejos. Mucho sufre.
–¿Y qué pasa con usted cuando la escucha cantar?
–Lloro. Pero tengo remedio para mi sufrimiento y el de ella: le hago de comer.
–¿Cuál es el secreto de ese locro que vamos a comer?
–Si al locro usted no le regala paciencia, que nadie se ponga a hacer locro.
–La Negra me contó que cuando volvió a comer sus empanadas le volvieron las ganas de vivir.
–¿Vio lo que le dije? La Marta estuvo muy mal. No me dejaban verla, hasta que la vi en lo de la señora Mirta Legrand... ayyy, qué terrible, tuvieron que llamar un médico para mí. Fíjese si se me muere la Marta. A una madre verdadera no le importan las vanidades del mundo… Sabe, a mis hijos les enseñé que cuando vean a alguien que cometió robo no digan “ése es ladrón”. No. Matar no es necesario para vivir. Robar, a veces sí. Si una madre ve que su hijo necesita pan, entonces roba para darle pan a ese hijo. Y lo hace en la ley. La ley de ser madre… Hemos hablado suficiente ya ¿no? Vamos a comer locro y empanadas con la Marta. Ella come poco últimamente, eso me preocupa.
–Pero antes dígame: doña Ema, ¿seguro que aún hoy sigue sin querer que su Marta cante?
–Lo que le dije. Si ella no anduviera cantando no sufriría tanto. ¿Qué importa que cante tan lindo y que la aplaudan? ¿Qué madre puede querer que su hijo sufra? La Marta sufre. Y he notado que come poco.
Posdata. Todos los humanos de la Tierra tienen madre. Y los ídolos también.
Para las madres de los ídolos, ellos no son ídolos, son sus hijos. Están más allá del aplauso. Aman ciegamente. Y eso es todo, para ellas.
Al aplauso tarde o temprano se lo lleva el viento. Se lo llevó.
Pero la madre estaba antes que el viento. Y estará después.
              




Seguí leyendo