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UEFA vs Superliga, ¿Caso Bosman II?

El fútbol europeo, e indirectamente el mundial, puede llegar a experimentar un cambio total de rumbo, muy parecido al que sufrió en 1995 con el llamado “Caso Bosman”, si prospera en la Justicia la idea de la Superliga que encabezan el Real Madrid, la Juventus y el Fútbol Club Barcelona, tras las sesiones orales llevadas a cabo en la sede del Tribunal Europeo de Justicia.

16/07/2022 22:40

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires. Especial para Jornada

Durante dos días de sesiones, en medio del juicio llevado a cabo por la Superliga hacia la UEFA y la FIFA por monopolio, al impedírsele a los clubes europeos organizar un torneo paralelo a la Liga de Campeones de la UEFA, ambas partes, a través de sus abogados, se dijeron de todo, dejando de manifiesto sus innegociables posturas, aunque ahorra todo queda suspeditado a la exposición del fiscal general, prevista para diciembre próximo (en medio de la disputa del Mundial de Qatar), aunque será no vinculante, y luego llegará la decisión final, que se calcula que será en algún momento del primer trimestre de 2023.

Inmediatamente hay que decir que la Superliga, hoy, se encuentra debilitada desde que en 2021 no prosperara su idea original de un torneo sostenido con la fortuna de la banca JP Morgan desde que la mayoría de los hinchas del llamado “Top Six” inglés (Liverpool, Manchester United, Manchester City, Arsenal, Chelsea y Tottenham) se manifestaran públicamente en contra de  este tipo de torneo cerrado y por invitación, que dejaba apenas entornada la puerta para que algunos muy pocos equipos del continente llegarán a participar por mérito deportivo.

Enterado de esta movilización, el primer ministro inglés, Boris Johnson, llegó a llamar en forma directa a los dirigentes de los seis clubes para advertirles que él mismo tomaría medidas de represalias en el caso de avanzar con la idea, de la que todos desistieron.

Ese proyecto contaba originalmente con apoyo, también, de tres clubes italianos (Inter, Milan y Juventus) y otros tres españoles (Real Madrid, Atlético Madrid y Barcelona), pero se encontró con la negativa rotunda de los alemanes Bayern Munich y Borussia Dortmund, y también con la del París Saint Germain aunque en este último caso, se especuló con que su principal accionista, el qatarí Nasser Al Khalaiffi, miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA como representante de la ECA (Asociación de Clubes Europeos), y siendo que el Mundial se realizará este año en Qatar, quiso “hacer los deberes” con el poder oficial, y se negó de plano a que su equipo se pudiera apartar de las competiciones habituales para fundar otra.

Así es que luego se fueron apartando muchos otros en efecto dominó: Inter, Milan y Atlético Madrid. Sin embargo, pese a quedar solos y expuestos (no es casualidad que tanto la Roma como el  Milan primero hayan aceptado la invitación del Barcelona para jugar en agosto la tradicional Copa Joan Gamper y luego, a los días, hayan desistido, y que los catalanes al final terminaran reemplazándolos por los Pumas de México y amenazándolos con iniciar acciones legales), los tres clubes que quedaron, el mencionado Barcelona, el Real Madrid y la Juventus, lejos de amilanarse, persistieron n la idea de la Superliga, cambiando el formato para permitir que más participantes accedieran por mérito deportivo, e iniciaron juicio a la UEFA y a la FIFA, que impiden por todos los medios que este nuevo torneo se lleve a cabo.

No fue casualidad, entonces, que Donald Slater, el abogado de la UEFA, dijera en su exposición en Luxemburgo que la Superliga se trata de una idea de liga cerrada de una entidad orientada “a la obtención de beneficios económicos incompatible con el modelo deportivo europeo y el mérito” y se refirió al carácter de insaciables de estas entidades que, “quieren tenerlo todo: seguir participando en sus ligas y comerse solas todo el pastel” y que de prosperar “habrían asestado un golpe fatal al modelo deportivo europeo y la UEFA está aquí para defenderlo”

Álvaro Pascual, el abogado de la FIFA, fue aún más allá, al señalar que el deporte europeo “no es un mero vehículo comercial sino también social y educativo y de promoción del fútbol base” (en la UEFA, uno de los requisitos para participar en sus torneos es que cada club tenga equipos de divisiones inferiores, algo que el proyecto de Superliga no parece abordar).

Tanto Slater como Pascual insistieron en que de seguir con el proyecto, los clubes se exponen a sanciones, como la de la exclusión de participar de la Champions League, la Europa League o la Conference League según el caso.

En cambio, Miguel  Odriozola, el abogado de la Superliga, hizo hincapié en que esta organización se presenta “como una alternativa al monopolio de la UEFA” y lamentó que tanto FIFA como UEFA blandieran sanciones antes de conocer el proyecto, mientras que utilizó el ejemplo de torneos europeos organizados por los propios clubes sin intervención de la federación correspondiente.

Lo que es claro es que de prosperar en los tribunales el proyecto de la Superliga, nada volverá a ser como antes. Desde la temporada 2023/24, los clubes tendrían el derecho de organizar torneos por sí mismos, sin la UEFA, que a su vez podrá seguir teniendo los mismos torneos que hasta ahora, aunque perderá mucha fuerza porque el dinero de premios para los participantes parece superar con creces el de la organización oficial continental.

A su vez, la posibilidad de establecer un reglamento a su voluntad  puede generar que no haya límite de contratación de jugadores extranjeros, o que se disputen muchos más partidos por equipo que los de los torneos oficiales y que esto altere los calendarios o que directamente abra la puerta a un éxodo masivo futbolistas de los otros continentes, mucho más aún que lo conseguido por la Ley Bosman de 1995.

Jean Marc Bosman, a través de su abogado Jean Louis Dupont, consiguió jugar en un equipo de segunda división de Francia siendo belga y más allá de los cupos de extranjeros, amparado en el derecho de trabajo y circulación por la Unión Europea de los ciudadanos nacidos en ese espacio, y de esta manera, abrió el camino para que los futbolistas comunitarios pudieran ser transferidos de un equipo europeo a otro. A su vez, eso abrió el cupo de extranjeros sólo para los que no fueran comunitarios europeos, lo que generó un éxodo de los futbolistas que tuvieran pasaporte europeo, y esto, además, abrió un abanico mayor de posibilidades a los que no lo son.

¿Estaremos ahora ante un Caso Bosman II? Por cierto, el abogado principal de la Superliga es Jean Louis Dupont.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.