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Francia, un equipo todo terreno que es duro aún sin muchas estrellas

A horas de una final por la Copa del Mundo, como la que se jugará mañana en el estadio de Lusail desde las 18 (12 de la Argentina), los rumores acerca de la selección francesa, rival de la argentina, pasan más por saberse si los jugadores afectados superarán el “Virus del Camello” o si finalmente, Karim benzema estará presente en Qatar, o no.

17/12/2022 23:31

Por Sergio Levinsky, desde Doha

Futbolísticamente, los “blues” son, hoy, reconocido por la gran mayoría de los observadores e hinchas como el mejor plantel del mundo, con tres (o en algunos casos más) jugadores por puesto. Se dieron el lujo de llegar a una segunda final consecutiva, sin varias de sus figuras. Un mediocampo sin N'Golo Kanté (considerado en 2021 como el mejor volante de contención del mundo) o sin Paul Pogba, cuyo pase resonante del Manchester United a la Juventus no pudo plasmarse por una repentina lesión que lo alejó de las canchas casi desde el inicio de la temporada, pierde demasiada calidad y representó tener que volver a empezar con jugadores de otras características como Adrien Rabiot (de más ida y vuelta) o Aurèlien Tchouameni.

Pero para Francia es casi lo mismo, en términos de funcionamiento y resultado. Es una máquina tan aceitada en su estructura, en lo que cada integrante del equipo debe hacer, que entran unos y salen otros, y cierta calidad no se resiente por la abundancia de talentos, al punto de llegar al colmo al no parecer que influya, siquiera, la ausencia del actual Balón de Oro, Karim Benzema, quien, lesionado, debió abandonar la concentración en Doha para regresar a España y volver a ponerse a punto para lo que resta de la temporada con el Real Madrid.

Pero Didier Deschamps no se inmutó. Incluso, ni siquiera es claro que lo haya querido. Por lo menos, se las arregló sin problemas sin él en el Mundial pasado, en Rusia, cuando se llevó la Copa del Mundo con otra estructura y hasta con un nueve como Olivier Giroud, que jugó pivoteando y de espaldas al arco, para que llegaran de frente Antoine Griezmann y Kyllian Mbappe.

Deschamps, campeón del mundo como jugador en 1998 y como DT en 2018, cambió ahora el esquema. Juega con un extraño 4-2-1-3, que en términos históricos se acerca mucho a aquel 4-2-4 que se utilizaba en los años sesenta, con Griezmann por detrás de los tres delanteros fijos, como asistente y creativo, muy por encima de lo que juega en el Atlético Madrid y en un gran Mundial. Arriba, dos extremos puros (Ousmane Dembélé y el citado Mbappe, y hasta Kingsley Coman en el banco, por las dudas). Y por el medio, un Giroud que no necesita realizar el sacrificio del Mundial pasado, cuando el mediocampo estaba conformado de otra manera con Kanté, Pobga y Blaise Matuidi, dejando a Griezmann de enganche. Ahora, el temible goleador del Milan anota en el marcador, y combina bien con las puntas, algo así como nuna versión mejorada de aquella que supo ganar la Copa de 2018 en Rusia.

Si del medio hacia adelante Francia mejoró sensiblemente, del medio hacia atrás no transmite la misma seguridad pero no porque los dedicados a la marca sean menos que los anteriores sino por cómo está estructurado el equipo. Griezmann no puede dar, en la defensa, la misma marca que sus antecesores en Rusia. Rabiot tampoco siente la marca como algo propio y si puede, se lanza al ataque y sólo queda Tchouameni, un longilíneo volante del Real Madrid que se quedó con el puesto de volante central de Casemiro, pero que es mucho más cercano a Pogba que a Kanté, es decir, una especie de Paredes, con mejor primer pase o remate al arco de media distancia, que aplicación a pegarse al contrario.

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Algún lector, a esta altura, podrá preguntarse entonces cómo prospera Francia sin nadie concreto que marque y cuando tampoco tiene obsesión por tener la pelota. Pero los “blues” se las arreglan siempre para cederla al rival, jugar al error, contragolpearlo y matar. Es un equipo que, decididamente, no apuesta a la posesión de la pelota sino a otras cosas, como la velocidad de Mbappe, el juego aéreo y en el punto penal de Giuroud, o el desborde y la velocidad de Dembèlé, o el armado desde atrás y la aparición por sorpresa de Griezmann.

También se apoya en una gran defensa, con jugadores, cada uno de ellos, de primer nivel, como los centrales Raphael Varane (Manchester United) y Dayot Upamecano, con mucha técnica y fuerza, aunque más flexible el segundo, que reemplazó a Samuel  Umtiti, campeón en 2018. Por el lateral izquierdo, Theo Hernández, alto y potente, puede ser una topadora, como cuando a principios del partido convirtió en semifinales ante Marruecos, ejecutando una volea de sobrepique casi en el vértice del área africana.

Acaso alguna debilidad haya por el lateral derecho. Ante la discusión de Benjamin Pavard-un lateral puro, autor de un golazo ante Argentina en aquellos octavos de final en Rusia- con el DT Didier Deschamps, su lugar lo ocupó Jules Koundé, un gran defensor que acaba de contratar el Barcelona, aunque es mucho más un central que un jugador por la banda, y eso puede ser explotado por un rival que sepa hacerlo, especialmente si abre mucho la cancha y obliga al central a tener que jugarse por la banda.

En el arco, Hugo Lloris, el capitán, es de cierta garantía en los remates de media y larga distancia, pero al mismo tiempo, puede cometer el error menos pensado (como en la pasada final ante Croacia, que poco se recuerda porque no cambió sustancialmente el resultado del partido).

Con seis jugadores diferentes a los de la final pasada, cuando ganó su segundo Mundial (Pavard, Umtiti, Lucas Hernández, Kantè, Pogba y Matuidi), Frabncia se las sigue arreglando para aspirar a lo máximo, y tampoco es casual que sea el último ganador de la Liga de las Naciones.