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Los equipos de Brasil se siguen alejando en Sudamérica

Flamengo, que destrozó a Tolima por 7-1 en el Maracaná con cuatro goles y una asistencia de su estrella emergente, Pedro, y Palmeiras, actual bicampeón, que hizo lo propio con Cerro Porteño por 5-0 con un show de uno de sus mejores jugadores, Rony, se van acercando a reeditar la final de la Copa Libertadores del año pasado, que ganaron los paulistas, en lo que profundiza la idea del abrumador dominio brasileño en las competencias sudamericanas.

09/07/2022 23:11

Por Sergio Levinsky. Especial para Jornada

Las dos potencias más grandes de Brasil están sostenidas por enormes capitales llegados a partir de que la ley los habilita para meterse en el fútbol local y de esta manera, varios de los equipos ya forman parte de los llamados “MCO” (Multi Club Ownership), conjunto de clubes de distintos países compartidos por las mismas compañías, si ya son prácticamente inalcanzables para el ochenta por ciento de los rivales sudamericanos, poco a poco comienzan a serlo también para los argentinos, cuyos  recursos van disminuyendo por la pérdida constante de valor del peso en detrimento de monedas con el real, el dólar o el euro.

El ejemplo de la distancia de los equipos brasileños sobre el resto puede notarse en los clasificados para los cuartos de final en las dos copas continentales en juego, la Libertadores de América y la Sudamericana, como en algunas situaciones ocurridas en los últimos días con las transferencias de jugadores.

En la Copa Libertadores hay cinco brasileños entre los ocho que llegaron a cuartos de final. Apenas el más débil en recursos, el milagroso Fortaleza, dirigido por el argentino Juan Pablo Vojvoda y que fue sensación en 2021, con el ex goleador de Lanús e Independiente Silvio Romero, fue eliminado por Estudiantes de La Plata. Pero los otros cinco, Palmeiras, Flamengo, Atlético Mineiro (semifinalistas en 2021), Corinthians y Atlético Paranaense (dirigido por Luiz Felipe Scolari, ex DT de la selección brasileña, y con el ex capitán del Manchester City, Fernandinho), se instalaron en la fase siguiente.

Los otros tres son argentinos (el mencionado Estudiantes, y Vélez y Talleres de Córdoba –que si llegaron a esta instancia fue luego de haber eliminado a equipos compatriotas como River y Colón, respectivamente) y ahora se enfrentarán entre sí por lo que un club nacional se asegurará un lugar en semifinales y recién allí lo esperará un brasileño, el ganador de Corinhians y Flamengo. Estudiantes deberá medirse con Atlético Paranaense.

Por la otra Copa, la Sudamericana, salvo el Santos, que sorpresivamente fue eliminado por penales en San Pablo por el Deportivo Táchira venezolano, otros cuatro equipos brasileños estarán en los cuartos de final, es decir, el cincuenta por ciento de los clasificados: Ceará, Inter de Porto Alegre, San Pablo y el Atlético Goianense.

En este torneo, de los ocho clasificados para los cuartos de final no hay un solo equipo argentino aunque seis hayan comenzado el certamen, en otra muestra del momento que vive el balompié nacional. Apenas Unión de Santa Fe y Lanús pasaron el corte de la primera ronda, pero ninguno de los dos pudo seguir luego de enfrentarse, respectivamente, a Nacional de Montevideo y a Independiente del Valle de Ecuador, que ya sabe lo que es ganar esta Copa, como ocurrió en 2018 ante Colón.

En cuanto a pases de futbolistas, además del ejemplo del regreso de Fernandinho , que se dio el lujo de no aceptar la invitación de Josep Guardiola para seguir en el Manchester City por sus deseos de volver a su país para jugar en el Atlético Paranaense, el Flamengo, que ya había conseguido los retornos desde Europa del arquero Diego Alves, los defensores David Luiz y Filipe Luis, el volante Andreas Pereira y ya antes del gran goleador Gabriel Barbosa (“Gabigol”), ahora se reforzó nada menos que con Everton “Cebolinha” (que brilló en la Copa América 2019) y con el chileno Arturo Vidal, del Inter de Milán.

Vidal había sido tentado por Boca luego de manifestar más de una vez que una de sus cuentas pendientes era jugar en la Bombonera, con el gran clima que allí se genera, pero llegó el Flamengo con los dólares y allí el club “xeneize” tuvo que retirarse de la puja sin chances de competir.

Por su parte, River se quedó sin el gran goleador uruguayo Luis Suarez, que pese a terminar su ciclo en el Atlético Madrid, y sin ofertas importantes de clubes europeos, prefirió seguir esperando en sus largas vacaciones en Ibiza, antes de jugar en un fútbol devaluado como el argentino. A su amigo y compatriota Enzo Francéscoli, director de Fútbol de los “millonarios”, y a Marcelo Gallardo, identificado con el club del que es hincha, Nacional, les dijo que prefería esperar a que los de Núñez se clasificaran a los cuartos de final de la Copa Libertadores, algo que no ocurrió, y todo se cayó enseguida.

Pero si los equipos brasileños dominan la escena sudamericana de manera abrumadora en los últimos años (hasta 2018 estaban 7-7 en títulos con Argentina durante el Siglo XXI y ahora la diferencia es de 10-7), mucho mayor aún es la distancia cuando se trata de enfrentamientos contra clubes del resto de países del continente.

Si ninguno que no sea brasileño o argentino pudo pasar a cuartos de la Copa Libertadores y ningún club uruguayo gana un título desde 1988 (34 años), en la Sudamericana apenas pudieron clasificarse los mencionados Táchira, Independiente del Valle y Nacional, junto con Melgar de Perú, que eliminó a Deportivo Cali. Es decir que salvo los venezolanos, y de penal, ninguno de los otros tres tuvo que enfrentar a un rival brasileño.

Si tomamos en cuenta que además el fútbol brasileño pretende reemplazar al ya de por sí fuerte torneo nacional como es el Brasileirao (actualmente en disputa) por un campeonato más poderoso con mucho parecido al de la Premier League inglesa, la diferencia con el resto puede ser sideral.

Ya han aparecido muchas críticas al actual sistema de disputa de los torneos continentales sudamericanos porque se señala que Brasil y Argentina acaparan los cupos y esto atenta contra las chances de sus equipos pero a nuestro entender, es un razonamiento inconsistente porque esos cupos actuales no generan que los brasileños y argentinos se auto eliminen en fase de grupos sino que los conjuntos de estos dos países se logran clasificar ante cualquier rival de los ocho países restantes en cada temporada, lo cual significa que se trata de un problema de salto de calidad y no de oportunidades. En otras palabras, los cupos se ganan por mérito y no en el escritorio.

Mientras unos patalean y los otros se devalúan, Brasil -.además con poder político, al estar cerca del manejo del VAR, hecho muy relevante en la competencia actual- se sigue alejando, con un final casi cantado, como en los últimos tiempos. ¿Otra vez sopa?