“Haría lo mismo pero más rápido”. La respuesta de Macri a lo que haría si su coalición llega al gobierno de nuevo, marca la situación

Por Roberto Follari, Especial para Jornada

El suyo fue un gobierno que aumentó la desocupación a dos dígitos, subió casi en 10 puntos la pobreza y bajó los salarios en 20%: pero además, fue el que nos endeudó de una manera desastrosa, en nada menos que 100 mil millones de dólares.

  Lamentablemente, caben pocas dudas de que ese mismo camino seguiría hoy Juntos por el Cambio. No ha habido la menor autocrítica respecto de un gobierno que es el único que no pudo reelegir a su presidente en varias décadas (de los que lo intentaron). No ha habido nuevas ideas, siquiera en la campaña. Su modo de hacer política en este último tiempo se ha caracterizado por seguir la agenda que pone la tv, dedicada sólo a frustrar cualquier iniciativa del gobierno nacional. Cero debate acerca del modelo de país.

  Incluso, en una declaración insólita, Macri ha repetido lo que le dicen desde las usinas del imperio: si perdés denunciá fraude (como ya han hecho Trump, Bolsonaro, Fujimori y demás [email protected] ideológicamente a Macri), si ganás decí que el gobierno se tiene que ir. Poco importa que el gobierno está elegido para otros dos años, y que el resultado de esta legislativa sea sólo eso, y no modifique para nada los mandatos ejecutivos. Igual, ya tenemos el show previsto: si llega a ganar su coalición, un sector del macrismo está decidido a plantear la desestabilización política, con los peligros que ello conlleva (incluso en términos de producción de eventuales desórdenes o violencias de difícil pronóstico).

  Es cierto que el país no está bien: imposible que lo estuviera cuando le ha tocado el peor desastre planetario de lo económico y sanitario en un siglo. La peste aún no se ha ido y algunos nos hemos acostumbrado, de modo que no nos damos cuenta de que soportarla económicamente, ha sido como subir el Aconcagua marcha atrás. Argentina no ha tenido crédito, e incluso ya tiene que empezar a pagar la deuda que le dejaron, a pesar de la renegociación muy bien lograda con los grupos privados: si fuera por los plazos de Macri, ya la salida de divisas –cuando nada nos sobra sino todo lo contrario- se hubiera iniciado.

 Hay índices altos de pobreza: con el gasto enorme que se ha implicado en las vacunas, en la ayuda social y las IFE, más el apoyo a las empresas para pagar sueldos, el Estado se ha hecho presente pero no ha podido mejorar la situación social. Ahora ha comenzado una clara reactivación macroeconómica (que incluso la UIA, con conducción contraria al peronismo, ha destacado esta semana), la cual implica condiciones de alivio que podrán ir haciéndose derramar hacia toda la población. De hecho, los salarios no han mejorado desde que se fue Macri pero dejaron de bajar, lo que sí hicieron casi todo el tiempo  en el gobierno anterior.

  Mucha gente con vocación por más empleo y por avance en inversión privada, cree que lo haría con Macri: es lo que la ideología les dicta. Pero no es la realidad: Mendiguren en estos días ha recorrido canales de tv, mostrando cómo la producción cayó en la Argentina casi en todos y cada uno de los meses en que gobernó el macrismo. Sólo con sumar a esto la enorme deuda contraída en ese tiempo y la suba increíble de las tarifas de gas, electricidad y otros insumos, queda claro que el avance de la producción no se dio en el gobierno anterior. Y que tampoco se daría si ahora pudieran imponer sus posiciones desde el Congreso.

  Es cierto que la UCR pretende llegar a hegemonizar la coalición: pero también que es difícil que Manes gane las PASO. Además, hay que tener en cuenta que Manes está lejos de ser un radical de cepa: lleva a Stolbizer y a variados ex peronistas del PRO en su lista. E incluso no parece que el Círculo Rojo esté dispuesto a cederle a la UCR otro lugar que el de seguidora pasiva del PRO, como lo fue durante todo el período de Macri en la presidencia.

  En el Frente de Todos, han logrado sostener un nivel de unidad que desmiente las versiones mediáticas sobre conflictos y rupturas: se llega a las PASO de manera ordenada. Sí hubiera sido deseable permitir la presencia de otras opciones dentro del mismo Frente, lo cual ha ocurrido de modo no consensuado en Santa Fe.  

  Es importante ir a votar: nada está asegurado para nadie, y los votos cuentan a la hora del futuro legislativo. Y, en los hechos, las PASO operan como una primera vuelta, teniendo importancia decisiva sobre los comicios definitivos dentro de dos meses.

  Ojalá no haya una mengua importante de votantes. La desilusión que fue el gobierno anterior, se suma a los problemas que la pandemia impuso al actual: hay sectores de la población que están perdiendo el sentimiento de que la política los represente. Sería bueno que pudieran entender que la pandemia puso una condición desastrosa y extraordinaria: sólo a partir de cierta mejora de la situación sanitaria, podrá verse a pleno si el gobierno de Alberto Fernández –ya en condiciones más “normales”- puede mejorar la situación social de manera significativa.-

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