Tratar de comprender al otro, no justificarlo sino comprenderlo. Con esto bastaría para solucionar ciertas situaciones conflictivas que se desarrollan en un círculo social

Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

Todos tenemos nuestro carácter, nuestra forma de ser, la manera en que encaramos nuestras relaciones con otros. Y hay variedad de ellos. Están los que son apaciguados, los amables en el trato y en el actuar. Son los “mansos” con los que se puede llegar a coincidencias rápidamente. Ahora cuando a un manso le sale la boca de adentro pueden llegar a ser violentos. Guarda con un manso cuando se rebela.

Y están los de carácter rudo, sin muestra de amabilidad, los que tienen un escudo que a ellos los protege de todo daño y suelen reaccionar de una manera intempestiva.

Es una persona de carácter decimos cuando nos encontramos con alguien de esta naturaleza. A veces son inaccesibles y cuesta saber lo que están tramando, lo que están pensando. Muchas veces se abstraen en su mundo y todo lo demás pasa a un segundo plano.

Hay que conocer el carácter de los que nos rodean para mantener una atmósfera cordial en el devenir diario. Conocerlos es adecuar nuestra forma de intercambiar ideas y pareceres con ellos.

El carácter es el conjunto de rasgos, cualidades o circunstancias que indican la naturaleza propia de una cosa o la manera de pensar y actuar de una persona o una colectividad, y por los que se distingue de las demás. El carácter argentino por ejemplo, una muestra de lo que somos y cómo actuamos.

Hay pueblos de carácter duro, los nórdicos europeos por ejemplo, tienen esa forma de ser que les viene desde el pasado cuando andaban asechando a medio mundo, pero tal vez por el frío que endurece todas las cosas.

Es nuestra forma de comportarnos y un rasgo característico de la cultura que vivimos y desarrollamos cotidianamente.

Ante las personas de carácter fuerte más vale buscar el camino de la reflexión, el diálogo adecuado para que no salten las chispas, la animosidad de lograr un acuerdo en paz, el modo de encontrar un camino que allane las diferencias. Confrontar buenamente para que no encontremos piedras en el camino y se pueda caminar libremente y con seguridad.

Tratar de entender el otro como dijimos al comienzo de esta nota, no ir al choque, sino buscar alejarse de cualquier confrontación. Todos los de carácter fuerte tienen una zona blanda donde es posible entrar.

Se trata de mantener amable el frente interno para que las horas sean más placenteras y para poder llegar a lo que se busca con una discusión: la coincidencia.

Tener buen carácter es una virtud y seguramente nos dejará buenos dividendos. De nada vale usar la violencia para imponerse, aquel que busca imponer su razón con violencia, pierde la razón.

Mansamente, a veces pacientemente se logra lo que a priori parecía un imposible, que aquel de carácter como piedra se ablande hasta convertirse en arena.

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