Roberto Suarez Lunes, 10 de Junio de 2019

Rechazo universal

Lunes, 10 de Junio de 2019
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Lunes, 10 de Junio de 2019 |

El Departamento de Estado ha comunicado que desde este mes de junio las personas que soliciten una visa estadounidense tendrán que, para ello, entregar sus perfiles en redes sociales, sus direcciones de correo electrónico y los números telefónicos que hayan utilizado en los últimos cinco años. Obviamente, las contraseñas no las piden porque como la mayoría de esas empresas son norteamericanas no las necesitan, tienen las puertas traseras de sus servidores.

La medida es el resultado de un memorándum emitido por el presidente Donald Trump, en el 2017 para “investigar” a las personas que van a EEUU y una concesión de una orden ejecutiva de aproximadamente el mismo momento en que se intentó bloquear la entrada a EEUU para personas de varios países de mayoría musulmana, que incluía una disposición sobre estándares de investigación.

Por tanto, si usted piensa viajar a Estados Unidos, viva donde viva, haya nacido donde haya nacido y piense, como piense, tendrá que entregar al gobierno estadounidense todo lo que ha hecho y dicho en internet en los últimos cinco años. Por supuesto que con esa información procesada por potentes computadoras y algoritmos, no sólo determinarán si usted es peligroso para ingresar a ese territorio, sino que sabrán mucho más de usted que sus progenitores, toda su familia, sus amigos y hasta usted mismo.

Anteriormente, sólo los solicitantes que necesitaban una investigación adicional, como las personas que habían estado en partes del mundo controladas por grupos radicales o provenientes de ciertos países, tenían que entregar esta información.
Según fuentes de inmigración consultadas por el diario estadounidense The Hill, cualquier persona que mienta sobre su uso de las redes sociales podría enfrentar “graves consecuencias de inmigración”.

Y lo peor es que una parte del planeta también lo va a pensar mejor. Al menos entre los más de 4.400 millones de personas que utilizan internet, que casualmente son los que suelen viajar, votar en las elecciones, comprar en los mercados y hablar en las redes sociales. Aquellos que piensen en acceder a territorio estadounidense van a preguntarse si deben limitar su expresión política en la red de redes. Incluso, algunos –no pocos, hablamos de millones– tal vez se sentirán tentados a cambiarla y pasar de la crítica al halago.

No es la expresión política en general la que está siendo limitada, sino aquel tipo de expresión política que puede molestar al Gobierno que da las visas y que casualmente es el que con sus actuaciones provoca el mayor rechazo universal, pero también el del país que con su poderío económico y su extraordinariamente influyente industria cultural ejerce la mayor atracción para inmigrantes o simples viajeros.

La Unión Estadounidense para las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) dijo en una declaración que la medida era “otro plan ineficaz y profundamente problemático del gobierno de Trump”.

“Infringirá los derechos de los inmigrantes y los ciudadanos de EEUU al intimidar la libertad de expresión y asociación, especialmente porque la gente ahora tendrá que preguntarse si lo que dicen en línea será malinterpretado o mal entendido por un funcionario del gobierno”, dijo Hina Shamsi de ACLU sobre la propuesta.

Mientras que la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos afirmó que “no hay evidencia de que tal monitoreo de las redes sociales sea efectivo o justo”, consideró que causaría que las personas se autocensuren en internet, dado que cualquier broma podría ser tomada en serio.

Es una pena que un espacio ideal para el intercambio de conocimientos, la participación política entre iguales y la facilitación de procesos económicos y sociales devenga en el instrumento de censura con mayor alcance en la historia de la humanidad.

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