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La vuelta al mundo en 19 años

“Don’t fight, we are family”, nos imploraba desde su asiento de adelante el hombre de 250 kilos que nos había llevado a recorrer el barrio de Soweto en Johanesburgo y que antes había sido el chofer de Winnie Mandela, la ex esposa del notable líder sudafricano Nelson Mandela.

14/05/2022 23:04

Roberto Suárez, entones director de Jornada, y quien esto escribe, discutíamos fuerte sobre alguna que otra de las tantas cuestiones que aparecen en un día de trabajo en plena parafernalia de un Mundial como aquél de 2010, que cubrimos juntos.

Aquél no fue un Mundial más, por el contexto social que fuimos descubriendo que nunca es tal cual dicen los libros ni los videos, y por los avatares personales, como habernos abrazado como si hubiésemos convertido un gol cuando tras horas de buscar por todos los recovecos del departamento, encontramos las lentes de contacto de Roberto, o cuando tuvo que salir en la ayuda de este cronista  a punto de ir hacia Robben Island para visitar el lugar en el que Mandela estuvo encarcelado por 27 años, al descubrir que no tenía nada en su cuenta bancaria porque le habían desviado sus fondos.

Estos diecinueve años de Jornada nos permitieron ejercer el más hermoso de los oficios, el periodismo, no sólo con total libertad, con el orgullo de escribir lo que pensamos, sin obstáculos (aún cuando Julio Grondona nos negara entrevistas “por patear en contra”), sino recorrer el mundo y experimentar vivencias muy intensas para contarlo.

Al escribir estas líneas comienzan a aparecer imágenes de ese largo recorrido, como cuando la llegada milagrosa del coche del colega colombiano Fabián Rozo nos salvó de quedarnos a dormir en el centro de prensa –o vaya a saber dónde- en el frío polar del estadio aislado de Polokwane tras el Argentina-Grecia de ese Mundial 2010 (el del gol de Martín Palermo) porque a quien conducía el autobús de regreso a Johanesburgo, que habíamos pagado por anticipado, se le ocurrió partir sin nosotros y tuvimos que perseguirlo hasta alcanzarlo.

O aquella larga mesa de Copacabana tras la presentación del libro “Messi”, del gran periodista catalán Guillem Balagué a un día de la final del Mundial 2014 con colegas de todo el mundo y ex jugadores, o aquella noche gloriosa en ese mismo torneo, cuando recorrimos Río de Janeiro por la noche y durante una hora y media para poder llegar a tiempo al programa “De Zurda” que se transmitía por Telesur con la conducción de Víctor Hugo Morales y Diego Maradona, quien tomó un ejemplar de “Jornada” y lo mostró a todo el continente latinoamericano.

Hemos recorrido mucho y hemos vivido mucho también. Desde los fabulosos trenes que recorrieron toda Alemania con salida en Nüremberg, la ciudad del famoso juicio a los nazis, en el calor de 2006, o los de un día de viaje por Rusia, leyendo en el camino “Guerra y Paz”, de León Tolstoi ya sea hacia Nizhny Novgorod, Kazán o San Petersburgo, o los autobuses entre San Pablo y Rio de Janeiro en Brasil 2014.

Pasamos momentos increíbles, a pura risa y con amigos, o tratando con las estrellas más reconocidas del fútbol mundial, y también de los complicados, como cuando nos dimos cuenta en Belo Horizonte, que dos días después, en ese mismo lugar, y aún acreditados, no podríamos presenciar la semifinal entre Brasil y Alemania porque ese mismo día era la previa del Argentina-Holanda en San Pablo y nuestra profesión nos exigía estar allí, por lo que observamos por televisión aquel histórico 7-1.

Fuimos testigos de la dificultad de José Pekerman para compatibilizar tres generaciones de futbolistas en Alemania 2006 y de su silencio, que sería eterno, sobre por qué no entró Lionel Messi ante Alemania en aquel fatídico encuentro de cuartos de final, como también lo fuimos del desorden que rodeaba al equipo de Diego Maradona en Sudáfrica 2010, o de la caballerosidad de Alejandro Sabella en Brasil 2014 o del caos reinante en la Selección durante Rusia 2018.

Estábamos allí en 2004 cuando parecía que por fin Argentina era campeona de América en Lima y sobre la hora llegó el impensado gol del “emperador” Adriano para Brasil, o en Venezuela 2007, cuando nos ilusionamos con aquel equipo del “Coco” Basile, que llegó a la final como el mejor del torneo y terminó perdiendo la final otra vez ante Brasil por 3-0,  y también de la dura eliminación del conjunto de Sergio Batista por penales ante Uruguay en la cancha de Colón de Santa Fe en 2011.

Ya en 2015 nos tocó disfrutar de la compañía de Roberto Suárez hijo en La Serena, y luego en Viña del Mar con el recordado Daniel Azcona, que nos dejó muy pronto, para volver a encontrar esos rostros de la derrota en la final por penales ante los eufóricos locales en Santiago, y la amargura de sentirse despojados en aquella semifinal ante Brasil de 2019 cuando no actuó el VAR en dos oportunidades y Jair Bolsonaro aprovechó el entretiempo de aquella semifinal en el Mineirao para pasearse ante las tribunas y sacar rédito político como pocas veces hemos visto.

Cada una de esas vivencias son para atesorar, para guardar en nuestro cofre interior, para recordar y para que toda esa experiencia nos siga dando herramientas para crecer, para mejorar, para que ustedes sientan también que están allí, con nosotros, en los Mundiales, en las Copas América, siguiendo por el mundo a la selección argentina, en los congresos mundiales de la FIFA, en los acontecimientos que nos quedan grabados en nuestra memoria.

Por eso ahora apuntamos al Mundial de Qatar, a donde “Jornada” volverá a estar, como en estos diecinueve años, con un grupo de periodistas que hurgará hasta el más mínimo detalle para contarles todo, aunque en el camino nos vacíen cuentas bancarias, nos dejen de a pie en la noche fría de un estadio aislado, o nos pongamos eufóricos por encontrar un objeto que dábamos por perdido, aquellas pequeñas cosas que se esconden detrás de un artículo.

Es lógico, entonces, que aquel chofer sudafricano nos pidiera que no nos peleáramos, que somos una familia, porque lo pudo percibir en aquellos días, por la manera intensa con que nos tomamos el trabajo, por cómo lo sentimos y porque es la pura verdad.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.