Roberto Suarez CONTRATAPA Lunes, 9 de Setiembre de 2019

La primera dictadura del siglo XX

Lunes, 9 de Setiembre de 2019
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Lunes, 9 de Setiembre de 2019 |

El viernes pasado se cumplieron 89 años de la primera dictadura militar. Fue cuando el 6 de setiembre de 1930, el movimiento cívico-militar liderado por el general José Félix Uriburu derrocó al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen, quien fue recluido en la Isla Martín García.  Dio comienzo así lo que se llamó "la Década Infame" de la historia argentina, y también, a conocerse lo que sería el terrorismo de Estado. Los golpistas no consideraron el delicado estado de salud del presidente: Yrigoyen fue arrestado y luego de pasar varios días en un buque de la Armada, lo trasladaron a la isla Martín García. No fue respetada su voluntad de exiliarse en Montevideo o quedarse en su casa de la calle Brasil.

El general Uriburu se hizo cargo del gobierno, y pronto apareció dentro del sector militar un segundo frente liderado por el general Agustín P. Justo, que proclamó su adhesión a la Constitución de 1853 y buscó una salida electoral "protegida", respetuosa de las formas legales pero fraudulenta en su gestión.

El año 30, se sabe, fue la primera gran ruptura histórica e historiográfica de la Argentina del siglo XX.

Debemos recordar que la "Década Infame" se produjo en el mundo de entreguerras, marcado por las disputas frente a la hegemonía mundial imperialista, la gran depresión del 29 y un importante ascenso revolucionario de la clase obrera. La quiebra de la bolsa de Nueva York en 1929 repercutió directamente en nuestras tierras con la caída de los precios de materias primas en el mercado internacional.

Los 30 abrirán así una crisis política en Argentina, entre los sectores de clase dominante, por cómo responder a las nuevas necesidades económicas para mantener las ganancias y por las relaciones que debían sostenerse con las distintas fracciones del capital extranjero: Estados Unidos y Gran Bretaña.

El primer golpe y la implantación de una dictadura militar resumen esta confluencia de derrumbes y emergencias que fraguaron los derroteros y extravíos de décadas siguientes. Allí nace la secuencia de inestabilidad político-institucional, el papel tutelar de las Fuerzas Armadas y la confusión entre liberalismo, nacionalismo y autoritarismo que marcará el pulso del país hasta 1983.

La actitud de los vencedores no tenía precedentes en la etapa constitucional argentina: saquearon e incendiaron casas particulares, comités del radicalismo, confiterías céntricas de Buenos Aires, y diarios como "La Época" y "La Calle". Implantarían el terrorismo de Estado para mantener el control, que serviría de modelo a otros que los continuarían: Ramírez, Lonardi, Rojas, Onganía, Lanusse, Videla, Massera, Viola, Galtieri.

Con el derrocamiento de Yrigoyen, se iniciaba una experiencia traumática, en la que el gobierno ya no representaría al pueblo de la Nación sino a sí mismo y a las fuerzas que lo habían consagrado. Se ingresaba en la ley de la selva de la que la Argentina no habría de salir sino medio siglo después, a raíz de una guerra perdida y del desprestigio militar por desaparecidos y niños secuestrados a padres asesinados.

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