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Los pases, una radiografía de la pobreza

En el caso de que  River consiga vender a su gran delantero Julián Álvarez a uno de los equipos de élite del fútbol europeo, podrá decirse que, al menos, el fútbol argentino habrá colocado un jugador de su liga en el primer Mundo, algo que todavía no ocurrió y que tampoco parece fácil que pueda suceder en el actual mercado de pases de verano.

08/01/2022 23:17

 

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires. Especial para Jornada

De acuerdo con el detallado informe que suelen hacer los medios nacionales tomando equipo por equipo de los veintiocho que competirán en el próximo año en primera División,  puede observarse el fenómeno de que por abrumadora mayoría, los planteles del fútbol argentino se componen de jugadores en libertad de acción, tanto para contratar como para transferir, seguidos por enorme cantidad de otros que van o vienen a préstamo, con el objetivo de no erogar un dinero que se tiene a cuentagotas, más allá de los motivos, que suelen estar emparentados con una pésima administración.

Los préstamos por un año desde otros clubes o la contratación de libres, que también quedarán sin club una vez que finalice la temporada, constituyen una completa radiografía del fútbol argentino. Se trata de planteles cada vez más volátiles, que en su gran mayoría no tienen forma de consolidarse si muchos de sus componentes abandonarán el equipo apenas unos meses después, por lo que todo se disolverá y habrá que volver a comenzar, algo así como barajar y dar de nuevo para el entrenador de turno que llegue en ese momento. ¿Puede hablarse así, con cierta seriedad, de un “proyecto”?

Es evidente que muchos jugadores hacen lo que pueden en un fútbol con una economía desquiciada entre las malas decisiones, la falta de una política para el fútbol, y que tampoco ayuda la enorme devaluación de la moneda local, que cada vez tiene más problemas para competir ya no con las europeas o asiáticas, sino incluso con las de los países vecinos, por lo que tampoco puede resultar sorpresivo que salvo River o Boca, los dos clubes más poderosos del país, al resto le cueste tanto progresar en las competencias internacionales.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.

Desde otro ángulo, puede comprobarse como son los agentes o los representantes los grandes ganadores de estos mercados de pases, al ser ellos, en general, los dueños del mayor porcentaje de los pases de los futbolistas, que negocian a placer, o que usan para presionar a los clubes generando nuevos negocios: si el club quiere a A y el agente lo tiene, entonces ese mismo agente tal vez coloque allí a A pero con la exigencia que B y C ingresen en ese combo, y acaso el entrenador D, lo cual también le abre la puerta a otras operaciones futuras, o a colocar después a esos mismos jugadores (u otros) en otros mercados.

Se observa entonces que la mayoría de los clubes, con escasas excepciones, no sin los dueños de los pases de la mayoría de sus jugadores, sino simplemente locadores: los tienen por un lapso, el que sus representantes quieren, y luego se ve obligado a dejarlos salir, o muchas veces cumplen el cometido de zafar por un año, y entonces van en busca de otros más baratos o que los agentes de “confianza” les recomienden o quieran colocar allí.

Si estudiamos las altas generadas hasta este momento, veremos que la mayoría de los jugadores contratados por los 28 equipos son libres (19), y luego han llegado tres de los Estados Unidos, dos, de Paraguay, Colombia, Uruguay y México, y uno, de Perú, Chile, Ecuador y Bulgaria, mientras que entre las bajas de esos mismos 28 equipos, hay 55 libres, dos jugadores han ido a Ecuador y a Estados Unidos, y uno, a Brasil, Bolivia, México, Uruguay, Perú, Chile y Ucrania.

Otro dato interesante es que la mayoría de los jugadores que emigran o que llegan del exterior son argentinos, con algunas excepciones. Es decir, futbolistas locales que se fueron por un tiempo y regresaron, y no jugadores extranjeros contratados por el poderío de la liga local.

Esa pobreza franciscana del fútbol argentino también es una cabal demostración de que aquello que por tantos años pregonaron los dirigentes, acerca de que hay que copiar el modelo europeo, e incluso, como se solía hacer con regularidad hasta 2015, que era extender la temporada al mismo tiempo que la del Viejo Continente, jugando bajo cuarenta grados de calor y descansando en los mejores meses del año desde lo climático con el justificativo de tratar de venderles lo mejor que se tiene para que la economía crezca, es una falacia.

Los clubes europeos compran jugadores de calidad. Es cierto que pretenden pagar lo menos posible, pagando en Sudamérica mucho menos de lo que la estrella vale porque conocen que su moneda es fuerte y una oferta a un bajo porcentaje de valor seguramente será aceptada como producto de la nacionalidad, o ahora directamente optan por tener ojeadores que los recomiendan en edad juvenil, pero no se van a llevar jugadores que tienen déficit en controlar una pelota, o en pasarla con exactitud o en hacer un buen cambio de frente o que carecen de precisión en velocidad.

Si el fútbol argentino tiene cada vez más problemas en que sus partidos se vean en el exterior, por lo soporíferos que son, con cada vez más equipos que van en desmedro de la calidad del torneo, y cuando a un mes de comenzar el año aún no se sabe con exactitud el formato del campeonato y cuántos descensos habrá, no parece casual que por el momento, no haya un solo jugador de toda la liga que haya pasado a los equipos más fuertes de Europa. Es casi de manual.

Mientras los dirigentes se pelean por los cargos en la Liga y en la AFA, el fútbol argentino sigue dejando pasar los trenes y los años siguen pasando.