Roberto Suarez CONTRATAPA Martes, 8 de Octubre de 2019

Un nuevo orden alimentario

Por Roberto Suarez

Martes, 8 de Octubre de 2019
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Martes, 8 de Octubre de 2019 | Por Roberto Suarez

El hambre es hoy el principal problema del mundo. En los últimos tres años el número de personas que pasan hambre en el planeta ha pasado de 854 millones a 1.020 millones, de modo que no sólo no nos acercamos al primer objetivo del milenio, que es reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre, sino que nos alejamos de tan noble objetivo.
Y este flagelo también debe ser el principal problema en Argentina. Tan angustiante es la imagen que asola hoy a nuestra sociedad que los números fríos de la actualidad marcan, que en nuestro país, un lugar donde se producen alimentos para más de 400 millones de personas, alrededor de 6 millones de ciudadanos pasan hambre, según un estudio realizado por la Universidad Católica Argentina (UCA), con el agravante de que el 20% de los chicos que habitan suelo nacional sufren desnutrición crónica.

Podemos apreciar las graves consecuencias económicas y sociales que el desequilibrio de los mercados agrarios puede acarrear. El hambre ha dejado de ser solamente un problema humanitario para pasar a ser un problema político de primer nivel y condición necesaria para la estabilidad mundial. La mundialización del hambre aparece como una realidad vinculada no sólo a la pobreza, sino también a otros factores como las guerras, los conflictos sociales, la deuda externa, la concentración de tierras, las prolongadas sequías en determinadas regiones y los desastres naturales.

En 1981 el economista indio y premio Nobel Amartya Sen publicó el libro "Poverty and Famines" (Hambruna y pobreza) en el que analiza varias de las hambrunas más importantes del siglo pasado y que se repiten en estos tiempos. Llega a la conclusión de que la causa generalmente no es la falta de alimentos, sino la incapacidad de algunos sectores sociales de acceder a ellos, sea produciéndolos o adquiriéndolos. El enfoque de Sen concentra el problema del hambre en la incapacidad para conseguir comida mediante la compra, comercio o cambio de otros productos, del trabajo propio o los derechos concedidos por el Estado, por ejemplo subsidios. El problema del hambre se centra, pues, en la capacidad de acceso al alimento y no en la existencia del mismo.

Desde el inicio del fenómeno denominado globalización la humanidad vivió un cambio. Pasamos de la sociedad industrial a la sociedad de la información, del conocimiento, con rapidez y profundidad desconocidas en anteriores cambios históricos. La revolución tecnológica, incluida la biotecnología, y particularmente la información, es el factor desencadenante de este proceso histórico.

Con la globalización de la información, de la economía, del comercio y de los movimientos de capital, se abrieron espacios de oportunidad completamente nuevos, que permitieron iniciativas transformadoras de dimensiones extraordinarias, como muestra la incorporación de nuevos países y regiones al desarrollo y los avances científicos en materia de medicina o en la producción alimentaria.

Sin embargo, hasta hoy, los efectos más llamativos de esta era de la globalización, son los lacerantes incrementos de la desigualdad en varias regiones del mundo.

La gran paradoja de este momento histórico es que nunca antes se habían ofrecido a los seres humanos más posibilidades de luchar contra problemas ancestrales de desigualdad, de hambre, de enfermedad o carencia de educación. Pero las oportunidades están siendo utilizadas para aumentar la distancia, no para acortarlas. No para utilizar la globalización en beneficio del progreso humano.

Porque es lamentable anunciar que jamás en la historia de la humanidad ha habido tantas personas que padecen hambre. El sistema mundial es frágil. La situación requiere de un nuevo orden alimentario mundial.

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