Por los problemas respiratorios que ha experimentado el presidente de Estados Unidos, su equipo médico ha manifestado que toma este fármaco para evitar su empeoramiento

El tratamiento que le realizan al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está lejos de la hidroxicloroquina que el mismo decía que tomaba a modo de prevención. Su equipo médico ha afirmado que se le administra dexametasona, tras la aparición de “algunos episodios de bajadas transitorias en la saturación de oxígeno”.

¿Qué es la dexametasona?

Se trata de un esteroide que se emplea para reducir la inflamación imitando las hormonas antiinflamatorias producidas por el cuerpo. Esta terapia cuenta con la aprobación de las principales agencias reguladores, FDA y EMA, contra la covid-19 en aquellas formas que requieren hospitalización. Este medicamento de la familia de los corticoides se emplea en el abordaje de la infección desde el principio, como informó a Patricia Fanlo, coordinadora del Grupo de Enfermedades Autoinmunes Sistémicas (GEAS) de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

A mediados de junio, España lo incorporó como uno de los medicamentos esenciales contra la covid-19. Y, tras un metaanálisis de siete ensayos, la Organización Mundial de la Salud le dio el aval definitivo en la actualización de sus guías a comienzos de este mes de septiembre.

¿Por qué se emplea?

Tras la fase de infección que genera el SARS-CoV-2, tiene lugar una segunda etapa en la que se desencadena una suerte de inflamación orgánica cuando el cuerpo intenta combatirla.

Cuando la respuesta de las defensas es exagerada, se vuelve contra el organismo y puede terminar con un ataque a las propias células. Así, la dexametasona frena este proceso la denominada ‘tormenta de citoquinas’.

En China, como apuntan en un reportaje de Signal Transduct Target Therapy, los corticosteroides se usan ampliamente para prevenir la lesión pulmonar causada por la neumonía grave adquirida en la comunidad debido a sus excelentes efectos farmacológicos en la supresión de la inflamación sistemática exuberante y disfuncional desde el principio de la pandemia.

¿Cuándo se aplica?

En los ensayos clínicos, y en la práctica, se ha encontrado que su uso sólo se indica en personas que permanecen ingresadas en el hospital y reciben oxígeno o ventilación mecánica. Desde la OMS se ha afirmado que “este es el primer tratamiento que se ha demostrado que reduce la mortalidad en pacientes con COVID-19 que requieren oxígeno o asistencia respiratoria”.

Desde la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), explica que se suelen “usar unos seis miligramos, dosis que se emplean con asiduidad en patología rutinarias como el asma”. De forma que las cantidades no resultan agresivas de cara a los efectos secundarios mencionados a nivel infeccioso, como se ha visto que sí sucede con la gripe. Además, “creemos que el secreto de los buenos resultados, sobre todo en enfermos graves, es que previene la reacción inflamatoria que altera el organismo”.