Roberto Suarez Miercoles, 23 de Octubre de 2019

"Disminuir nuestros privilegios"

Por Roberto Suárez

Miercoles, 23 de Octubre de 2019
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Miercoles, 23 de Octubre de 2019 | Por Roberto Suárez

La tremenda crisis que atraviesa el país vecino de Chile es, sin ninguna duda, porque oculta una sociedad muy desigual con graves carencias, como lo aseguró la primera dama de Chile, Cecilia Morel, en una nota de voz de Whatsapp:  "Por favor, mantengamos nosotros la calma, llamemos a la gente de buena voluntad, aprovechen de racionar las comidas y vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás". 

Luego, en las últimas horas de la noche, su esposo, el presidente Sebastián Piñera, también pidió perdón "por la falta de visión" y anunció un plan social con medidas en pensiones, salud, tarifa eléctrica e ingresos.

"Evadir, no pagar, otra forma de luchar". La consigna de un grupo de estudiantes de secundaria contra el alza de 13 centavos de dólar en el precio del billete del metro, se convirtió en el detonante de una rebelión que se extendió a todos los pobres y a la clase media de Chile. El presidente Piñera estaba confiado en su gobierno, que funcionaba solamente para una parte del pueblo chileno, recibía elogios internacionales, pero ocultando la pobreza y el fuerte ajuste en tarifas de servicios públicos, de la salud y la educación.
Sebastián Piñera se demoró en dar un paso atrás ante las primeras manifestaciones para derogar el controversial decreto del aumento al transporte.

"Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite", manifestó Piñera con una expresión que ha sido considerada desafortunada, dando a entender que detrás de los últimos acontecimientos se esconde una organización criminal con un alto grado de "organización y logística". Como hecho paradójico, el general Javier Iturriaga, jefe de la Defensa Nacional, dijo ser "un hombre feliz y la verdad no estoy en guerra con nadie". Los militares no habían sido sacados a las calles desde la dictadura de Pinochet, lo que aumentó la furia de quienes protestaban. El gobierno debe garantizar la estabilidad y el orden mediante el uso legítimo de la fuerza, pero al mismo tiempo tiene la obligación de respetar los derechos humanos.

La hipótesis de vincular a otros países en el alzamiento del pueblo trasandino, debería ser sustentada con pruebas y hechos que demuestren las responsabilidades adjudicadas al sector externo.

Chile es un país que, a pesar de su prosperidad económica, mantiene una grave situación de desigualdad social que ha terminado por aflorar en estos días. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), "el 1% más adinerado del país se quedó con el 26,5% de la riqueza en 2017, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió sólo al 2,1% de la riqueza neta del país".

Las expectativas generadas por el gobierno de Piñera no han sido satisfechas y no es la primera vez que los estudiantes se movilizan. Lo hicieron contra el primer gobierno de Piñera, así como contra el de Michelle Bachelet.

El jefe de Estado intenta retomar el control de la situación, a pesar de que se le ha ido de las manos. Siempre se puede acudir a actores sociales como la Iglesia u organismos internacionales para que entren a mediar de inmediato entre las partes. Se debe judicializar a quienes han promovido la violencia, pero al mismo tiempo atender los problemas que subyacen bajo la punta del iceberg del descontento social.

En lo económico, el país que gobierna Sebastián Piñera es el más abierto del continente y el más liberal, o neoliberal, en línea con las reformas que implantaron los economistas de la Escuela de Chicago a mitad de los años 70. Pero ese crecimiento ha venido acompañado de unos niveles de desigualdad que han alimentado un profundo malestar y explican la explosión popular de los últimos días, que suma más de quince muertos.

Chile, el ejemplar modelo neoliberal para la región, se expuso a la mirada oblicua de todos los mercados externos y las críticas al gobierno de Piñera fueron directas. El Financial Times de Londres criticó el decreto de estado de emergencia y el toque de queda, y The Economist hace una dura crítica al gobierno a la vez que constata que los disturbios masivos dañan la imagen del país. Un golpe a la economía que todavía no expresa todos sus efectos.

rsuarez@jornadaonline.com.ar

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