Roberto Suarez Lunes, 5 de Agosto de 2019

Entre la locura y el odio

Tras un fin de semana en que dos ataques con armas de fuego han causado un total de 31 víctimas mortales, en El Paso (Texas) y Dayton (Ohio), el presidente Donald Trump ha hecho un llamamiento para que Estados Unidos condene "el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco".

Lunes, 5 de Agosto de 2019
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Lunes, 5 de Agosto de 2019 | Tras un fin de semana en que dos ataques con armas de fuego han causado un total de 31 víctimas mortales, en El Paso (Texas) y Dayton (Ohio), el presidente Donald Trump ha hecho un llamamiento para que Estados Unidos condene "el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco".

El republicano no ha propuesto una reforma al control de armas durante la rueda de prensa en la Casa Blanca: "Las enfermedades mentales y el odio aprietan el gatillo, no las armas".
Estas últimas muertes y las declaraciones de Trump reabrieron el debate sobre la tenencia de armas en Estados Unidos, aunque resulta poco probable un cambio al respecto.
Se calcula que en Estados Unidos hay alrededor de 300 millones de armas de fuego en manos de civiles. La Segunda Enmienda de la Constitución les da el derecho de adquirirlas legalmente. Organizaciones como la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) lo consideran una misión "sagrada y patriótica". Ese poderoso lobby impide que en el Congreso avancen varias propuestas para limitar el uso masivo de armas entre los ciudadanos de ese país.
"Demasiadas familias en demasiadas comunidades se han visto forzadas a sufrir el horror diario de la violencia de armas de fuego. Ya es suficiente. La continuada inacción del Senado republicano deshonra nuestra obligación de proteger a hombres, mujeres y niños inocentes y poner fin a esta epidemia de una vez por todas", subrayó la demócrata Nancy Pelosi, presidente de la Cámara de Representantes.
Los atentados de Texas y Ohio se suman a otros sucesos similares que han ocurrido este año en Estados Unidos. En lo que va de 2019, se han producido alrededor de 250 tiroteos múltiples en suelo estadounidense, con casi un millar de víctimas, cerca de 250 de ellas mortales. Uno de los más graves tuvo lugar en Virginia Beach, localidad costera en el Estado de Virginia, en el este del país, cuando un pistolero mató a 12 personas e hirió a otras cuatro, en un edificio de oficinas municipales.
Hay que agregar que más de 73 mil pacientes fueron atendidos en salas de urgencia en los últimos dos años por causa de lesiones con arma de fuego, según un cálculo de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.
El mundo mira azorado y en esa nación oficialmente explican que la serie de muertes de este tipo, se debe a lo que describen como un caso de psicopatología individual. La mayoría de los últimos asesinatos no sólo eran cometidos por hombres violentos, sino por locos. Entonces, habría que añadir al debate una interrogante: ¿por qué esa sociedad produce locos en serie?
Si a esto le agregamos la actitud beligerante de la política internacional del gobierno de los EEUU, estamos seguros en afirmar que es el país más violento del mundo. Los gobiernos de esa nación han legitimado la violencia como método para alcanzar sus objetivos.
El presidente Donald Trump ha sido duramente criticado estos días por alimentar el clima de odio en Estados Unidos. El mandatario advirtió en su discurso de que "los peligros de Internet y las redes sociales no se pueden ignorar, y no se ignorarán", pero la retórica del republicano en estas plataformas ha sido uno de los objetos de reproche durante el sangriento fin de semana, donde El Paso fue testigo del mayor crimen de odio contra los hispanos de la historia moderna de EEUU. Este contexto es importante para comprender por qué un joven blanco entró con un fusil en un supermercado de El Paso y recorrió cada pasillo disparando a los clientes hasta quedarse sin munición. El asesino, cuyo perfil de Twitter incluía elogios a Trump y referencias al muro, vivía con sus abuelos en un suburbio de Dallas. Lo separaban casi nueve horas al volante del lugar del crimen. Disparar en El Paso no fue una decisión casual.
Tan así es, que el Gobierno mexicano estudia presentar una demanda por terrorismo tras el tiroteo en El Paso, que se ha cobrado la vida de ocho de sus ciudadanos -sobre un total de 22 víctimas- y que ha dejado a otros siete mexicanos heridos de gravedad.
El estado de guerra permanente en la psiquis norteamericana, con un gobierno ciberguerrero y por supuesto una población que presenta una imagen de sociedad como una jungla, que no sabe en qué aula de escuela o universidad, en qué sala de cine o en qué templo encontrará la muerte que su nación alienta.

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