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Messi sólo se compara consigo mismo

Durante una de las tantas entregas de premio al mejor jugador del mundo (antes lo hacían de manera conjunta la FIFA y la revista “France Football”), llegamos a especular con otros colegas argentinos acerca de que teníamos asegurada, por muchos años, la presencia de Lionel Messi en el show, por la leyenda que generaría y porque no tuvo nunca un gramo de conflictivo para el sistema.

04/12/2021 22:27

 

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires. Especial para Jornada

Pero todo fue más allá, porque el rosarino acaba de sumar su séptimo Balón de Oro, un récord absoluto, que lo aleja a dos del portugués Cristiano Ronaldo (máximo goleador de la historia de la Champions League europea y de su selección nacional y en el momento de escribirse este artículo, apenas a cuatro tantos de ser el máximo goleador oficial de la historia del fútbol mundial), con quien tantas veces se lo hizo competir.

Horas después de ganar su séptimo galardón como mejor jugador del mundo del año y después de que el ex gran centro delantero marfileño Didier Drogba, maestro de ceremonias en París, lo invitara a sentarse para contemplar juntos cómo se encendía la Torre Eiffel, en la noche, durante su homenaje, el rosarino fue entrevistado por “France Football” en su nueva casa como jugador del PSG y dijo algo que seguramente a muchos les puede parecer poco creíble pero que es verdad, y es que él jamás compitió contra Cristiano Ronaldo, más allá de que la pelea por el título de máximo goleador de cada temporada, cuando compartieron la misma liga (la española), uno en el Barcelona y otro en el Real Madrid, les hizo bien a los dos.

Este séptimo Balón de Oro para Messi no estuvo exento de polémica y es lógico. La prensa alemana se quejó amargamente de que un gran goleador como el delantero polaco del Bayern Munich, Robert Lewandowski, que debió recibir el premio en 2020 y la ceremonia se suspendió por la pandemia, esta vez haya quedado segundo detrás del argentino, pero se olvida de que se trata de una votación en la que participaron 180 periodistas de todo el mundo y la entrega de los galardones son el resultado de estos sufragios, y no de la voluntad de un medio. Es más: en un gesto poco común, fue Messi quien al subir al escenario pidió que su vencido y segundo en la tabla de 2021, reciba como corresponde el premio de 2020 y tuvo repercusión porque ahora la revista lo analizará seriamente, como ya dio a conocer.

Pero insistimos: Messi no es comparable a ningún otro jugador de su generación y en todo caso sí es comparable consigo mismo. Porque en la historia del fútbol mundial sólo hubo, a nuestro entender, tres genios: Pelé, Diego Maradona y Messi, por orden de aparición. Muchos seguramente se preguntarán por otros cracks de leyenda como Johan Cruyff, Franz Beckenbauer, Zinedine Zidane, o los argentinos y españoles, por Alfredo Di Stéfano. Sin embargo, todos los señalados pertenecen sin dudas al club de los más grandes de todos los tiempos por distintas características, pero no fueron genios. Sí, grandísimos jugadores con distintas y elevadísimas virtudes como, en cada caso, la inteligencia, el liderazgo, el lujo, el trabajo al servicio de lo colectivo, el despliegue, pero ninguno alcanzó la genialidad de los tres que mencionamos.

De hecho, si CR7 está a punto de alcanzar al austríaco Josef Bican (máximo goleador de la historia con 805 tantos en los años treinta a los cincuenta), Messi se encuentra séptimo en esa lista, siendo uno de los dos únicos jugadores en actividad, con dos años y medio menos que el portugués, y además, sin ser el argentino un goleador nato, sino un creador que hace goles con total naturalidad, por el propio mecanismo de su juego. La mayor demostración no está dada en la estadística de los goles, sino en la de las asistencias a sus compañeros para que estos marquen (y no aparecen los números de las asistencias que no terminaron en gol por causa de una mala definición).

Entre las polémicas por este séptimo Balón de oro también se esgrime, no sin razón, que 2021 no fue el mejor año de Messi y que se encuentra en evidente baja en su carrera y no falta razón. El argentino sufrió picos de estrés como cuando lo vimos llorar desconsoladamente en vivo y en directo cuando fue su despedida del Barcelona después de dos décadas en una marcha forzada por una decisión de la comisión directiva, y luego tuvo que adaptarse a un juego distinto (y que sigue sin entenderse desde lo táctico hasta el día de hoy) del PSG de Mauricio Pochettino. Y no hace falta hacer mención de lo que fue el plantel y el derrotero del Barcelona en los últimos tiempos de la gestión de Josep María Bartomeu no sólo en el campo de juego (muchos recordarán la derrota de 8-2 ante el Bayern Munich en la Champions League 2020) sino fuera de él, con redes sociales contratadas por el club para hablar públicamente mal de algunos jugadores, entre ellos el rosarino.

Al mismo tiempo, Messi no sólo ganó este año, por fin, un título con la selección argentina absoluta (que no conseguía uno desde 1993), al levantar la Copa América, sino que lideró el equipo, y fue el mejor jugador en absolutamente todas las mediciones de campo que se puedan realizar en el terreno individual, al punto de que parecía una broma que el mismo jugador ganara en todos los rubros y a los casi 35 años.

Eso no significa, como se escribió más arriba, que no sea verdad que Messi hoy ha bajado su rendimiento respecto de quien era hace un lustro o más. No es el mismo porque ha perdido velocidad, gambeta, facilidad para salir en el uno contra uno y hasta cierto remate de media distancia. Visualmente, puede afirmarse que este Messi de hoy es bastante menos que aquél que supo ser, pero también hay que entender que la varilla está puesta en temporadas en las que llegó a marcar 92 goles. Eso es lo que estamos comparando.

Este Messi es diferente porque su vida también es distinta. Aquel Messi joven era soltero, casi toda su energía estaba enfocada a ganar en el fútbol, al punto tal de que en la misma entrevista con “France Football” se arrepiente especialmente de no haber querido sumarse a los festejos de la Champions ganada por el Barcelona en París en 2006 porque no participó de aquella final con el Arsenal por estar lesionado y no se sentía parte del éxito.

Este Messi de hoy es padre de tres hijos, tiene una familia que lo espera después de cada partido, otras responsabilidades, más focos de interés en sui vida, y si bien las victorias o derrotas deportivas son muy importantes, no son lo único. Aprendió que no siempre hace falta enormes slaloms eludiendo a todos los rivales para llegar al gol y acaso levantando la cabeza, puede aparecer un compañero mejor colocado, patea mucho mejor los tiros libres y maneja los tiempos con maestría, pero es verdad: luce menos a la vista.

Hay un pequeño detalle que también puede ayudar a entender lo que significa Messi. Recién llegado como es a un equipo de estrellas mundiales, como el PSG, este fin de semana llegó apenas empatado sobre la  hora ante el Lens, por la liga francesa, cuando en la última jugada del partido, los parisinos tuvieron un tiro libre a favor muy cerca del área, con barrera. Nadie, absolutamente nadie (ni Mbappé, ni Ángel Di María, ni Marquinhos, ni Wijnaldum) osó siquiera discutir quién debía ejecutar ese tiro libre. Tal es así que ni siquiera alguien se puso al lado de Messi como para dar una opción al rival, porque además es claro que cualquier rival sabe que aunque haya cuatro jugadores frente a la pelota, sólo uno, el indiscutible, es el que terminará rematando. Ninguno de los dos tiene dudas, ni los componentes del conjunto atacante ni los del defensor. Esa unanimidad se puede trasladar a la votación de los 180 periodistas de todo el mundo a la hora de votar.

Es que Messi sólo tiene una comparación: sus marcas anteriores. Los siete Balones de oro no son casualidad.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.