Roberto Suarez CONTRATAPA Martes, 19 de Noviembre de 2019

Agustín e Hipólito

Por Roberto Suárez / rsuarez@jornadaonline.com.ar

Martes, 19 de Noviembre de 2019
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Martes, 19 de Noviembre de 2019 | Por Roberto Suárez / rsuarez@jornadaonline.com.ar

En este mes de noviembre recordamos a Agustín Tosco, a 44 años de su desaparición.
Uno de los más importantes líderes sindicales que tuvo nuestro país en su historia murió en Córdoba, el 5 de noviembre de 1975.

Agustín Tosco fue velado en la Asociación Redes Cordobesas, donde se organizó una colecta popular para enfrentar los gastos del sepelio.

Durante la noche del 6 de noviembre, un desfile incesante de trabajadores se aproximó para darle su adiós. También se hicieron presentes dirigentes políticos, como el expresidente Arturo Illia, quien pronunció un discurso de despedida, gente de los barrios, estudiantes y militantes sindicales.

Nadie quiso esquivar el cuerpo en la despedida al dirigente obrero perseguido. Nadie aceptó quedarse con un dolor sin respuesta a solas.

Tosco fue un férreo opositor a la burocracia sindical. Secretario general del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, junto a Elpidio Torres, dirigente de SMATA, y Atilio López, de la UTA, encabezó la rebelión popular que pasaría a la historia como el Cordobazo. Tras la represión fue detenido y trasladado al penal de Rawson. Colaboró con la fuga de sus compañeros el 15 de agosto de 1972 (que terminaría en la masacre del día 22) pero se negó a salir porque planteaba que su lugar de lucha estaba allí.

Raimundo Ongaro y Agustín Tosco han sido los abanderados de una escasa dirigencia gremial que fue protagonista fundamental en las luchas contra las dos últimas dictaduras que vivió la Argentina, que integraban entre otros Elpidio Torres, Benito Romano, Jorge Di Pasquale, Atilio López, René Salamanca, Julio Guillán, Alberto Piccinini.

En 1974, en pleno gobierno peronista, el sindicato de Luz y Fuerza fue intervenido y Tosco debió pasar a la clandestinidad perseguido por la Alianza Anticomunista Argentina (la Triple A). Con la solidaridad de sus compañeros logró esconderse por más de un año, pero sufrió una enfermedad atendible que no pudo ser tratada de manera correcta por su condición. Fue así que falleció aquel 5 de noviembre de 1975, a los 45 años.

Y mañana los argentinos vamos a recordar también en este mes de noviembre, un hecho histórico lamentable: el primer atentado de la Triple A. El 21 de noviembre de 1973, fue contra la vida del senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, al hacer estallar una bomba cuando encendió el motor de su auto.

La Alianza Anticomunista Argentina, Triple A, fue una organización de extrema derecha dirigida por el ministro de Bienestar Social en Argentina, José López Rega, entre los años 1973 y 1975. La subvencionó con los fondos del Ministerio que dirigía y la formó con mercenarios, agentes de los servicios de inteligencia y militares dados de baja de las fuerzas armadas por delitos comunes.

Precisamente Hipólito, sobrino nieto de Hipólito Yrigoyen, era el abogado defensor de Agustín Tosco.

Solari Yrigoyen fue a Puerto Madryn, Chubut, donde vivía, y el lunes 20 volvió a su estudio jurídico de Lavalle 1438, en Buenos Aires. Su secretaria le dio un sobre que había recibido con su nombre. Cuando lo abrió, sólo tenía tres letras: "A A A". No entendió el significado. El remitente daba una dirección: Tucumán 1660, la sede del Comité Capital de la UCR. Envió a su secretaría para que explicaran qué quería decir ese mensaje. Desde la casa radical respondieron que no habían enviado la carta y tampoco entendían el sentido de las tres letras.

Al día siguiente, martes 21 de noviembre, Solari Yrigoyen salió de su departamento de la avenida Santa Fe, su residencia, y fue en busca de su auto, estacionado en la cochera 171 del edificio de Marcelo T de Alvear 1276. Había comprado ese espacio en la década del "60 para guardar su Renault 6. Ese día tenía previsto dar un reportaje junto al dirigente sindical cordobés Agustín Tosco, al que había defendido en su condición de "preso político" y visitaba en la cárcel de Rawson.

Cuando Solari Yrigoyen colocó la llave en el tambor y la giró, la bomba estalló.
"El Renault 6 era un auto muy frágil y la onda expansiva se fue por todos lados. Si hubiera sido un coche compacto hubiera muerto instantáneamente. La bomba era para matarme. El coche voló contra la pared de enfrente y empezó a incendiarse. Dios me ayudó porque alcancé a salir, caí envuelto en sangre, y vinieron a auxiliarme", aseguró entonces.

Mañana en Marcelo T de Alvear 1276, un grupo de políticos descubrirá una placa en memoria de aquel atentado a Hipólito Solari Yrigoyen, como un justo homenaje en vida al gran político y luchador por los derechos humanos.

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