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La decisión de Mbappé

“Presidente, le comunico que me voy a quedar en el PSG”, “Que te vaya bien”.  Así, con ese lacónico diálogo por whatsapp, Kylian Mbappé, tal vez hoy el mejor jugador del mundo, le comunicó al poderoso empresario Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y quien contrató en su gestión a los mejores futbolistas del planeta, que se acababa el culebrón del fin de temporada en Europa y que esta vez, había ganado el dinero sobre la ilusión, las presiones políticas sobre su ambición de ponerse la camiseta del equipo del que era hincha desde pequeño. La respuesta, con un dejo de ironía, también fue muy corta, más bien cortante.

21/05/2022 22:10

Por Sergio Levinsky, desde Barcelona

Con 23 años cumplidos el pasado 20 de diciembre, Mbappe ya fue campeón del mundo con la selección francesa en Rusia 2018 (el equipo argentino lo padeció en los octavos de final), y había determinado comunicar su decisión, en la puja desde hace por lo menos dos años entre el PSG y el Real Madrid por contar con él en el futuro –su contrato con los franceses de la capital finalizaba el 30 de junio-, al mejor estilo de los grandes anuncios de mundo: en un programa clásico de TV relacionado con el deporte llamado “Telefoot 1” el domingo a la mañana, al día siguiente del último partido de la temporada de su equipo, el Paris Saint Germain (ya campeón de la Ligue 1) contra el Metz.

Sin embargo, ya nadie podía aguantar. Si bien sólo su entorno sabía su decisión final, sus madre trató de aguantar y salió a decir en los medios que “ya todo terminó” y que su hijo “ya arregló con los dos”, que significaba algo así como que ya lo dos clubes saben qué determinación tomó, y la prensa iba recogiendo cada mirada, interpretando cada frase, cada gesto, cada tono de la palabra de los protagonistas.

Pocas veces las expectativas fueron tan altas, en muy buena parte por los quilates del jugador, por la clase de equipos que lo pretendían, por el enfrentamiento entre ellos no sólo en lo deportivo sino también como modelo de instituciones, porque representan estilos diversos (aunque no totalmente opuestos, como se hace creer), pero también porque estamos viviendo una era mediática de un alcance total y de una inmediatez sorprendente, en la que el fútbol, como fenómeno de masas, se mueve como pez en el agua.

Mbappé no es el primero ni será el último. Hace poco menos de un año, el mundo del fútbol vivió un espectáculo aún más actuado que éste, cuando Lionel Messi (hoy compañero del joven en cuestión) lloró desgarradoramente en su obligada despedida del Fútbol Club Barcelona después de mantener en vilo a millones de fans sobre si renovaba o se marchaba, y antes del Mundial de Rusia fue otro francés, Antoine Griezmann, el que grabó un video (producido por Gerard Piqué) que se dio en llamar “La Decisión”, y del que se esperaba con ansiedad (multiplicada por los medios de Madrid y Barcelona) si se quedaba en el Atlético Madrid del “Cholo” Diego Simeone o, como parecía cantado, o se iba al Barcelona de Messi. E inesperadamente se quedó una temporada más, generando bronca en los pesos pesados del plantel azulgrana, que al otro año ya no lo recibieron de la mejor manera y terminó de regreso al Wanda Metropolitano.

Hace poco tiempo, Jorge Valdano le decía a este escriba, en un encuentro en Madrid, que estaba sorprendido por la madurez de un chico como Mbappe, que a sus 23 años responde “como un veterano”, tiene una tranquilidad absoluta en sus movimientos, además de hablar un perfecto castellano, y tiene absolutamente los pies en la tierra.

No podía ser de otra manera. Mbappe va muy acelerado por la vida porque eso es lo que conlleva hoy ser una estrella de ese nivel y en un equipo y una selección top, pero lo que este muchacho experimentó en estos meses de puja, las presiones que tuvo que sobrellevar, el dinero que vio correr a su alrededor, las promesas que escuchó, no son para cualquiera.

En estos meses de puja, tuvo que sentarse con quien fichó a lo largo de su presidencia madridista nada menos que a Luis Figo, Ronaldo Nazario, Zinedine Zidane, David Beckham, Luka Modric, Gareth Bale o Eden Hazard,  y quien trajo como entrenador a José Mourinho, pero al mismo tiempo, recibió llamados del presidente de gobierno francés, Emmanuel Macron, en los que se le dijo que lo pensara bien, que él era una de las más potentes imágenes de Francia y que se quedara, o un jeque qatarí, ya en los últimos días, le entregó un cheque y le dijo que pusiera, de verdad, lo que quisiera para quedarse (se habla de 300 millones de euros a su bolsillo por el pase y 100 anuales de prima hasta 2025).

Mbappe fue subyugado con invitaciones a los mejores restaurantes de Madrid, tratado de convencer por los mejores ex jugadores blancos, por pasajes y estadías para él y su familia a los hoteles más lujosos de Qatar y hasta se le prometió que casi todo lo que se hiciera desde la próxima temporada en el PSG (incluido el nuevo entrenador que reemplace al argentino Mauricio Pohettino y que podría ser Zidane) pasaría primero por su pulgar arriba o abajo.

El potente y veloz delantero del PSG, en plena puja por sus servicios, pudo marcarle goles al Real Madrid por la Champions pero al final, en el Santiago Bernabeu, terminó sintiendo en cuerpo y alma una de las tantas remontadas del año de los blancos, que lo dejó afuera del torneo demasiado pronto y cuando ya saboreaba el pase a cuarto de final. Allí se pensó que si lo deportivo primaba sobre lo económico, y el hambre de gloria era más fuerte que cualquier oferta, era el momento para decidir un cambio.

En aquella misma jornada de la eliminación parisina en el Bernabeu, pero en horas del mediodía, a las dos juntas directivas no les quedó más remedio que encontrase protocolarmente para almorzar, aunque estén enfrentadas en sus proyectos (Nasser Al Khalaiffi se lleva de maravillas con la UEFA y se opone a la nueva Superliga europea que busca elitizar el fútbol de equipos mientras Pérez es uno de sus agitadores) y también, desde Real Madrid, hacen suponer que en sus filosofías, al citar que los parisinos reciben  doping financiero al ser apoyados directamente por fondo solapados estatales qataríes, aunque no explican todos los apoyos estatales españoles, aunque no lleguen al punto de sus colegas del PSG.

Y por si fuera poco, una vez conocida la decisión final de Mbappé, que no se pudo aguantar hasta el domingo y la volcó el mismo sábado de la despedida d la temporada del PSG, apareció el presidente de la Liga de Fútbol profesional (LFP) español, Javier Tebas, a decir que denunciará a PSG ante la UEFA y que la renovación del delantero hasta 2025 es “un insulto al fútbol” porque “no se sabe de dónde saca el dinero cuando después da pérdidas por 700 millones de euros en las últimas temporadas”.

Hasta Messi, uno de los cinco mejores jugadores de todos los tiempos, queda opacado por Mbappe en el PSG, mientras en Cataluña el frustrado pase del francés al Real Madrid es tomado casi como una fiesta que alcanza a tapar aunque sea un poco el mal trago de esta temporada al menos hasta el sábado que viene cuando, justo en París, los blancos se juegan la Champions ante el Liverpool.

Por el otro lado, en la capital española se toma su rechazo al Real Madrid como alta traición y como una gran frustración por parte de quienes no están acostumbrados a un “no”.

Como para que la decisión de Mbappé no impactara como lo hizo. Que le vaya bien.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.