Rodolfo Braceli  zbraceli@gmail.com Viernes, 17 de Mayo de 2019

25 de Mayo: Patria, perdón

Viernes, 17 de Mayo de 2019
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Viernes, 17 de Mayo de 2019 |

Desde Buenos Aires

Caraxus, ya estamos casi concluyendo la segunda década de ese siglo 21 que, parecía, nunca nos iba a llegar. Y nos cae sobre la mollera ¡otro 25 de Mayo! Oportunidad preciosa para empanadas y ¡brindis! Oportunidad, claro, para los que tienen pan de cada día y tienen mesa. 

   Oportunidad también para reflexionar sobre la palabra patria. Palabra manoseada, tan enarbolada y robada por los buitres de adentro y de afuera (que todo lo privatizan y de nada se privan).

   Veamos: en este 2019, ¿qué nos sugiere la palabra patria?

Patria: palabra deshilachada por el uso y por el abuso y por el caradurismo.

Patria: palabra vaciada por tanto discurso incoloro, insípido, inodoro.

Patria: palabra tantas veces vejada por los violadores de la Constitución, por los violadores de la Vida y de la Muerte, por los secuestradores de identidad que hasta arrancaron criaturas desde la placenta (1976 y siguientes), por los valientes de oficina que en 1982 nos arrojaron a la desguerra de Malvinas, fogoneados por la euforia entusiasmada del periodismo estelar.

Patria: palabra saqueada sin asco por los propietarios de la única verdad, por los hijos de la impunidad, por los infatigables amigos de la Mano Dura.

Patria: palabra extenuada, ensuciada, desteñida, torturada.

   Cuando decimos “viva la patria” ¿estamos escondiendo el “viva la Pepa”?

   Por favor, revisémonos: Antes de atrevernos a invocar a la patria, debiéramos reconocer que, aquí, la patria fue loteada, regalada, rifatizada al peor postor. ¿Acaso hemos olvidado que aquí, a partir de 1976 y otra vez en los años de la última década del siglo XX la patria (neoliberalismo mediante) quedó reducida a ser un agujero con forma de mapa? ¿agujero en donde no quedaron ni los mástiles?

   No nos hagamos los distraídos: la patria, como compromiso de gran parte de nuestra sociedad, está muy postergada, pendiente.

   A esta altura del siglo XXI nos vendría bien bajar a nuestros próceres de sus

Pedestales y recordar que eran apasionados que se jugaban la vida. Basta de descafeinar a nuestra historia: aquellos próceres no estaban posando, disfrazados para la revista Billiken. Eran tipos vehementes que no sólo sabían leer, sino que además se animaban a libros arriesgados. Afrontaban acciones temerarias, dispuestos a todo. Por allí andaban los atrevidos Castelli, Julián Álvarez, French, Paso, Berutti, Monteagudo, Belgrano, Moreno. Eran jóvenes inteligentes, ambiciosos, lúcidos, corajudos. No le tenían miedo a la mentada libertad. No tenían asesores de imagen. Por distintos motivos, los más brillantes de entre ellos no llegaron a viejos. Y no olvidemos que un año antes que ellos otros jóvenes vehementes intentaron la misma revolución, allá en la siempre estoica Bolivia. Con sus vidas pagaron el intento. Vidas jóvenes, treinteañeras, vidas en gajo. ¿Qué pasaría hoy con aquellos nuestros jóvenes de Mayo? Serían tildados, sospechados por incomodantes, por militantes.

   Sigamos haciendo memoria, aunque la memoria nos incomode: los revolucionarios del Cabildo de Buenos Aires eran curiosos, tipos de libros tomar que encarnaban sus consignas. Uno de ellos, Mariano Moreno, fue tal vez nuestro primer desaparecido. Parece que lo “murieron”, lo borraron del mapa con un purgante exagerado cuando iba en barco a la Gran Bretaña. Y le dieron marítima sepultura. Adiós pues con ese loquito y con su pasión militante.

   Moreno –con el tiempo elegido patrono de los periodistas– dijo algo que tendrá vigencia mientras anidemos dignidad: “Es preferible una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila”.

   En estos tiempos, en los que se acusa a la libertad como la madre de todos nuestros vicios y males, conviene reiterar aquella frase de Moreno: “Es preferible una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila”.

   Para demasiados compatriotas esta ecuación es irritante, y debe ser “aniquilada”. Sostienen que la democracia y la libertad “llevan al libertinaje”. Entonces –pregonan–, mejor que nos venga la Mano Dura. Prefieren la “servidumbre tranquila”. En nosotros está la elección: elegimos la incomodidad de tener conciencia, o elegimos la comodidad de convertir a la digestión en nuestra única actividad cívica.

  Antes de que se nos traspapele la Semana de Mayo, otra pregunta: ¿Por qué esta patria nuestra está tan a merced de los buitres?

  La respuesta más cómoda y frecuente es: “Lo que pasa es que hoy no tenemos ejemplos”. Algunos, muchos, se lavan las manos proponiendo el ejemplo de los próceres patrios. Eso no nos dio resultado, por lo visto. Ocurre que los próceres están lejos y congelados en la estéril perfección del bronce. Los “ejemplos” los tenemos, realmente, más acá de nuestras narices, en los hombres y mujeres primordiales que trabajan y que sueñan, pese a todo.

   En nuestros corazones y cerebros y riñones, en nuestros güevos y güevas está la decisión. No permitamos que la escarapela sea afanada por la Sociedad Rural. La mejor escarapela se lleva por el lado de adentro, y consiste en elegir arriesgando: o elegimos los riesgos de la libertad o seguimos eligiendo la comodidad de la servidumbre, ser colonia. Relaciones carnales con el FMI. Y a eructar se ha dicho.

    Quienes estamos con techo y bien abrigados, quienes tenemos mesa para el alimento, quienes fuimos alfabetizados, hoy por hoy no debemos darnos el lujo del desaliento. Bajar los brazos es una obscenidad.

   Como la democracia y la Vida misma, la patria es una actividad. Cuando no hay actividad el sentimiento es un gargajo, es puro barullo.

  ¿Y qué significa actividad? Significa soñar haciendo, a rajacincha. Y significa poner los güevos y las güevas sobre la mesa. Y significa solidaridad.

   Esa es nuestra cuestión: comprender que “patria” es sinónimo de “solidaridad”.

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