Roberto Suarez CONTRATAPA Martes, 29 de Octubre de 2019

La ESMA, 36 años después

Por Roberto Suárez

Martes, 29 de Octubre de 2019
Diario Jornada Diario Mendoza. Buscanos en Facebook, Twitter e Instagram

Martes, 29 de Octubre de 2019 | Por Roberto Suárez

Al cumplirse un nuevo aniversario de las elecciones del 30 de octubre de 1983, se inaugura hoy la nueva sede del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación en el predio de la ex ESMA, con el nombre "Presidente Raúl Ricardo Alfonsín".

Los 36 años ininterrumpidos de democracia representan un ciclo inédito en la historia argentina. Desde la Ley Sáenz Peña hasta la asunción de Raúl Alfonsín en 1983, ningún proceso democrático había alcanzado más de tres decenios consecutivos. Es así que, desde la perspectiva de la historia argentina contemporánea, el solo hecho de que se cumpla ese tiempo de aquel proceso político e institucional, que recuperó el Estado de derecho para construir nuevas formas de convivencia colectiva, resulta en sí mismo un motivo de celebración.

Los argentinos venimos de elegir, el domingo pasado, libremente en las urnas al presidente número once desde aquella fecha histórica.

Entre los principales logros de estos años de libertad, hemos puesto Justicia sobre la violación a los Derechos Humanos, hemos sido capaces de hacer del Estado de Derecho la condición fundamental de la convivencia política, y hemos asumido a la democracia representativa como régimen de gobierno incuestionable.
   
En este período, la institucionalidad argentina condenó a los responsables de la sangrienta dictadura y resistió incólume alzamientos militares, crisis de gobernabilidad, hiperinflación y estallidos sociales que derribaron presidentes.

El Juicio a las Juntas Militares, ejecutado a lo largo de 1985 por el presidente Raúl Alfonsín, apoyado por todas las organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales y la mayoría de la misma sociedad que supo apoyar mayoritariamente a la dictadura, fue en efecto un ejemplo mundial. Uno de los más importantes, si no el más, desde el histórico juicio de Nüremberg a los jerarcas nazis. Sentó un antecedente concreto, clave en la jurisprudencia internacional, referido a la responsabilidad del Estado republicano ante una situación de violencia armada interna.

La democracia argentina tiene numerosas asignaturas pendientes en materia social e institucional. Las tareas pendientes siguen ahí y son muchas. Sería infantil negarlo. Así como estamos seguros de haber avanzado, y mucho, desde aquel emblemático 30 de octubre de 1983.

Sin duda que a Raúl Alfonsín, en los últimos años de su vida, por encima de sus méritos, contradicciones y desaciertos, la ciudadanía, en su gran mayoría lo reconoció como a un conductor que ayudó al tránsito desde la dura crueldad de la dictadura hacia la difícil construcción de la República.

Muchos argentinos que tal vez no comulgaron con sus ideas apreciaron su condición de hombre de bien, como un guardián de las reservas morales del país. Entre tantos demagogos, tantos prometedores de paraísos inalcanzables, el expresidente en los últimos tiempos se había convertido en el anciano de la tribu, capaz de cantarle las cuarenta a cualquiera o de convocar al sentido común.

La figura de Alfonsín quedó finalmente en la historia como la de un gran líder demócrata latinoamericano, moderado pero perseverante en la conjunción de idealismo y realismo, y la de uno de los dirigentes políticos de mayor y mejor trayectoria de la Argentina. Nadie, o casi nadie, duda hoy de la honradez personal, de sus convicciones democráticas y de las capacidades intelectuales del expresidente, que lo diferencian claramente de varios otros que han ejercido las más altas funciones en la política.

(rsuarez@jornadaonline.com.ar)

Seguí leyendo