Roberto Suarez CONTRATAPA Domingo, 30 de Junio de 2019

El primero

La memoria de los pueblos y de las personas se construye a partir del recuerdo de sucesos, esencialmente de aquellos que marcan etapas de sus historias. Hace más de 89 años se produjo el primer golpe de Estado contra el sistema democrático.

Domingo, 30 de Junio de 2019
Diario Jornada Diario Mendoza. Buscanos en Facebook, Twitter e Instagram

Domingo, 30 de Junio de 2019 | La memoria de los pueblos y de las personas se construye a partir del recuerdo de sucesos, esencialmente de aquellos que marcan etapas de sus historias. Hace más de 89 años se produjo el primer golpe de Estado contra el sistema democrático.

Los argentinos debemos tener memoria y recordar siempre estas fechas nefastas, simplemente repasando nuestra historia. Ese 30 de septiembre de 1930 José Félix Uriburu derrocaba al presidente Hipólito Yrigoyen, en su segundo mandato constitucional.

Yrigoyen fue el primer presidente argentino elegido por sufragio popular, abogado, profesor, guardabosque y político, quien en 1896 había llegado a la presidencia del Partido Radical. Desde entonces combatió la corrupción electoral, boicoteando todas las elecciones hasta que en 1912 logró que el presidente Roque Sáenz Peña aprobara una reforma electoral que concedía el sufragio universal. Cuatro años más tarde fue elegido presidente de la República. Fue en esa elección que se estrenó la Ley Sáenz Peña (voto universal, secreto y obligatorio). Al asumir Yrigoyen afirmó: “No he venido a castigar ni a perseguir, sino a reparar”.

Su exitoso mandato terminó en 1916, cuando fue sucedido por otro radical, Marcelo T. de Alvear. En 1928 el viejo caudillo, sobrino de Leandro Alem, volvió a la presidencia. Yrigoyen fue reelegido con el 57,4% de los votos y volvió al poder con 76 años. Tuvo que gobernar en uno de los períodos más complejos de la historia argentina, ya que la crisis mundial, iniciada en 1929 (Crack del ‘29), también afectó gravemente a nuestro país. La recesión económica norteamericana repercutió en los mercados europeos y sudamericanos en forma notable.

Los capitales extranjeros retornaron a sus países de origen para favorecer las respectivas economías, y la dependencia económica nacional sufrió un gran deterioro. Cayeron los precios agropecuarios y mermaron considerablemente las exportaciones, acentuándose la crisis interna con el fracaso de la cosecha produciendo el colapso del sector agroexportador.

Un hecho muy conflictivo durante su mandato lo constituyó el proyecto de ley sobre nacionalización del petróleo, que limitaba la concesión de zonas petrolíferas a empresas extranjeras. Fue sancionado por Diputados en 1927 pero la Cámara de Senadores se negó a tratarlo. Algunos periódicos de la época señalaron que la negativa de algunos senadores se debía a su vinculación con empresas petroleras extranjeras (fundamentalmente la Standard Oil ).

YPF no satisfacía la demanda del mercado interno por lo que necesitaba la producción y venta de ambos grupos; si estos se negaban a venderle a YPF la situación sería grave. Para evitar este inconveniente Yrigoyen inició tratativas, a principios de 1930, con una petrolera soviética, la Luyamtorg. Esta proveería 250.000 toneladas de petróleo a trueque de cueros, extracto de quebracho, lana, ovinos y caseína.

La oposición calificó a Yrigoyen de “bolchevique”. Algunos historiadores ven en este proyecto del petróleo una de las causas de la caída de Yrigoyen y consideran que fue determinante la acción de los trusts internacionales.

Según Felix Luna, la gravedad de la crisis fue tal, que obligó a los países centrales a cambiar las reglas de intercambio. Europa y Estados Unidos impusieron fuertes medidas proteccionistas trabando las exportaciones para estimular así su producción local, evitar la salida de divisas y ocupar más trabajadores. También empezaron a retirar oro y dólares de nuestro país.

El método era sencillo, obtenían préstamos bancarios a bajo interés para comprar aquí dólares y oro que luego transferían a Nueva York, salieron así 200 millones de pesos oro. Para impedirlo Yrigoyen cerró la Caja de Conversión, impidiendo la salida de oro de Argentina. También colocó títulos públicos en el sistema bancario y autorizó el cambio de papeles comerciales por billetes. Esto provocó la crítica de la oposición que consideró excesivas las medidas adoptadas.

Para mediados de agosto de 1930 el clima político estaba enrarecido. Los principales líderes de la oposición pedían la renuncia de Yrigoyen haciéndolo responsable de lo que sucediera si no aceptaba. Ministros y militares dejaron solo al presidente. Diarios opositores acusaron al mandatario de “dictador”. Mítines políticos opositores, grupos universitarios y otros nacionalistas provocaron disturbios reclamando la renuncia de Yrigoyen. Sólo los socialistas auténticos y los demócratas progresistas reclamaron calma.

El 1 de septiembre se anuncia que el presidente está enfermo. La figura del general José Félix Uriburu, fiel representante del nacionalismo de derecha y de los círculos opositores, no deja de crecer. El 5, Yrigoyen delega el mando en el vicepresidente Martínez. Al día siguiente se produce la caída definitiva del Gobierno. Grupos de exaltados asaltaron su casa particular (ubicada en la calle Brasil 1039, a la que llamaban “la cueva”) destrozando completamente sus pertenencias. Además, fueron incendiados diarios partidarios.

Hipólito Yrigoyen, muy enfermo, se dirigía a la ciudad de La Plata, desde donde intentó articular la resistencia, pero fue en vano. Lo arrestaron y quedó detenido en el 7º cuartel de Infantería de La Plata, para luego ser trasladado a la Isla Martín García. Concluyendo así catorce años de gobiernos radicales, caracterizados por la popularidad y el liderazgo de Hipólito Yrigoyen.

Con su derrocamiento, se lleva a cabo el primer golpe de Estado de la historia argentina, iniciando la Década Infame y sentando las bases para luego interrumpir por la fuerza también los gobiernos de Perón, Frondizi, Illia, y Martínez de Perón, dejando un triste saldo entre todos ellos de totalitarismo, atraso, y fundamentalmente de dolor por la sangre derramada por miles de argentinos, llegando a la atrocidad de la desaparición de ciudadanos y el robo de niños por parte del poder militar con sus aliados civiles.

Pasado mañana se cumplen 86 años de la muerte de Hipólito Yrigoyen. Enfermo y pobre, vivió sus últimos meses en casa de una hermana. Su entierro fue una verdadera apoteosis, quizá la póstuma reivindicación que el pueblo hizo a su, hasta entonces, más popular caudillo contemporáneo.

Seguí leyendo