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Las peligrosas “palancas” del futuro del Barcelona

Poco más del 84 por ciento de los socios compromisarios (alrededor de 600 sobre un total de cerca de 4500 habilitados) aprobaron en la noche catalana del jueves que se pongan en marcha las llamadas “Palancas” que posibilitarían un futuro promisorio al Fútbol Club Barcelona y que consisten, básicamente, en la venta de porcentajes de acciones de empresas vinculadas al club y los derechos de televisión por muchos años para poder generar caja y armar un equipo competitivo que cambie la dinámica negativa de las últimas temporadas.

18/06/2022 21:28

Por Sergio Levinsky, desde Barcelona

A este debate en un poderoso club como el Barcelona, repleto de símbolos, - para muchos, uno de ellos nada menos que el de la independencia de Cataluña (en cada partido, se canta por ella a los 17 minutos y 14 segundos de cada tiempo como recuerdo de la rebelión de 1714)- , los argentinos lo conocemos bien, porque más de una vez se puso en juego la venta de activos estatales con la venta de la idea de que de esta forma se obtendrían los fondos para terminar “de una vez por todas” con nuestras crisis recurrentes, y con los resultados archiconocidos de fracasos y profundizaciones de aquéllas.

Sin embargo, la reacción de los socios ha sido casi unánime, y el rol de los cotidianos deportivos catalanes no ha sido menor, con editoriales que instaban a votar por estas medidas para, supuestamente, salir adelante de esta crisis que podríamos catalogar como de “era post-Messi” y de consecuencias del legado envenenado de Josep María Bartomeu, el anterior presidente del club, utilizando las palabras del título de un excelente libro (publicado en catalán) de la prestigiosa periodista Marta Ramón, de la emisora “Rac-1”.

Josep María Bartomeu, el anterior presidente del club

Curiosamente, el discurso de muchos medios se pareció al del actual presidente azulgrana, Joan Laporta y el de su junta directiva, acerca de que el club necesita una caja de cerca de 800 millones de euros para fichar cracks que aseguren fuerte competitividad en búsqueda de los títulos perdidos porque en tres años, la cosecha fue demasiado magra: apenas una Copa del Rey. Lo que se instaló es que estaba en juego lo institucional, cuando a todas luces, lo que se arriesga es mucho más institucional en pos de éxitos deportivos inmediatos imposibles de asegurar, aunque sea innegable que el plantel que se pretende construir para fines de agosto, con miras a la nueva temporada 2022/23, sea de muy buena calidad, con la llegada de refuerzos como César Azpilicueta, Andreas Christesen, Marcos Alonso, Franck Kessie, Raphinha, Bernardo Silva y Robert Lewandowski.

Lo cierto es que para que varios de estos cracks lleguen, la dirigencia del Barcelona, con la ayuda de los diarios deportivos, fue generando consenso para difundir que se necesita dinero para esos fichajes cruciales que “cambien la historia”, para lo cual, entonces, no queda otra que vender, por ejemplo, el 49,9 por ciento de la empresa “BLM” (Barça, Licensing & Merchandaising) o el 25 por ciento de los derechos de TV (dando a entender incluso, con cierto aire de heroísmo, que se defendió las arcas del club porque se negaron a vender el cien por ciento de esos derechos por una década en1000 millones de euros).

El cálculo que hicieron los dirigentes delante de los socios (un catorce por ciento de los que estaban habilitados para votar, cuando se trataba de un momento crucial) es que se podían conseguir de 200 a 300 millones de euros vendiendo el 49,9 por ciento de “BLM”, y 200 millones por cada diez por ciento de los derechos de TV, por lo que al vender el 25 por ciento, podía obtenerse 500 millones más, así que se podían totalizar en pocos días, entre 700 y 800 millones de euros.

Claro que al vender casi la mitad de “BLM”, aunque se mantuviera el control accionario, también se perdería ese porcentaje de ganancias de venta de productos por merchandaising como, por ejemplo, lo producido por la venta de camisetas de Alexia Putellas, la mejor futbolista del mundo y un auténtico fenómeno de masas, o la de Pedri, aunque ahora la junta directiva quiere matizar que todo lo relacionado con “Nike” se tratará de manejar aparte.

Se contempla también la posibilidad (descartada de plano cuando finalizaba la temporada anterior) de transferir al volante neerlandés Frenkie De Jong, considerado uno de los indiscutibles por su talento y juventud, y aunque públicamente se insista en su calidad, por debajo de la mesa son varios los que aceptan que no tiene “ADN Barça” y que con el claro interés por él del Manchester United (cuyo nuevo entrenador, el también neerlandés Eric Ten Hag, ya tuvo a De Jong en el exitoso Ajax de años atrás), se puede llegar a sacar otra buena tajada de entre 75 y 100 millones de euros más.

En concreto, lo que propone el Barcelona, y que ya conocemos los argentinos por hechos más dramáticos, es comenzar a vender algunas joyas de la abuela para vivir un poco mejor y para pagar la cuentas del almacén, con la idea de comprar caviar y champagne cuando hasta ayer, no nos alcanzaba para la mortadela, pero con la idea de que esto que viene, seguro que nos saca adelante.

Como pudo, lo dijo con claridad en su intervención el siempre inteligente Josep María Minguella (el mismo que trajo al club nada menos que a Diego Maradona y a Lionel Messi): “Esta bien eso de fichar a Lewandowski, pero el mérito es hacerlo a los 22 años, no a los 34, cuando lo ficho yo también”.

Lo que el perspicaz dirigente, ex empresario y columnista de medios quiso decir es que en tiempos de crisis, lo que vale es adelantarse al futuro fichando cracks como Pedri o Gavi, de poco costo, o apelando a la cantera, como lo hizo Pep Guardiola en 2008 apostando por Pedro, Sergio Busquets o Gerard Piqué, y no hipotecar el club para fichajes grandilocuentes que pueden funcionar como no. Al cabo, una apuesta arriesgada que ya no tiene retorno.

Desde algún medio se justificó esta activación de las “palancas” en que el Atlético Madrid, el Liverpool o la Juventus ampliaron su capital, pero ninguno de estos clubes pasó en menos de seis años de facturar 1000 millones de euros a tener un rojo de 1350, o se pone el ejemplo del Manchester City, al que le insuflaron 650 millones, o ni hablar al PSG, que no vende y sigue fichando o pagó fortunas por la renovación de Kylian Mbappe. Lo que ocurre es que éstos dos últimos son clubes-Estado que tienen una canilla inagotable, aunque esto vulnere reglas éticas y sea pasible de juicios como ahora le hizo la Liga Española a los parisinos.

La situación del Barcelona no es la misma que la de esos clubes. Es otra, por desastres dirigenciales de la etapa anterior, que esta comisión directiva de Laporta debe cargar como lastre, sin dudas. Pero llama mucho la atención cómo se siguen vendiendo peces de colores en todo el mundo y la gente, ingenua o esperanzada, sigue comprando.

De eso se trata el verano del fútbol rico europeo: de vender ilusión cada día, aunque del otro lado del océano, sepamos ya cómo (salvo situaciones excepcionales) termina esta historia.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.