Roberto Suarez CONTRATAPA Miercoles, 21 de Agosto de 2019

25 años

Miercoles, 21 de Agosto de 2019
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Miercoles, 21 de Agosto de 2019 |

Hoy al cumplirse 25 años de la reforma de la Constitución Argentina, a través de la Convención Nacional Constituyente realizada en la ciudad de Santa Fe en 1994, Adepa, Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, entregará su "Gran Premio de Honor 2019" a la Convención Constituyente de aquel año, y reconocerá a un grupo de juristas que, desde su rol en dicha Convención, contribuyeron a defender y fortalecer los principios de libertad de expresión y de prensa en la Carta Magna.

Según la entidad, la cual integramos con Jornada, la libertad de expresión fue uno de los aspectos más positivos de la reforma, para el ejercicio de las libertades de expresión y de prensa en la Argentina, fue brindarle rango constitucional al secreto de las fuentes de información periodística. La decisión de incorporar esta garantía adquirió mayor relevancia, si cabe, porque se dio en momentos en que había propuestas que buscaban restringir las libertades mencionadas.

La reforma constitucional, aprobada en la ciudad de Santa Fe el 22 de agosto de 1994, selló el acuerdo establecido entre el entonces presidente Carlos Menem y su antecesor Raúl Alfonsín, que incluyó una serie de "coincidencias básicas", conocidas como el Pacto de Olivos.

La reforma constitucional de 1994 no sólo fue un punto de inflexión para la vida institucional de la Argentina. También resultó una bisagra en la dinámica política, generó la aparición de nuevos partidos, provocó debates de fondo, la cristalización de viejas pugnas de sectores antagónicos y el despunte de figuras que perdurarían en el calendario electoral.

Con el tiempo y la profundización de los debates quedó en claro que la reforma constitucional iría más allá de la cláusula de la reelección presidencial. Así, se instrumentaron figuras como las de la Auditoría General, del Consejo de la Magistratura, del tercer senador por la minoría, del jefe de Gabinete, del resguardo de la fuente periodística, de mecanismos de democracia semidirecta, de la defensa del medio ambiente, de los derechos indígenas y del acopio de una decena de tratados internacionales, entre otras cosas. También quedarían como deuda pendiente una nueva ley de coparticipación de impuestos.

Raúl Alfonsín pasó un duro momento de su vida política por haber acordado con Menem la reforma, pero nadie puede negar que fue el impulsor e inspirador de una modernización constitucional que consolidó el "Estado social y democrático de derecho" en la Argentina, al menos en el mundo del deber ser. Esa consolidación a la que nos referimos se encuentra en la protección de los derechos humanos, a partir de la jerarquía constitucional de diez tratados internacionales que se ocupan de ello. También, en la acción de amparo, con su trascendente variante del amparo colectivo; con un Defensor del Pueblo legitimado para estar en juicio, y con asociaciones no gubernamentales, también legitimadas para ello. El haber potenciado la participación política de la mujer, así como la tutela de la familia, de los niños, de los ancianos y de los discapacitados, importa una cobertura de amplio alcance, con el mismo objetivo.

El 24 de agosto de 1994, el presidente Carlos Menem y el convencional radical Raúl Alfonsín firmaron la nueva Constitución en el Palacio de Urquiza, en Entre Ríos. Se cumplían así tres meses de Convención Constituyente en Santa Fe que dieron lugar a una histórica reforma. Así, un total de 305 convencionales suscribieron la nueva Carta Magna de los argentinos.

Más allá de la polémica que impuso el Pacto de Olivos, en toda la Convención se vio un debate con la mirada en el largo plazo y una dirigencia dispuesta a discutir sin ataduras más allá de las diferencias. Quizás haya que esperar otros 50 años para recobrar esa instantánea.

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