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La mano izquierda de Ancelotti

Con otro resonante triunfo del Girona ante el Barcelona, con el mismo 4-2 de la primera rueda, y la confirmación de su histórica clasificación a la próxima UEFA Champions League, el Real Madrid consiguió, matemáticamente, el título 36 de Liga Española, al que contribuyó con su éxito como local, y con un equipo de suplentes, ante el Cádiz de Mauricio Pellegrino por 3-0.

04/05/2024 22:23
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Por Sergio Levinsky, desde Barcelona

Sin embargo, a pocos días del partido decisivo de semifinales de Champions ante el Bayern Munich, con el que empató 2-2 en la ida en Alemania, nadie esperaba grandes fiestas ni la habitual convocatoria a los hinchas para ir a festejar a Las Cibeles, como es costumbre, para no desconcentrar al equipo. El entrenador, el italiano Carlo Ancelotti, prefiere siempre el perfil bajo.

No cabe esperar de Ancelotti frases grandilocuentes. A veces, algunos periodistas que concurren habitualmente a sus conferencias de prensa -en las que bromea, halaga a los colegas rivales y hasta los justifica a veces más de la cuenta- deducen su estado de ánimo por cómo levanta una de sus cejas más que la otra, al mejor estilo James Bond.

Ancelotti sabe más por sabio que por viejo. Hasta llegó a decir, días pasados, que entre los técnicos que llenan la cabeza de conceptos a sus jugadores y los que no les dicen nada, se coloca más cerca de éstos últimos, pero pocos le creyeron. Las estrategias utilizadas como visitante en los partidos de esta Champions lo corroboran.

A los 64 años, Ancelotti, que ganó ligas en cinco países distintos (España, Francia, Inglaterra, Alemania e Italia) aprendió a decir lo justo y necesario, lo oportuno, pero sin tener que atosigar a sus dirigidos, y aún así, es uno de los máximos vencedores de la historia del fútbol, con un palmarés envidiable.

Nunca necesitó muchas palabras. Como jugador, fue siempre un volante cerebral que resultó fundamental para sostener aquel maravilloso Milan de Arrigo Sacchi que arrasó en Europa con un sistema imposible de soportar para los rivales, y con Franco Baresi y los holandeses Frank Rikjaard, Ruud Gullit y Marco Van Basten, hasta que terminó como ayudante de campo de su exDT. Allí aprendió lo básico como para lanzarse a ser entrenador, pero luego se fue forjando en los distintos equipos que tuvo a cargo.

Este periodista le llegó a preguntar a Ancelotti en Japón, en la previa de la Copa Intercontinental que el Milan jugó ante el Boca de Carlos Bianchi en 2003, cómo podía ser que un jugador de la talla de Fernando Redondo no formara parte del equipo titular en un partido de semejante trascendencia y la respuesta llegó con una simpleza implacable: “C’e Pirlo” (En ese lugar, está Andrea Pirlo).

Por esos años, Ancelotti recibió un par de golpes duros que lo fueron curtiendo como entrenador. Uno fue esa misma noche japonesa de 2003, cuando Boca le ganó por penales al Milan. La otra fue bastante más amarga, cuando perdió la final de la Champions en Estambul ante el Liverpool, en 2005, luego de irse al descanso con un 3-0 a favor, siempre dirigiendo al Milan.

Se llegó a decir que en el vestuario “Red” se escuchó cómo se brindaba con champagne desde el otro lado, y los jugadores y el entrenador Rafa Benítez, que componían el llamado “Spanish Liverpool” se juramentaron dar vuelta el resultado. El partido terminó 3-3 y los ingleses ganaron por penales y se quedaron con la Copa.

Ancelotti entendió que lo mejor es no hablar de más ni festejar antes de tiempo. La revancha le llegó muy pronto: en 2007, apenas dos años más tarde, cuando volvió a llegar a la final de la Champions y su rival fue otra vez el Liverpool, esta vez en Atenas, y esta vez, el Milan no falló. Por si faltaba poco, esperaba otra vez Boca, aunque ahora en el Mundial de Clubes (y sin Juan Román Riquelme, que no había sido habilitado por la FIFA). Los italianos vencieron por 4-2 con un triplete del brasileño Kaká, que desde tierras niponas viajó directamente a la gala del Balón de Oro, que recibió como mejor jugador del mundo de ese año.

Siempre con su hijo Davide como asistente y rodeado de un cuerpo técnico italiano, los hinchas del Real Madrid ya consideran que no hay entrenador más hecho para el Real Madrid que Ancelotti, que entendió desde siempre el talante del club y de su afición, y qué tipo de juego se prefiere.

Los jugadores suelen estar contentos con sus decisiones, aunque muchos de ellos no consigan ser titulares y en estos años de su segunda etapa en el club (la primera fue entre 2013 y 2015 y la actual se inició en 2021) casi que no se recuerdan conflictos importantes.

Intercedió ante Vinicius Junior cuando quedó en el ojo de la tormenta por muchas discusiones con jugadores o hinchadas rivales por asuntos relacionados con el racismo, y tuvo que convencer al croata Luka Modric de que esta temporada tendría menos minutos ante la llegada de un volante más joven como el inglés Jules Bellingham.

Va por su quinta Champions y por la decimoquinta del Real Madrid, y conoce bien al Bayern y al PSG -dos de los tres semifinalistas del torneo europeo, donde ganó ligas nacionales y en el caso de los alemanes, dos Supercopas. Lleva ya 16 títulos nacionales y 12 internacionales, lo que lo transforma en indiscutible.

Expresa lo justo y necesario. Puede bromear, pero si no quiere decir algo, simplemente dirá, casi en tono condescendiente “eso no te lo voy a decir” y se acabó. No suele jugar al misterio y puede terminar esta temporada con tres de los cuatro títulos en juego (Supercopa de España, Liga Española y UEFA Champions League).

Pudo haberse ido a dirigir a la selección de Brasil, como pretendía la CBF, que entendió que como ya tuvo en sus equipos a Eder Militao, Casemiro, Richarlison, Vinicius Jr y Rodrygo, y con su mentalidad ganadora, podía cambiar el chip de los últimos años. Incluso, estuvieron dispuesto a esperarlo hasta el inicio de la próxima temporada, en julio. Sin embargo, la renovación de contrato con el Real Madrid, a partir de los buenos resultados, acabó con la ilusión.

Ancelotti suele decir que dirigir al Real Madrid es lo máximo y que luego ya se ve jubilado. No sería extraño que lo cumpla ni tampoco, que el club blanco tarde en encontrar, cuando se vaya, un director técnico tan a su medida.

 

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.

 

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